La nueva Constitución: ¿Cuál es la discusión?

Irina Echarry

Foto: periodicovictoria.cu

HAVANA TIMES – Dime, ¿cuál es la discusión?, gritaba un joven y gesticulaba, mientras atraía las miradas de la gente en Zanja esquina a Galiano.  Por el tono parecía que aquello se iba a poner feo, cuando de pronto otro respondió: yo solo repito lo que dicen por ahí, que se está discutiendo.

El hombre volvió a levantar la voz: “Asere ¿pero tú no te das cuenta de que to’ es una mentira? ¿Tú eres mongo o qué? Ya eso está pensao, loco. No van a cambiar na. Lo que tú digas y mierda es lo mismo”.  Ahí supimos que no era bronca callejera, era una opinión, de las tantas que por estos días provocó el ciclo de debates y discusiones sobre el Proyecto de Constitución.

No se puede negar la repercusión que han tenido las asambleas entre la gente de a pie. Algunas personas más involucradas que otras, unas más reflexivas, muchas incrédulas, pero la mayoría lo comenta no solo en las reuniones, sino en la calle, las colas, las paradas de guagua, los almendrones, los hospitales, las tiendas, etc.

Las opiniones no son tan profundas como las que han circulado por Internet durante estos tres meses, no son especializadas, sin embargo, nos dan la medida de cómo fueron las asambleas y las preocupaciones de los cubanos y cubanas.

Patty es alumna del pedagógico Varona, a sus 23 años se sorprendió de tener una oportunidad así y, contrario a lo que varios imaginan, asegura que en su escuela muchos jóvenes tenían propuestas e inquietudes sobre la nueva Constitución. Patty no hizo aportes, porque no cree que eso llegue a ningún lado. Cuenta que en la asamblea los maestros “estaban locos por irse”.

Como veían que los alumnos pedían la palabra, ellos los amenazaban con dejarlos encerrados en la escuela cuando llegara el transporte que regresa a los docentes a la casa: “Ah, ¿ustedes quieren hablar?, van a tener tiempo, nos decían. En todo momento estuvieron desalentándonos y apurándonos. Al inicio nos dijeron que el dúo estaba preparado para responder dudas, pero cada vez que alguien iba a hablar le hacían la misma pregunta como si fueran robots: ¿qué vas a hacer agregar o suprimir? Si tú decías que querías preguntar una duda hacían muecas y la anotaban en una hoja, nadie explicó nada. Así que muchos salimos de allí como mismo entramos”.

Esperando la ruta 27 para llegar al trabajo está Maikel, enfermero intensivista que no suele participar en reuniones, pero “esa del proyecto” no se la perdió, cree que era la oportunidad para alzar la voz por “los seres más desprotegidos del país: los animales”.

Foto: cubaposible.com

Luego de aclarar que en su barrio “no hubo discusión, solo algunas personas se prepararon y casi nadie llevaba el proyecto impreso, así que te imaginas los pocos planteamientos que hubo. Mi propuesta fue que en el Artículo 86 se contemple a los animales como seres que sienten y deben ser tratados ética y humanamente. Eso da pie para que luego se legisle a favor de ellos y se pueda castigar a quienes los maltraten.

“El maltrato no es solo dar golpes, es también el abandono, o dejarlos en una azotea sin agua, bajo el sol; o entrenarlos para pelear; o cazarlos para encerrarlos en jaulas, etc.  No se podrá hacer nada con quienes venden animales como mascotas o para su sacrificio, eso también debería castigarse, pero con la ley de culto es difícil que el Estado se meta con eso; no le conviene”.

La chequera de jubilación de Blanquita, aunque fue aumentada este mes, no le permite cubrir sus necesidades, por eso trabaja de secretaria en una escuela primaria. “Yo no hablé nada,  ¿para qué? Las maestras sí dijeron cosas sobre el bajo salario y sobre la alimentación y la seguridad en las escuelas. En la mía no sucede, pero en otras dejan salir a los niños con cualquiera, y eso se presta para muchas cosas.

