El dilema de Cuba: dictadura vs democracia

El castrismo monopolizó la economía en el Estado y cambió una dictadura por otra, trayendo retraso al desarrollo económico-social de Cuba

Por Pedro Campos

Foto: Juan Suarez

HAVANA TIMES – El castrismo basa toda su propaganda política en que “la Revolución se enfrenta al imperialismo y a sus agentes que quieren destruir el socialismo en Cuba e implantar el capitalismo”, según lo cual, el dilema que Cuba enfrenta ya hace casi 60 años es socialismo vs capitalismo.

Sin embargo, cualquier mínimo análisis desde el punto de vista de la economía política, la “Revolución cubana” lo que hizo en nombre del socialismo fue cambiar los dueños de prácticamente toda la propiedad fuera privada o asociada, pequeña, mediana o grande, nacional o extranjera y monopolizarla en el Estado, mantener las relaciones de producción asalariadas que tipifican al sistema de producción capitalista y cambiar una dictadura política por otra.

En verdad una especie de capitalismo monopolista de estado emparentado con lo que Marx llamó el modo de producción asiático practicado en la Antigua Mesopotamia, donde existía una esclavitud generalizada controlada por el faraón todopoderoso y su burocracia.

El “socialismo” como una sociedad con predominio de la propiedad estatal  en forma permanente junto a la continuación del trabajo asalariado, pero para el Estado, nace y se desarrolla con la Revolución rusa, lo Stalin; pero es ajeno a las esencias filosóficas, libertarias y autogestionarias del marxismo.

Las proyecciones centrales expuestas por Marx sobre el socialismo fueron poco desarrolladas, pues el objetivo fundamental de su obra teórica fue descubrir los intríngulis de la producción capitalista-asalariada y las contradicciones que llevarían a su superación.

No obstante, en la Crítica al Programa de Gotha, en Contribución a la Crítica de la Economía Política, en los Cuadernos Filosóficos, en varios documentos escritos para la 1ra Internacional y en el propio Capital, concebía el socialismo como una etapa de tránsito, donde estarían presentes todas las formas de producción, pero en la que se irían imponiendo las formas propiamente libres de explotación como las surgidas en las cooperativas y, en general, las asociadas de corte autogestionarias.

Escena. Foto: Juan Suárez

A pesar del poco desarrollo del capitalismo de entonces Marx comprendió que las sociedades por acciones “eran la primera forma de descomposición del capital” y que “en las cooperativas independientes formadas por obreros con sus propios capitales aparecían las relaciones del nuevo régimen de producción”, según explicó en el capítulo XXVII del III tomo del Capital.

Marx y Engels expusieron que “el trabajo asalariado era la forma de la existencia del capital” en el Manifiesto Comunista, de manera  que el socialismo tendría que superarlo y llamaron a los trabajadores a organizarse en asociaciones de productores y, por esa vía, abolir el trabajo asalariado en distintos documentos de la 1ra Internacional.

También ocasionalmente, en su búsqueda investigativa y en sus acciones políticas prácticas, emitieron criterios sesgados, discutibles, sobre el papel del Estado, los obreros y la dictadura del proletariado que dieron pie a los extremismos conocidos.

Las sociedades contemporáneas más desarrolladas, donde el capitalismo sigue predominando, le han dado la razón a sus ideas más científicas, que son incluso anteriores a Marx, pues en estas van aumentando las empresas diversas de capital asociado, donde los trabajadores participan de la propiedad vía acciones, junto a las cooperativas, las mutuales y los pequeños negocios auto-gestionados por los dueños y sus familiares, gracias a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

 El castrismo que solo aspiraba al establecimiento de una dictadura personal paternalista se apropió del “marxismo-leninismo”, -una fórmula de Stalin para pretender continuidad entre Marx y Lenin y las barbaridades de la Revolución bolchevique-,  y lo aplicó con más rigor que el propio georgiano en lo político y en lo económico.

Por tanto, el castrismo no hizo nada por desarrollar la nueva sociedad basada en la diversidad de formas existentes ni respaldo a las formas de producción libres-asociadas que tipificarían la sociedad post-capitalista.

Al contrario: ha hecho todo lo posible por impedir el cooperativismo libre, independiente del Estado y en su lucha contra el “capitalismo y el imperialismo” y por el “socialismo” de corte estatal-estalinista, eliminó todas las cooperativas que encontró a su paso, se apropió de sus instalaciones, medios y activos; estatizó las clínicas mutuales que eran las mejores de Cuba en esos momentos, hizo lo mismo con las muchas escuelas de patronato que mantenían los claustros de profesores.

Además, se robó todos los fondos de los sindicatos y las cajas de retiro de los trabajadores que servían para mantener servicios asociados de medicina, clubes de recreación, socorro, ayuda y desarrollo de infraestructuras como el hotel Habana Hilton, el cual fue construido con fondos del sindicato de gastronómicos.

Ese hotel llevó el nombre de Hilton por un contrato de administración con esa cadena para promover el turismo estadounidense, no pertenecía a ninguna empresa extranjera. Cuando fue “nacionalizado”, en verdad estatizado, le fue robado al sindicato de gastronómicos de La Habana, su auténtico fabricante y dueño.

