Dos monedas no es la única traba en la economía cubana

Foto: Abel Rojas / ACN

Por Oscar Fernández Estrada  (Progreso Semanal)

HAVANA TIMES – La súbita avalancha informativa de las últimas semanas, que sugiere la proximidad de una reforma monetaria, ha desatado una especie de nerviosismo colectivo, capaz de relegar a la mismísima pandemia del foco de preocupaciones.

En medio de un ambiente tan intenso, poco o nada se ha revelado oficialmente, solo la ratificación de lo que no requiere más confirmaciones: primero, la dualidad monetario/cambiaria es un lastre demasiado terco para aspirar a revertir las disfuncionalidades del modelo; segundo, enfrentarlo es una decisión de política económica interna que, como otras, no depende de las inclemencias de turno del gobierno de Estados Unidos; tercero, debió acometerse hace varios años, cuando se inició y se detuvo por razones hasta hoy inexplicadas; cuarto, las condiciones actuales para hacerlo son las peores, pero dilatarlo por más tiempo no aportaría tregua alguna, sino todo lo contrario.

Que comienza en Cuba el proceso de reunificación monetaria fue noticia el 22 de octubre de 2013, cuando el diario Granma divulgó una Nota Oficial del Gobierno donde se anunció la puesta en vigor por el Consejo de Ministros de un cronograma para su ejecución. Cuatro meses más tarde, el 6 de marzo de 2014, la Gaceta Oficial Extraordinaria No.12, publicó sendas resoluciones del Ministerio de Finanzas y Precios que, como parte de esa secuencia, establecían las normas contables y las metodologías para la formación de los precios mayoristas y minoristas para las personas jurídicas. Pero razones que no fueron explicadas al público detuvieron silenciosamente el proceso. El tema desapareció de los editoriales de los medios de prensa, y quedó diluido entre la bonanza y las sospechas de aquella socavada normalización.

Ahora vuelve a sonar la alarma de combate. En esta ocasión no ha mediado nota oficial, pero el presidente Díaz-Canel afirmó que se implementaría la unificación monetaria, como parte de la estrategia para el enfrentamiento de la crisis económica actual, anunciada el 16 de julio de 2020.

Transcurrido un mes de este anuncio el diario Granma comparte un inusual y llamativo diálogo entre especialistas del Banco Central sobre los orígenes y consecuencias de la dualidad monetario/cambiaria, e inmediatamente el sistema informativo de la televisión cubana, junto a otros medios estatales, desplegó una intensa campaña de contenidos relacionados, que sugería la inminencia del proceso. El público, alimentado además por la meta-verdad de las redes sociales, pero con expectativas y reacciones relativamente anticipables en este caso, comenzó a transformar la denominación de sus activos. Y floreció un nuevo motivo para salir de colas, esta vez en los Bancos.

No se afectará el efectivo ni los saldos bancarios

El Banco Central de Cuba afirmó recientemente que el comienzo de la unificación monetaria no tendrá lugar de inmediato, lo cual es muy positivo dada la situación epidemiológica que en este instante atraviesan La Habana y otras provincias. El Banco reitera su compromiso de que no se afectarán el efectivo en poder de la población, ni los saldos de sus cuentas en los bancos, cuando inicie el proceso.

Sin embargo, todos los ahorros denominados en CUP, así como los ingresos personales no provenientes del estado, sí verán afectado su poder de compra posterior, una vez que se despliegue el proceso, si este incluyera reforma de precios y salarios. Por tal razón los mercados informales de MLC han disparado sus cotizaciones durante los últimos días.

Para desplegar —en el momento que se decida— este complejo proceso de reunificación en toda su envergadura, deberán operarse tres cambios trascendentes: 1) eliminar el CUC definitivamente de la circulación, tanto empresarial como en el segmento de la población; 2) devaluar la tasa de cambio oficial del CUP respecto al USD, ya sea de forma gradual o radical, sea que elimine la multiplicidad cambiaria o la mantenga por un tiempo; 3) modificar radicalmente los niveles de precios, salarios y pensiones, en una especie de reseteo de casi toda la economía.