“La bibliotecaria preguntó por qué su hijo no tiene derecho a regresar al país, él se quedó en Venezuela hace cuatro años por problemas económicos, no políticos, no tienen que tildarlo de traidor ni castigar a su familia.

“Pero la más cómica fue una auxiliar, ella pidió que el presidente sea como Fidel, que dejó el poder cuando ya la enfermedad le impedía cumplir con sus actividades. Y también reclamó que Raúl regresara porque piensa que Díaz-Canel, aunque no es malo, no tiene el apellido y el pueblo no lo va a seguir igual. Había que estar allí para ver la cara de la gente, todo el mundo se miraba y preguntaba bajito: ¿qué le pasa a Cuqui?  Aunque la mayoría se mantuvo como yo, con la boca cerrada”.

Por las redes sociales se llamó la atención sobre un hecho: la Uneac no realizó asamblea de discusión con los artistas. Gisela, periodista de un órgano estatal, comenta que la UPEC, como gremio, tampoco reunió a sus periodistas. Los encuentros solo fueron convocados por los delegados en los barrios y por la CTC en los centros de trabajo.

Recordando sus planteamientos Gisela nos explica: “A mí me parece que hay partes del proyecto que debían estar mejor redactadas y otras más explicadas, que no dé lugar a confusión o malas interpretaciones. Por ejemplo, cuando habla de los derechos individuales y que el Estado protege a la mujer ante cualquier tipo de violencia, yo propuse especificar las violencias: física, sexual, sicológica, verbal, simbólica, etc. Porque después llegas a la estación de policía y te preguntan: pero ¿él te golpeó?

“Lo otro es cuando se menciona que la persona solo puede ser privada de libertad por la autoridad competente, yo propuse añadir: y por delito cometido.  ¿A qué me refiero? Pues, por ejemplo, a las muchachas que están recluidas en centros de detención, las que llaman ‘aseguradas’. Eso es una injusticia, en Cuba la prostitución no es delito, entonces, ellas no deberían estar presas”. 

Las opiniones varían según las edades e intereses. A Kevin, de 22 años, le parece que “deben quitar el Servicio Militar, que lo dejen pa los que les guste esa vida tan estricta, yo no estoy pa eso. Es tremenda estancadera, te roba tiempo de estudio que muchos después no recuperan. Aquí todo debe estar enfocado en que tú estudies rápido y después puedas aportar al país, o que empieces a trabajar en lo que sea, si no quieres saber más de escuela. Yo no creo que esas reuniones tengan resultados positivos, no sé. ¿Quién garantiza que van a tener en cuenta lo que la gente dijo?”.

Foto: radiocubana.cu

En cambio Jorge, de 80, tiene idealizado el proceso de discusión y, como si de magia se tratara, cree que traerá buenos resultados. “Ya se están viendo: aumentaron la chequera de los jubilados de más bajos ingresos, en las tiendas están vendiendo muletas a un precio asequible para la mayoría.  Porque se reconoce desde hace rato que la población del país está envejeciendo, pero la verdad es que los viejos no vivimos bien, hace falta hacer algo con eso.

“En los agros estatales están sacando viandas más baratas: plátanos, malanga, calabaza; es un dinerito que te ahorras. Ahora falta resolver lo de los medicamentos que es un caos. Ah, y lo del transporte. Y bueno que se mejore todo, poco a poco lo vamos a lograr”.

Una tarde de recorrido por las calles de Centro Habana, recién concluido el proceso de consulta, nos revela una paleta de opiniones que transita entre la ilusión y la desesperanza, el optimismo y la apatía. La gran masa parece ajena, embotada con el día a día y despreocupada, pero una parte ha estado al tanto, aunque cree que “es por gusto”.

Ante esa desconfianza pudiéramos preguntarnos ¿qué pasará el 24 de febrero en el referéndum? Lamentablemente, la respuesta es la de siempre: nada. Es significativo que ninguna de las personas con las que hablamos cuestionó el Artículo 5, eso contrasta con lo publicado en Internet, donde sí hay muchas reflexiones al respecto. Pareciera que la gente de a pie, off line, ha naturalizado que el PCC está por encima de todo.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.


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