Diaven, artista, piloto y actor cubano

Diaven Molina Valera es pintor, actor, piloto, paracaidista y dramaturgo. Piensa que en el arte no hay fronteras, todo es conexión. “Empecé a pintar por necesidad. Pienso que todos los niños lo hacen. En mi mentalidad de niño me atraían los autos, aviones, barcos, todas las cosas de la tecnología del mundo real”, nos dice en su entrevista con HT:

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Salir del infierno

No parece haber sido marinero, es demasiado corpulento, su gracilidad parece haberse sumergido en el mar, como todos aquellos sentimientos que albergaba en su juventud. José Manuel tiene ahora cuarenta y dos años, vive en la calle Campanario de Centro Habana, pero esas campanas han dejado de sonar para él.

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Un edificio de lujo hecho desastre

Como una gran mole que intenta desafiar los fuertes vientos y las borrascas marinas, se alza el edificio Riomar, situado en la calle 1era entre Cero y A, del reparto Miramar. Una construcción que data de los 50s del pasado siglo. Actualmente es ocupado por unas pocas familias cubanas, entre ellas, la vecina Elsa Torres Camacho.

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Los árboles estorban

Tanto que se predica el cuidado al medio ambiente, a través de mensajes publicitarios en la televisión y otros medios, de no dañarlo…, y en estos días presencié un suceso muy desagradable. Dicho suceso ocurrió en los bajos de mi edificio, en un artículo anterior hablé de un parqueo que pertenece al CIMEX.

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Adicción al trabajo o necesidad

A las cinco y treinta de la mañana, escucho la casi obsoleta podadora de hierba con aquel sonido seco y estruendoso que no me deja dormir. Al principio experimento irritación, fastidio, porque ni siquiera el sábado puedo reposar unas horas de más (entre semana me levanto muy temprano para alistar a mi hijo (está en la secundaria), para que llegué a tiempo a su escuela.

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¡Ya llegó el pollo! Como el grito del vigía

Como el grito frenético del vigía en la caseta del mástil: ¡Tierra! Como la exclamación enardecida de cualquier vigilante en una atalaya, así es el aviso de algunos viejitos en los barrios, para avisar a los demás que llegó el pollo. Sin duda alguna, más allá de lo que digan las estadísticas de la FAO, quizás no haya literalmente hambre en Cuba, pero sí somos un pueblo subalimentado. El hábito de andar con jabitas de nylon en los bolsillos para ver qué aparece de comer y llevarlo a casa, se ha convertido en una compulsión.

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