“Estudio enfermería, estoy con Covid y nadie me atiende”

La estudiante de enfermería, Irasema Escobedo Herrera, se encuentra confinada en su casa junto a sus padres por covid-19. (Cortesía)

El calvario de Irasema y de su familia en un pueblo de Cienfuegos, Cuba.

Por Irasema Escobedo Herrera, (14ymedio)

HAVANA TIMES – Me llamo Irasema Escobedo Herrera, tengo 19 años, estudio Enfermería y estoy contagiada con covid-19. Escribo este texto desesperada porque ningún personal médico le está dando seguimiento a mi familia y tampoco tenemos acceso a medicamentos. Intenté publicar mis palabras en la página de Facebook del Ministerio de Salud Pública, pero me censuraron.

No tengo nada que ocultar, así que acompaño este testimonio con mis datos personales y los de mi padres. Vivo en la calle Orlando Gómez 25, entre Calle Rafael Trejo y Artimes, municipio de Cumanayagua, en la provincia de Cienfuegos. Justo en mi casa, al despertarme la mañana del 20 de julio pasado, me sentí con fiebre y dolores musculares.

Imaginé que estaba contagiada y acudí de inmediato al Policlínico Aracelio Rodríguez Castellón de Cumanayagua. Pero en el lugar no habían test antígenos ni pruebas moleculares (también conocidas como PCR), aunque sí una lista de más de 400 personas pendientes porque desde el domingo 18 de julio no llegaban esos materiales.

Para colmo, había un solo médico atendiendo a las personas que llegaban con síntomas respiratorios. Uno solo para todo un municipio. Me anotaron en una lista y me dijeron que podía regresar a mi casa. Al día siguiente llamé temprano para saber si habían llegado los test pero nada todavía. El jueves hice otra llamada y finalmente tenían las pruebas.

Fui a toda velocidad y llegué cerca de las 8:30 am, ya había más de 300 personas a la espera, algunas habían dormido sobre los bancos para alcanzar un test. Con el paso de las horas, muchas se tuvieron que retirar sin hacerse la prueba porque la espera se prolongaba demasiado. Ese día también solo había un médico y una enfermera para atender a los sospechosos de estar contagiados.

Yo miraba todo aquello y me preguntaba “¿Dónde están los médicos de mi municipio? ¿Dónde han ido a parar esos cientos de profesionales que se gradúan anualmente en mi provincia en las facultades de medicina y enfermería? Cada vez entendía menos.

Pasó el mediodía, llegaron las tres de la tarde, las cinco y la cola apenas avanzaba. Había mujeres con bebés en brazos, niños pequeños y muchos ancianos. Finalmente a las 5:40 pm me hicieron la prueba rápida de antígenos, después de mí sólo quedaron 25 kits y había más de un centenar de personas esperando.

Mi resultado fue positivo y me llevaron a una habitación con más de 30 personas amontonadas. Había varios niños pequeños y ancianos encamados, allí debíamos esperar para hacernos la prueba PCR, a la que pude finalmente acceder cerca de las 7:30 pm, también rellenaron una encuesta con mis datos y como no había combustible tuve que regresar a pie a mi casa.

El sábado 24 de julio, la doctora del consultorio médico pasó por nuestra vivienda. Cuando le pregunté si iba a recibir algún medicamento o seguimiento médico, me respondió que a las personas que ya están vacunadas no se les pone tratamiento ninguno. Como estudiante de Enfermería ya recibí las tres dosis de Abdala, pero mis padres no han accedido a ninguna. Por eso no pude evitar cuestionar a la doctora a qué estaban esperando para brindarnos algún tipo de asistencia ¿A que me muera? ¿Para eso me mandaron para mi casa? ¿Para morirme?

El domingo 25 de julio se confirmó que mi prueba de PCR había dado positiva. Pusieron un cartel en la puerta de mi vivienda advirtiendo que en nuestra casa había contagiados. Mis padres, Maité Herrera Peña, de 48 años; y Omar Escobedo del Sol, de 50, comenzaron a mostrar los primeros síntomas de la enfermedad.

El lunes 26 volvieron a suministrar test al policlínico y a nuestra casa llegó un grupo de médicos buscando a una tal “Lázara Escalante Herrera”, cuando mi nombre es Irasema Escobedo Herrera. No comprendo cómo pueden confundir de esa manera el nombre de alguien que es positivo al covid. Algo así solo demuestra la carencia del nivel organizativo que existe en el enfrentamiento a esta pandemia.

Hicieron subir a mis padres a una guagua y se los llevaron al policlínico para realizarles el test. Al llegar, se repetía la misma imagen de días atrás: más de 400 personas esperando, tres horas después se acabaron los kits y mis padres tuvieron que regresar sin haber alcanzado uno. Así siguen hasta el día de hoy, sin que se les haga la prueba y ya mi padre tiene tos y falta de aire al acostarse.

Han pasado los días y no nos han traído nada de medicamentos, aunque los medios oficiales repiten todo el tiempo que Cuba es una potencia médica. ¿De qué potencia médica hablan, cuando no hay ni una pastilla para bajar la fiebre a un niño? ¿De qué potencia médica hablan cuando no es posible hacerle una radiografía a una persona con una neumonía por covid-19?

Yo estudio Licenciatura en Enfermería en la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos y estoy muy decepcionada de todo el sistema y el protocolo que se está siguiendo en esta pandemia. Para quitarme mis vacaciones escolares y enviarme a pesquisar posibles contagios de covid-19 tuvieron el uno, pero para atenderme y cuidarme a mí y a mis colegas no. ¿No somos una prioridad?

¿Cómo me van a decirme que no me van a poner medicamentos porque aún no estoy grave? ¿Necesito estar grave para recibir atención? Es decir, que si no estoy a punto de morirme yo o algún miembro de mi familia ¿el país no hace nada por nosotros?

Encima de eso, como no podemos salir de casa, nuestras posibilidades de comprar alimentos están absolutamente canceladas, pero tampoco nos han traído suministro alguno de comida. Hemos tenido que sobrevivir con algunas reservas y la solidaridad de vecinos y familiares que nos dejan en el portal algo de comer, como un aguacate o un poco de pollo.

Sinceramente estoy muy decepcionada. Necesito que a mis padres les administren urgentemente algún medicamento para tratar los síntomas. Esto no puede seguir así. He decidido escribir y publicar este testimonio porque para ayudar a mi familia soy capaz de hacer hasta lo imposible y mucho más.

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