Día de cobro en La Habana

Esperando cobrar en un cajero. Foto: Yander Zamora

HAVANA TIMES – Hoy es día catorce. Desde el día primero ya estaban activadas por el sistema bancario las tarjetas magnéticas para los cobros, haciendo disponible el salario correspondiente a este mes por medio de una visita un cajero automático.

Como yo, muchas personas “trabajan a distancia”, término para referir la actividad de efectuar en casa las labores por las que generamos un salario y que resulta ser un procedimiento que se hizo popular durante y después de la pandemia de la Covid-19. Una vez pasada la misma, tal figura ha venido a mostrar el beneficio de su extensión y establecimiento como un medio no de superar, ya que esta voz me parece demasiado optimista, pero sí de asumir con conveniencias, la situación de crisis económica que ocurre en Cuba y que no es un secreto para nadie.

El asunto no tendría trascendencia si existieran las condiciones mínimas y lógicas para lograr el efecto deseado.

La realidad es que no existe la cantidad suficiente de cajeros automáticos para la demanda que presupone toda la población de trabajadores a cobrar. Con todo y que no todos cobren el mismo día, con todo y que los cajeros estén disponibles las veinticuatro horas del día, con todo y que uno pueda tener algunos ahorros u otras entradas con las que pueda esperar para cobrar, con todo y que uno pueda entrar al banco a cobrar en caja y no hacer uso del cajero, con todo y que pueda efectuar muchas compras sin usar dinero en efectivo, valiéndose de los mecanismos de transferencia bancaria por medio de la telefonía móvil.

Parecen muchos recursos y que nuestro estado de tecnología sea una maravilla. Pero qué pena. No es tan así.

La exigua cantidad de cajeros que ya de por sí genera enormes colas, filas, aglomeraciones de personas o como se llame… y que, en muchos casos, se realizan con permanencias durante horas, ocurren bajo el “perro sol de nuestro eterno verano” para decirlo en términos de marketing turístico. Esta exigua cantidad de cajeros se ve saboteada porque, algunos (que a veces son muchos) están rotos, se les acaba el dinero o sencillamente llueve, o más sencillamente todavía ¡Fuácata! Se va la luz. Digamos, para que no se diga que uno es exagerado “un par de tres horas”.

Uno puede pensar que elegir la variante de cobrar directo en caja va a resultar más rápido. Pues… nada de eso. Por lo regular sólo hay trabajando una sola caja, aunque haya varias ventanillas vacías.  A la entrada del banco, la mayoría de los usuarios llega y marca turno en las dos filas: la de los cajeros automáticos afuera y la de la caja dentro del banco, pero la población de interesados no mengua.

Es de notar la enorme cantidad de personas de la llamada tercera edad que asisten a estos maratones. Estas personas por lo regular sufren enfermedades crónicas lo cual significa que no pueden estar mucho tiempo de pie, tienen que ir al baño a orinar con frecuencia o estar de pie y bajo el sol, aunque tengan paraguas o sombrillas, constituye para ellas algo así como una tortura.

Si uno no fuera inteligente, pudiera pensar que todo pertenece a un diseño cuyo propósito fuera hacer pasar trabajo a la gente. Pero ¿a quién en su sano juicio pudiera ocurrírsele semejante idea? Pues no se lo crea. Muchos lo piensan. Y hasta lo dicen.

Y, bueno, hoy es día catorce y yo, por estas y otras causas, no he logrado cobrar todavía. ¿Cuáles? Te cuento, vendo mi cuota de cigarrillos. Como mi hijo se encuentra registrado en la Libreta de Abastecimientos correspondiente a mi núcleo familiar, compro también la cuota de todo lo poco que “le toca”.

De modo que, es como si tuviera dos Libretas a los efectos de los cigarrillos, y los alimentos. No es así con el aceite pues se adjudica por núcleo domiciliario y no por persona. Como apenas consumo aceites extraídos en caliente, vendo el recipiente, una botella plástica parecida a aquellas donde se expenden refrescos. Me cuesta cuarenta pesos, pero puede ser vendido cómodamente en mil y las ocho cajas de cigarros de la cuota me cuestan cuatrocientos pesos, pero las vendo en ochocientos con extrema facilidad. Amén de que pueda realizar algún que otro trabajito extra hasta tanto logre cobrar.

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Eduardo N. Cordovi

Nací y vivo en Lawton, La Habana, el 29 de octubre de 1950. Ceramista, pintor y tallas en madera. He publicado en diarios y revistas del país y en la revista peruana de circulación continental Menú Journal. La Editorial Oriente publicó en 1989 mi libro, Bebidas notables, publicado también por loslibrosdigitales.com junto con mi novela Conspiración en La Habana.

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One thought on “Día de cobro en La Habana

  • Aquí retratas el descalabro de un país que no tiene las condiciones de la mal llamada bancarizacion. Otro disparate de marca mayor. El dinero en efectivo lo tienen los particulares. Cada invento es cada vez peor para el ciudadano de a pie.

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