Otra vez los trabajadores cubanos fueron parte de un desfile exhibicionista

Por Osmel Ramírez Álvarez

Primero de Mayo en Holguín Cuba 2019. Foto: ahora.cu

HAVANA TIMES – Llegó otro Primero de Mayo y el Gobierno cubano, autoproclamado Vanguardia de la clase obrera, hizo a sus trabajadores desfilar por todas las plazas del país, portando pancartas y gritando vítores a la Revolución y a sus líderes.

Es un día más de trabajo, solo cambia el contenido laboral. Una especie de cambio de labor más atractivo que ir a la caña. Es mucho mejor estar en la calle que trabajando. Los jefes de Recursos Humanos de cada empresa no marcan las tarjetas, son los dirigentes sindicales los que pasan lista. Y hay un mérito “medible” relacionado con el acto. Porque todos los trabajadores tienen a final de año una evaluación, en parte por su desempeño productivo, otra es discrecional de las administraciones y el sindicato, según el comportamiento.

¿Qué significa no ir?

Sería incumplir con una de las actividades más importantes de la empresa, para lo que te pagan el día. Si no vas, no te lo descuentan, pero te marcas. Solo como apático e indisciplinado si no hay más razones. Pero si tus comentarios son ideológicamente adversos al oficialismo, terminas en “la lista negra”, y al menor resbalón, quedas fuera. Por detrás de otros que tal vez no sean mejores trabajadores, pero políticamente comprometidos o neutrales.

Así funciona en todos lados, en los centros de trabajo y en las escuelas. Porque un componente importante de las desfiles de trabajadores son los estudiantes, llevados en guaguas. Y también los familiares de los trabajadores, atraídos con diferentes cebos. La posibilidad de una salida en familia, en un país donde hay pocas opciones recreativas, puede ser emocionante. Y el Primero de mayo en Cuba es una especie de carnaval. También está la promesa de una feria y fiestas al finalizar la concentración, donde venden muchos productos escasos de primera necesidad.

Los líderes viendo desfile de los trabajadores. Foto: ahora.cu

A los cuentapropistas les cobran tarifas adicionales por permisos especiales, para que aprovechando la multitud expendan sus mercancías y confituras como si fuera carnaval. Y por supuesto, no pueden faltar los termos de cerveza a granel, seis veces más barata que la enlatada más asequible de 18 pesos. Aunque 3 pesos por un vaso de esa agua amarga no es nada módico a juzgar con los salarios de nuestros proletarios, la compran con desbordada ansiedad. Es algo que probadamente les funciona y los ayuda a que luzcan “uníos”.

Pude constatar que a las 8:00 de la noche en el centro de mi ciudad de Mayarí, la plaza donde culminó el desfile temprano en la mañana, había casi un centenar de borrachos sujetándose unos de otros mientras remataban los vasos de cerveza. Una oportunidad única canjeada por un pequeño sorbo de hipocresía, cosa que se hace a diario y ya no pesa por la costumbre.

Ninguno recuerda el nombre de sus líderes sindicales, completamente irrelevantes en sus vidas. Ni saben que ese día tiene otro significado, el de visibilizar la lucha por sus justas reivindicaciones. ¡Qué más da! ¿Acaso los trabajadores cubanos tienen mecanismos oficiales efectivos para resolver sus problemas y no necesitan protestar, solo agradecer?

Para nada. Ningún trabajador en el mundo está más impelido de hacer demandas que los cubanos. Copiado de la propia política, los líderes sindicales solo pueden ser propuestos y electos directamente por los trabajadores en la base, en la sección sindical. De ahí para arriba, a nivel de centro laboral, municipio, provincia y nación, son nombrados con la anuencia del Partido Comunista y responden a sus intereses.

El salario más bajo del mundo es el cubano: 10 dólares mensuales el mínimo. Menos del 1% apenas supera los 200 y el promedio es debajo de 30 dólares; la edad de jubilación fue elevada a 65 años los hombres y 60 las mujeres con las peores condiciones de trabajo y alimentación que degradan la salud; la tecnología es arcaica en la mayoría de los centros productivos y carecen de medios de protección sistemáticamente, con un déficit de transporte que afecta a la mayoría, y miles de problemas más. Pero no tienen el derecho de reclamarlos públicamente ni el Estado, el empleador, la obligación de resolverlos.

Es necesario destacar que el Gobierno-Estado cubano es el patrón de más del 70% de los trabajadores. Y vale recordar ese dicho que dice que “quien paga manda”, aunque pague poco como es el caso.

Primero de Mayo 2019 en Holguín, Cuba.

Igualmente contribuyen a la convocatoria todos los medios de comunicación y organizaciones como los CDR, que operan cuadra a cuadra. Cada cual tiene asignado un lugar en un bloque, con punto de transportación (que para eso no falla), si vive distante y de reunión antes de desfilar. En este último es donde se toma la asistencia. Algunos jefes sindicales orientan pasar la lista al final en un lugar determinado, como garantía de que no se irán antes.

Entonces ¿por qué muchos opositores juzgan de corderos a nuestros trabajadores por desfilar?, ¿por qué ese hecho tan comprensible los desilusiona y les quita el deseo de luchar por los derechos que el Gobierno les niega?, ¿será que no entienden las reacciones de supervivencia o el comportamiento mimético de obediencia de los pueblos bajo regímenes totalitarios?, ¿será que no conocen al sistema cubano?

Confieso que veo muy normal que el pueblo marche masivamente. Lo comprendo y no pienso que por eso merezca sus dolores. Creo que lo hará igual hasta el día antes de que tengamos un cambio democrático. Si se les pudiera ofrecer una visa migratoria a los que desfilan, la mayoría corre a aceptarla para escapar del Gobierno que vitorean hipócritamente.

Esa es la verdadera historia del Primero de Mayo en Cuba, no la de “masivo apoyo a la Revolución y su liderazgo” como dice el Gobierno. Ni la de “se merecen lo que les pasa por salir a desfilar con el Gobierno”, como esgrimen algunos opositores apasionados. En política, comprender al pueblo es imprescindible para tener éxito.

 

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

Un comentario sobre “Otra vez los trabajadores cubanos fueron parte de un desfile exhibicionista

  • Este artículo lo escribí motivado por diversos comentarios por las redes sociales de compatriotas que critican a nuestro pueblo por dejarse controlar por el sistema, o por contribuir con el sistema en su propaganda de que estos desfiles masivos son la muestra del apoyo del pueblo, por lo que no necesitan elecciones pluripartidistas. pero es lo normal en un régimen autoritario y despegarse de ese control social es un proceso difícil.

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