Visiones del Poder: revisitando la Revolución Cubana

Armando Chaguaceda

visions-of-powerHAVANA TIMES — No todos los días uno disfruta un libro que reúne la amenidad narrativa, el rigor académico y la incitación a repensar los fundamentos mismos de la historia y cultura políticas  de la Revolución Cubana.

Pero con el más reciente libro de la colega Lillan Guerra* uno encuentra estos tres elementos fundidos en una única y magistral pieza de prosa histórica y sociológica. De esas que te atrapan y no te sueltan, llevándote por sus páginas a un viaje donde las coyunturas críticas, los giros ideológicos y las oportunidades perdidas se suceden, como en un caleidoscopio.

A través de sus más de 400 páginas, con profuso empleo de fotos, informaciones y testimonios recopilados en largas horas de pesquisa en archivos de la Habana, Miami y otras ciudades del hemisferio, Lillan nos regala una reconstrucción histórica del proceso revolucionario cubano.

Y lo hace en una perspectiva que recupera la mirada de los subalternos, las (micro) historias ocultas, los disensos silenciados por las narrativas hegemónicas del régimen cubano y el exilio histórico.

Para presentarnos a la Revolución de 1959 como un desafío a las relaciones tradicionalmente establecidas entre Cuba y EEUU – caracterizadas por la dependencia de la primera y la injerencia del segundo- , desafío soportado por el involucramiento de masas en la construcción de un poder nacionalista y su correspondiente narrativa.

Poder que, en pocos años y al calor de una radical confrontación entre cubanos, acotó los alcances de la liberación colectiva y derechos individuales, estableciendo el control estatal sobre la población, el desmontaje de la sociedad civil y la censura mediática y cultural.

La autora rastrea los subsuelos de ese “nuevo” edificio totalitario, para hallar algunos de sus cimientos en ciertos elementos de la etapa republicana.

Entre los que destaca la existencia de una cultura política mayoritaria de carácter nacionalista y antimperialista -ubicada a la centroizquierda del espectro ideológico- la cual se confrontaba con una tradición de corrupción administrativa y de atentados a la democracia en la forma de dictaduras de derecha (Machado, Batista) apoyadas por los EEUU.

Nacionalismo que sirvió como ingrediente para una estrategia gubernamental pletórica de apelaciones al sacrificio, la batalla, la intransigencia. Y para el acorralamiento intolerante a cualquier forma de disenso dentro de las filas de la Revolución, amenazada (en los hechos y en los mitos) por fuerzas poderosas (exiliados, EEUU) ubicadas a escasos kilómetros de las fronteras isleñas.

Lillian Guerra
Lillian Guerra

Sin embargo, pese a su honesto carácter progresista (o, precisamente, por ese mismo carácter) el enfoque de Guerra no es en absoluto complaciente con el liderazgo y gobierno cubanos.

A despecho de las “otras Revoluciones posibles” que el triunfo de 1959 abrió y la deriva autoritaria ocluyó, la autora destaca, con particular claridad, las acciones estatales destinadas a limitar, simultáneamente y desde fecha temprana, la independencia económica y la autonomía política de los ciudadanos, incluso –insisto en este particular, como la propia Lillan- la de sus adherentes.

Revelando la ambición de poder y el miedo al cambio como actitudes que guían, paradigmáticamente, el accionar del liderazgo cubano, desde el caudillesco y carismático Fidel hasta sus más insulzos ejecutantes.

No obstante, con uso de recursos etnográficos y análisis documental, la colega reconoce que el abrumador apoyo popular que el proceso y sus dirigentes obtuvieron  no se basó solo en un asentimiento mecánico.

Ya que incluyó también  diversas formas de resistencia y negociación, desde las coordenadas del género, la sexualidad, la cultura, la raza y la política. Prácticas e ideas que forjaron, a escala micro, verdaderas contranarrativas de la Revolución, suceptibles de operar como reservas de experiencias para una renovación, cada vez mas necesaria, de la izquierda cubana.

La imposibilidad de resumir una obra tan rica como esta solo debiera inducirnos a buscarla, leerla y discutirla, como merece uno de los mejores aportes a la historiografía reciente (y crítica) de la Revolución cubana.

Quienes insistimos en la deseabilidad de una Cuba postotalitaria y postneoliberal encontramos en el libro incitaciones a recuperar la memoria y preservar la esperanza democrática.

Pues a fin de cuentas, nuestro anhelo es el mismo de la autora, cuando profetiza: “One day, cubans will find this truth just as they will overcome both the injustice of a hipocritical goverment and the intolerably recalcitrant policies of an ever-imperialist, ever short-sighted United States”.
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(*) Lillan Guerra “Visions of Power in Cuba. Revolution, Redemption and Resistence 1959-1971”, The University of North Carolina Press, 2012.

Armando Chaguaceda

Armando Chaguaceda: Mi currículo vitae me presenta como historiador y cientista político.....soy de una generación inclasificable, que recogió los logros, frustraciones y promesas de la Revolución Cubana...y que hoy resiste en la isla o se abre camino por mil sitios de este mundo, tratando de seguir siendo humanos sin morir en el intento.


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