Evolucion. Foto: Juan Suárez

En fin, nada que ver con socialismo. Desde el punto de vista del desarrollo histórico económico y social, el castrismo ha sido reaccionario, contrarrevolucionario. En todo caso ese “socialismo” y tantos disparates económicos, políticos y sociales hechos en nombre de este, solo han servido para estimular el rechazo de los cubanos al vocablo. Nadie hizo tanto daño al socialismo en Cuba como el castrismo.

¿Cómo puede, entonces, decirse que en Cuba el dilema ha sido y sigue siendo socialismo vs capitalismo?

No. El dilema real en Cuba, incluso desde antes de 1959, desde que Batista dio el golpe de estado, fue y sigue siendo: dictadura o democracia.

La dictadura de  Batista en lo político fue sustituida por otra dictadura en lo político, pero también en lo económico.  El restablecimiento de la democracia fue el objetivo que aglutinó al pueblo de Cuba en la lucha contra Batista y bandera que enarbolaron Fidel y sus  allegados, pero una vez establecidos en el poder “optaron” por desarrollar su concepción de justicia social populista a costa de la democracia y las libertades.

El resultado catastrófico es conocido por mucho que se trate de ocultar.

Sin lograr su democratización política y económica, la sociedad cubana seguirá en el estancamiento, la depresión y sometida a la dictadura de grupos de poder. De manera que ese sigue siendo el objetivo fundamental y la causa que debe y puede unir a todos los luchadores por una Cuba mejor, independientemente de sus identidades políticas e ideológicas. Todo debe subordinarse a ese objetivo.

Aunque de forma poco visible, por la censura y la represión que caracteriza al régimen, el pueblo cubano va comprendiendo su realidad y organizando la resistencia a su manera, echando a un lado los métodos violentos. Lo demuestran los cuentapropistas y cooperativistas que han probado ser más eficientes que el Estado, los millones de cubanos que han optado por irse del país, los más de dos millones que en las recientes “elecciones” no fueron a votar, votaron en blanco, anularon la boleta o no siguieron la consigna gubernamental del voto unido.

Los nuevos gobernantes tendrán que tener en cuenta estas realidades. Ya no está el mago que hipnotizaba  multitudes, ya no hay unanimidad alguna, la economía sigue a la baja y hay que imbricar y armonizar los intereses de todos los cubanos, de dentro y de fuera, de todos los pensamientos democráticos.

Si las ansias democráticas del pueblo cubano se siguen represando, aumentarán los peligros de desbordes.

13 thoughts on “El dilema de Cuba: dictadura vs democracia

  • Para el que quiere “apuntarse” en el SPD, sepa que sólo necesita su deseo, pues somos un movimiento propagado de ideas, no somos ninguna organización, no tenemos líderes. Estatutos ni disciplina partidista… No necesitamos nada de eso porque no pretendemos tomar el poder. Buscamos libertad y democracia para todos, autonomía individual y social, mejoramiento de las condiciones de vida, acceso a toda información, mejor salud y mejor educación para todos. Tenemos un boletín donde ponemos nuestros artículos y los de otros pensamientos también, sale a menudo, pero no lo cobramos. Ponga su dirección de correo y empezará a llegarle.

  • Repatriado: comienzo diciéndote que el correo que hiciste público aquí, me rebota. Lo intenté varias veces y nada. Volveré a hacerlo pero aún así te doy el mío: osmel.ramirezalvarez@gmail.com. Escríbeme para enviarte por wetransfer un libro que me dijiste te interesaba y luego otras cosas que no he publicado aún, que me gustaría compartirte. Participando en el debate te comento que valoro en verdad mucho de lo que Marx aportó e hizo. Tengo una posición similar a la de Martí, no por afán de seguirlo, solo es una feliz coincidencia. No soy tan marxista como Pedro, pero sí tan defensor de la democracia y de una sociedad más justa, como él, y como Esopo, y muchos más. No somos pocos, solo que todavía estamos así como mezclados entre ambos polos, por el momento. Me temo que Marx no creía en la vía democrática que nosotros defendemos ni en el sindicalismo, y tuvo razones lógicas en su tiempo para no verle viabilidad, así tantas como para nosotros no vérselas a sus tesis hoy día, porque son épocas muy distantes tras tantos cambios. Él creyó que el momento aquel era el justo para una revolución proletaria como única forma de lograr justicia. Como dijo Martí, anduvo de prisa en su afán por redimir a los débiles y vio esos caminos. Yo creo que debemos superar al marxismo sin miedo, Marx era un hombre muy sabio pero no un dios para imaginarse esta época, casi una civilización nueva, que echa por tierra la mayoría de sus postulados. A tiempos nuevos, propuestas nuevas. Tal vez ni siquiera tan nuevas, solo vistas de forma diferente. Más que buscar afanoso entre las líneas escritas por él, cual parábola bíblica portadora de una verdad mística, más que quedar sediento de una obra inconclusa que su limitada vida humana no le permitió legarnos, leo el Manifiesto Comunista y veo el esbozo de sus ideas, que defendió hasta su muerte, y no veo que nos sirvan más que en la intención. En gran medida simpatizo más con seguidores suyos que no dudaron en agregarle sus visiones e ideas reformistas (por ejemplo: Bernstein). Nada con los comunistas que lo creen un dios infalible y cualquier reforma, una profanación.

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