Intentando trabajar por cuenta propia II

Yusimi Rodriguez

Foto: Ihosvanny

HAVANA TIMES, 11 abril — A finales de diciembre del año pasado, cuando escribí “Intentando trabajar por cuenta propia.” Pepe estaba convencido de que podría comenzar su venta de fiambres a finales de enero. Yo lo dudaba, aunque no quise quitarle el ímpetu. Es un hombre mayor, aún tenía que realizar muchas guardias nocturnas en pleno invierno, para completar el dinero de la inversión.

Cada vez que se presentaba en alguna de las oficinas dónde debía realizar los trámites para obtener la licencia de trabajador gastronómico por cuenta propia, el visto bueno sobre el lugar dónde elaboraría los alimentos y todos los permisos requeridos, la persona que debía atenderlo no se encontraba, o le decían que necesitaba un documento nuevo, un sello o una firma.

Ya había hecho una inversión considerable en los carritos que emplearía para vender los fiambres en la calle. “Pero tú no tienes salud para caminar tanto.” le decía la esposa “vende los carritos y olvídate del negocio.”

Foto: Elio Delgado

¿Para hacer qué? ¿Más guardias nocturnas? Eso también lo mataba. ¿Retirarse? Se muere más rápido. En primer lugar porque ha estado trabajando desde los nueve años y no sabe hacer otra cosa. En segundo, porque sabe que, teniendo en cuenta cómo se están poniendo las cosas en el país, y que la libreta de abastecimiento aún no va a desaparecer (pero la están dejando vacía), el retiro le va alcanzar justamente para morirse de hambre.

Hoy, casi cuatro meses después de aquel artículo, debo decir que Pepe lo logró. Casi. No pudo comenzar su negocio en enero, pero a finales de marzo salió a vender papas rellenas y croquetas por primera vez con su carrito. Su mujer lo esperaba ansiosa por la tarde.

Los primeros días

“¿Cómo te fue?” preguntó. “Es el primer día, pero la gente compra, tú vas a ver cómo vamos a salir adelante”, dijo Pepe.

Sin embargo, ya se dio cuenta de que necesita conseguir aceite más barato que el de la tienda, de que debe empanar las papas con pan rayado para que se doren al freírlas, porque si no están doradas la gente no las compra, de que necesita un ayudante que se encargue de vender mientras él consigue mercancía, de que tiene que pagarle al ayudante, de que caminar tanto lo mata.

Foto: Caridad

Dentro de diez días debe pagar cuatrocientos pesos de impuestos y no los tiene. Y como las cosas siempre pueden empeorar, ayer apareció un individuo con un carrito similar al suyo, y se ubicó a un par de metros de él, para vender exactamente los mismos productos.

Pepe no es creyente, pero era un buen momento para rezar y Dios lo escuchó. El carrito del competidor se incendió, y el pobre hombre solo atinó a salir corriendo. Es triste alegrarse del mal ajeno, pero a Pepe no le quedaba más alternativa que alegrarse.

Después supo que el hombre había invertido 83 pesos convertibles en aquel carrito que se incendió. Da lástima. Pero la lástima es un lujo que Pepe no puede darse en este momento. La desgracia de unos significa un alivio para otros.

Alivio es todo lo que puede sentir Pepe por ahora y ya es bastante, mientras logra conseguir los cuatrocientos pesos MN y encontrar la forma de que el negocio sea rentable.

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