La agresión sexual puede venir de la propia familia

Niños cubanos. Foto: Reynaldo La O

HAVANA TIMES – La infancia es una etapa linda, de descubrimientos y sorpresas, pero vulnerable, pues generalmente se aprende a mirar el mundo desde la óptica de los adultos.

Son pocas las personas que comprenden que un niño o una niña debe descubrir su cuerpo y aprender a lidiar con sus propias emociones o inquietudes, con la menor intervención posible de la “gente de experiencia”.

Es común que los adultos interfieran de diferentes modos, generando complejos, culpas y ansiedades en menores inocentes. Y la mayoría de las veces es la propia familia la responsable.

El abuso sexual es una práctica más habitual de lo que sospechamos, no hay que ser de una familia humilde o rural o marginada o disfuncional. Pensar eso es un error, aunque es una tesis bastante enraizada. En cualquier casa puede esconderse un agresor, alguien que manosea y luego pide silencio.
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Realmente no recuerdo la edad que tenía; quizás ocho años. Me habían enviado a casa de mis tíos a pasar el día. Mi primo se había ido a jugar con sus amigos. Yo estaba sola con mi tío en el apartamento de Alamar, donde ellos vivían.

Aún mis tíos no se habían separado. Aún mi tío no había muerto.

Recuerdo que jugaba con uno de esos aparatos que llamábamos “atari” o “nintendo”, y, como no sabía bien cómo hacerlo, le pedía ayuda a él.

Ese día estaba nervioso, ansioso. Miraba desde la ventana del quinto piso constantemente, como si esperase o buscase algo. 

Por momentos, me apretaba contra su cuerpo, estaba en calzoncillos o eso creo recordar. Me besaba en la mejilla, me abrazaba. Yo no sentía que él estuviese haciendo nada malo, aunque nunca hasta ese día había sido tan cariñoso conmigo.

Cayendo la tarde, me pidió que viésemos televisión en el cuarto, encima de la cama. No recuerdo qué ponían. La imagen que tengo es del cuarto iluminado solo por la pantalla del televisor en blanco y negro.

De momento, creo que me acaricia y, lentamente, comienza a bajarme el blúmer, y me dice bajito, que no podíamos decirle eso a nadie. Me besa el clítoris. No siento ningún placer y, por suerte, no hay penetración de ningún tipo. Solo me acaricia y me besa. Yo estaba aturdida, incómoda. No sabía qué hacer. No sé cómo terminó la noche. Solo sé que no le dije a nadie.

Tiempo después, vuelve a ocurrir otro incidente. Estamos en una fiesta familiar. Él tiene carro. En medio de la algarabía me dice que lo acompañe a comprar algo. No estamos en la ciudad, sino en un pueblito de campo. No sé qué pensé en ese momento. No sentí miedo. No sabía que pasaría algo. Solo quería dar un paseo. Sus hijos, mis padres, y más de ocho primos se quedaban en casa. Aún no sé cómo tuvo tanta confianza en sí mismo, cómo sabía que yo no diría nada al regreso del “paseo”.

No nos alejamos mucho. Vamos hasta un lugar en medio de la carretera. Detiene el carro y me pregunta si quiero verle el pene. Yo le digo que no y miro hacia afuera. No lloro, no me molesto. Siento vergüenza. Soy tímida a esa edad. Mis padres, aunque no son completamente puritanos, no hablan de sexo conmigo, no hablan de acoso ni de violencia.

Él se saca el pene. Estamos en medio de la nada. Comienza a masturbarse y yo no miro. Él coge mi mano, para que lo masturbe, pero yo me niego. Lo intenta varias veces, pero yo sigo mirando hacia la ventanilla y diciendo que no quería.

Regresamos a la casa. No me dice que no hable del asunto como la primera vez. Sabe que no lo haré. Aún pasados veinte años no le he comentado nada a mi familia sobre lo sucedido.

Estuve en su funeral. Falleció por un accidente de coche. Fue la primera persona que vi muerta. Mis primos no han superado su pérdida.

Yo nunca había escrito sobre ese suceso. Se lo he comentado solo a algunas pocas personas. Siento que debería firmar este comentario con mi nombre, pero aún no puedo. No sé si lo hago por mi familia, para no dañarles la imagen de tipo bonachón que tenía mi tío. Aún no estoy preparada.
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Y tú? ¿Has sufrido alguna vez violencia sexual? ¿Crees que con tu historia podrías alertar a otras personas, educarlas en la no naturalización de la violencia? Escríbemos a: [email protected] o [email protected]  

 



Un comentario sobre “La agresión sexual puede venir de la propia familia

  • Horrible historia y contada de modo sencilla. Creo que los padres, los tutores, o los que esten a cargo de la educación de un niño deben hablar de todo lo relacionado con el abuso sexual en edades tempranas, como un dialogo necesario para evitar que ocurran estos hechos que dan asco. A los perpetradores hay que desenmascararlos a tiempo y hacer que vayan a la cárcel y que paguen sus delitos. En un niño es un trauma muy fuerte, que le puede traer muchos transtornos con su futura pareja.

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Alfreda a la hora del café, Pons, Pinar del Río, Cuba. Por Irina Echarry (Cuba). Cámera: Nikon D3000

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