El boxeo tiene que ser atractivo

Yusimí Rodríguez

HAVANA TIMES, 11 junio — La semana pasada escuché en el televisor la noticia de que se está analizando la posibilidad de eliminar el casco protector de los boxeadores para los Juegos Olímpicos de Londres 2012… para hacer el evento más atractivo. Y es justo, los espectadores de las olimpiadas pagan para disfrutar de un buen espectáculo. Ver a dos personas golpearse, con riesgo de producirse daños permanentes, parece ser un buen espectáculo. La misión principal del deporte (y de los deportistas) es entretener.

Me encantaba el boxeo precisamente porque me entretenía. Aun recuerdo la primera vez que vi a Teófilo Stevenson noquear a un contrincante, era un norteamericano negro y ninguno de los dos llevaba el protector de cabeza. Su uso aún no era reglamentario en el boxeo amateur. No recuerdo el año ni el evento, pero sí el golpe. No tendría más de cuatro o cinco años, pero lo tengo claro en mi cabeza. Confieso que mi memoria, aunque buena, ha recibido ayuda. A lo largo de los años he visto en la televisión cubana ese momento del combate cuando Stevenson propina el golpe y el norteamericano cae.

Después me acostumbré a ver Felix Savón, que también pegaba bien duro y noqueaba. Sus peleas me gustaban porque casi nunca llegaban al último asalto. Cuando él o cualquier púgil de nuestro país llegaba al round final sin una ventaja clara, nuestros narradores deportivos decían que debía salir a forzar la pelea, o más claramente, buscar un golpe que definiera las acciones. Esperaba ese golpe salvador en vilo. Ver a un boxeador nuestro descargar un golpe demoledor del que el otro púgil no pudiera recuperarse era sencillamente lo máximo.

Con el tiempo me di cuenta de que no se trataba del patriotismo de ver ganar a los míos, sino del boxeo en sí. De ver los golpes, el knock out, gente que caía sobre la lona y no lograba levantarse. O lo lograban y caían de nuevo. Me gustaban las películas de boxeo, esas famosas de Rocky, Toro Salvaje. Hace poco vi “The fighter.” con Mark Wahlberg y Christian Bale.

Lo que tienen en común todas estas películas es que el protagonista al final debe enfrentar a un oponente superior, tal vez más joven, en mejores condiciones físicas, favorito para ganar. Y de hecho el protagonista recibe una paliza, está sangrando, hecho leña, pero no abandona la pelea. Sigue aguantando golpes como un mártir y a una le da lástima. Cuando parece que se va a desmayar o a soltar un ojo, el protagonista saca un derechazo o un izquierdazo de debajo de la manga y deja al contrario sembrado en la lona. Y a una no le da lástima. Ese es el momento de la película que hemos esperado todo el tiempo.

Sí, me encantaba el boxeo. Hasta el 2004, cuando la vi “One million dollar girl.” La protagonista termina parapléjica. A causa de la gangrena hay que amputarle las extremidades. Lo más triste es que no sufre por el hecho de que no podrá volver a caminar, casarse tal vez y tener hijos, o simplemente valerse por sí misma. Lo que lamenta es que no podrá volver a boxear, porque gracias al boxeo se convirtió en “alguien.”

En ese momento hice un flash back mental y recordé al entrenador (Clint Eastwood) gritándole, en un combate anterior, que le pegara a su oponente “por las tetas.” una de las zonas más vulnerables de una mujer. Porque de lo que se trata en el boxeo es de hacer daño. Usted no puede ganar un combate, no puede alcanzar el éxito en ese deporte, si no está dispuesto a provocar el mayor daño posible, y a recibirlo.

Y nosotros, seres humanos civilizados del siglo XXI, tan alejados de las prácticas de los coliseos romanos, donde los gladiadores se enfrentaban entre sí (o a otras bestias) por sus vidas, seguimos disfrutando ver a dos personas golpearse.

Ahí decidí dejar de ver boxeo. Me empezó a asustar el hecho de haber disfrutado durante tanto tiempo, desde que era una niña, ver a dos seres humanos propinándose golpes para demostrar que uno es mejor que el otro. Un amigo me dijo que era una exageración de mi parte comparar el boxeo de la era moderna con las peleas de gladiadores. Aquellos peleaban por sus vidas y podían quedar en la arena.

En las peleas de boxeo, una sabe que al final ambos contendientes estarán vivos, puede que uno salga en camilla, pero está vivo. Todavía no se le ha dado al público la potestad de decidir el destino de los boxeadores con su dedo pulgar. Nadie sube al ring para pelear por su vida.

Pelean para salir de la miseria, da la mediocridad, alcanzar algún tipo de éxito, tener dinero, carro, casa de lujo, reconocimiento, fans, ser “alguien”… o sea, por sus vidas. Mi amigo me dijo que tal vez tenía razón en ese punto, pero que de todas formas, por lo menos el boxeo amateur no era tan salvaje como el profesional, los guantes eran más mullidos, las peleas, mucho más cortas y existía además el protector de cabeza. Tenía razón… hasta hace poco.

Es curioso que precisamente en estos días he leído en Internet, un comentario de un amante del boxeo que recomienda el uso del casco protector con carácter obligatorio para el boxeo profesional, aunque él mismo reconoce que sería menos espectacular.

Lo que no es espectacular no da dinero, y lo más importante del deporte, profesional o no, es el espectáculo. El baseball ha sido excluido del programa olímpico precisamente porque la duración del juego lo hace poco atractivo. El público no quiere pasar más de hora y media esperando un home run, un toque de bola oportuno o un error que decida el juego.

El Comité Olímpico tendrá que decidir a favor de la protección del boxeador o del espectáculo. Sólo espero que por el afán de hacer más atractivo este deporte no se le ocurra a nadie (con el poder de decidir) que las peleas sean un poco más largas y los guantes más pequeños.

¿Y qué tienen que decir los boxeadores? En el profesionalismo, el riesgo de recibir un daño cerebral serio por un golpe parece ser despreciable en comparación con el dinero que se obtiene, puesto que tantas personas desean convertirse en boxeadores profesionales, de hecho es el sueño de muchos púgiles aficionados.

De aprobarse esta nueva regla la barrera que separa boxeo amateur del boxeo profesional se haría cada vez más delgada, hasta que solo los separaría el dinero. Se supone que los boxeadores aficionados no cobran. ¿No sería ridículo que corrieran los mismos riesgos que un profesional y encima, lo hicieran de gratis?


One thought on “El boxeo tiene que ser atractivo

  • el 24 junio, 2011 a las 2:08 am
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    Por muchas vueltas que se le de, no acabo de ver el atractivo de dos individuos liándose a mamporrazos mientras se machacan las neuronas.

    En los próximos siglos la población juzgará el boxeo del mismo modo que ahora juzgamos las luchas de gladiadores en el Imperio Romano.

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