Preparándome para lo que viene, pero enfocado en el cambio

Por Osmel Ramírez Alvarez

HAVANA TIMES – ¡La cosa está mala! –es “una frase común, que suena muy diferente…” cuando la padece uno mismo y la gente que te rodea y quieres.

Parafraseo una canción muy popular de un intérprete mexicano, porque realmente lo estamos sufriendo en la vida cotidiana cubana. Son ya muchas décadas de vicisitudes que llevamos sobre nuestros hombros y años de crisis profunda, en los que encontrar lo mínimo para sostenerse es una odisea.

Así se nos presenta ‘la coyuntura’, esta versión moderna del Periodo Espacial crítico de Fidel Castro. Él fue el líder histórico e ideólogo del desastre nacional que todavía continúan llamando ‘revolución’. Pero no se sabe qué cosa revoluciona más allá de los continuos fracasos y refracasos.

Decir lo que nos falta sería muy largo: no hay nada de nada y lo que aparece es por las nubes. La inflación, a poco más de un mes de iniciada la Tarea Ordenamiento (reformas económicas), ha disminuido el valor real de los nuevos salarios con respecto a los anteriores, destruyendo toda expectativa inicial, toda fantasía de mejoría.

Mi padre, por ejemplo, ganaba 300 pesos de jubilación y era muy poco, una miseria la verdad. Pero le alcanzaba para comprar 50 libras de azúcar crudo que estaba hasta hace un año por la libre en el mercado o en la calle.  Ahora cobra 1500 pesos y solo puede comprar 30 libras, porque cuando aparece, cuesta 50 pesos cada libra.

Es decir, su pensión subió cinco veces, pero el precio del azúcar subió más de ocho veces. Y así la mayoría de los productos de primera necesidad. Es decir, perdió capacidad de compra por alrededor del 40%.

A tal punto hemos llegado que, por primera vez, los cubanos nos estamos planteando vivir todo el mes con los alimentos de racionamiento, que se sabe que en una situación normal solo alcanzan para máximo diez días.

Pero esta no es una situación normal, es de supervivencia, porque el país está en quiebra. La Isla fue sorprendida por la pandemia con muy baja eficiencia y eficacia productiva, dependiente del turismo y las remesas.

En este contexto me siento hasta privilegiado por tener una parcela de tierra, la misma que nos salvó de un hambre mayor en los 90.

He dedicado una parte de la hectárea de mi padre al autoconsumo familiar. Ya tengo yucas, calabazas, plátanos en crecimiento, guineos (plátano fruta), quimbombó, ajíes, ajos y frijoles. Todo es en pequeña proporción, pero será un alivio.

Gracias a un pozo que hicieron mis antepasados puedo regarlos con una bomba de agua. Es la misma que puse hace un tiempo atrás para garantizar que no me falte el líquido en casa, ya que el servicio público es muy inestable, pues tiene una asignación de gasto eléctrico muy reducido, con frecuentes salideros, y nunca alcanza.

El pozo tuve que guarecerlo con una caseta de hierros y tela metálica para evitar que me roben la bomba o hasta el interruptor eléctrico. Porque es así, cuando hay crisis más aguda, existen más posibilidades de robo. Todo se vuelve más valioso y los valores morales de mucha gente se quiebran. Parece inevitable.

No queda de otra que reinventarnos para pasar esta tempestad con ráfagas más fuertes que de costumbre. Porque no se avizora mejoría con el sistema actual. A todas vistas es tan incapacitado de progreso como capacitado para sostenerse por la fuerza.

Pero en medio del agobiante día a día soplan aires de aperturas en las relaciones con EUA. La pandemia podría ir menguando en el próximo verano con la vacunación progresiva, y el turismo volver a oxigenar la economía nacional. Es como la tabla que se mece entre las olas luego del naufragio o la visión de un oasis en medio del desierto.

Pero más que un evento externo que nos dé un respiro, lo que necesitamos son cambios sustanciales hacia más democracia y soberanía popular. Más estado de derecho y más derechos humanos, sociales y económicos.

Ya se abren espacios de lucha, caminos de diálogo y condicionamientos lógicos para esos cambios añorados e imprescindibles para los cubanos, todos a favor de más derechos. Y ese es el camino. Procurar sobrevivir y a la vez empujar hacia el cambio que Cuba necesita. No hay de otra.

Lea más del diario de Osmel Ramírez aquí en Havana Times.

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.


3 thoughts on “Preparándome para lo que viene, pero enfocado en el cambio

  • el 22 febrero, 2021 a las 6:31 pm
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    Al menos tu recogerás tu cosecha y tendrás comida un tiempo, ni organopónicos hay aqui en Miramar donde vivo, tengo que ir al Vedado a buscar vegetales y viandas. Cuida tu huerto, espero que tengas varios perro guardianes. Los precios inflados no permite que alcancen los salarios.

  • el 16 febrero, 2021 a las 6:26 pm
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    Exactamente, es abominable la miseria que vivimos. Nada lo justifica.

  • el 15 febrero, 2021 a las 11:39 pm
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    Eres afortunado de tener un pedazo de tierra, y ojalá que no te roben la cosecha. Cuando se normalice el turismo y las remesas el gobierno tendrá un respiro en su objetivo de mantenerse en el poder a costa del sufrimiento del pueblo. No hay ideología ni orgullo que justifique tanta pobreza.

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