Todas estas son acciones imprescindibles, cuyos costos sociales a corto plazo habrá que solventar con audacia y dinamismo. En la reforma de precios podría incluirse alguna vía para la supresión de los subsidios generales a productos contenidos en la canasta normada. De igual manera, la reforma salarial debería incluir la eliminación de las prebendas institucionales, que se han desarrollado durante años en organismos y empresas, con el objetivo de “compensar” discrecionalmente las incoherencias de los sistemas retributivos.

Sin embargo, aun aplicando el programa más ambicioso, la dualidad monetaria no va a desaparecer mientras persista una parcela interna de bienes y servicios dolarizados, la cual envía señales de consolidación y expansión. Es muy llamativo que a las tiendas que ya existían para la venta en MLC de componentes automotrices, electrodomésticos y otros, y más recientemente las de alimentos, aseos y ferretería, se vayan sumando otras ofertas. Por ejemplo, ETECSA ha anunciado la venta de equipos en MLC, el Grupo Empresarial y Logístico del Ministerio de la Agricultura (GELMA) ha informado la próxima venta de insumos y herramientas agrícolas en MLC. Es muy probable que se refuerce esta tendencia.

En este punto, resulta interesante que en la “Síntesis de la Estrategia Económico-Social para el impulso de la economía y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la COVID-19” publicada hace unos días por las autoridades, no aparecen referencias significativas al tema del reordenamiento monetario.

Por lo tanto, aquel proceso que al parecer puede iniciar pronto no completaría la reunificación monetaria, aunque sí implicaría una reforma general de gran envergadura.

Los problemas de la economía de la exhortación no los resuelve la unificación

Ya es sabido que la reforma del Sector Privado y Cooperativo (SPC) —expansión de actividades permitidas y formalización de las MPYMES— debe anteceder a cualquier medida de reunificación. La generación y consolidación de opciones productivas o de servicios en el SPC debe garantizarse antes de que se produzca el ajuste de fuerza de trabajo en el Sector Estatal que derivaría de la devaluación. De hecho, el otorgamiento de licencias debería permanecer abierto ahora para facilitar opciones de corto plazo a emprendedores y empleados que han sido golpeados por la inactividad durante estos meses. Por otra parte la limitada capacidad institucional para llevar varios procesos complejos a la vez —y con la pandemia de fondo— podría provocar contratiempos.

No obstante, la reforma monetaria, por sí sola, no va a quitar la “casi totalidad” de las trabas que hoy tenemos para el desarrollo de las fuerzas productivas. Porque la dualidad contiene solo una parte de las distorsiones. La trabazón del modelo de funcionamiento y por tanto la escasa respuesta productiva está asociada al sistema de incentivos imperante. Las distorsiones monetario-cambiarias constituyen uno de los problemas de ese sistema de incentivos, tal vez el más visible y abarcador pero no el más importante.

El sistema tiene un problema de objetivos difusos, que le urge resolver. Arreciar las acciones de control sobre los estatutos rigurosos de la legalidad —profusa aún en prohibiciones absurdas que el propio Ministerio de Economía y Planificación pugna por corregir— conduce por un camino opuesto al salto productivo que se requiere.

Intentar desatar las fuerzas productivas bajo la estrechez del marco normativo actual —jurídico y político— es justo lo que se ha venido haciendo durante décadas. No produce resultados. Es tiempo de cuestionarse las ordenanzas. Si el inventario de trabas que ha venido identificando el presidente resulta acucioso, la ley y el orden en Cuba tendrán que incorporar dos tesis esenciales: una economía diseñada para el control tal vez produce control, pero no desarrollo; convertirnos en una economía de exportación no es posible sobre la base de la exhortación.

Si se precisaran datos de rigor para confirmar estas tesis, ahí tenemos la producción agrícola de los últimos cinco años previos a la pandemia. Las contiene a ambas. Este es el sector más y mejor atendido por todas las instancias de dirección del Partido y el Gobierno, el más visitado, el más controlado. Pues sin una revolución total en la agricultura, que dinamite políticas, directivos, instituciones, incentivos, modelos de gestión, mecanismos de asignación de recursos, canales de comercialización, métodos de chequeo, y hasta formas de propiedad si fuera preciso, no habrá salvación posible. Lo mismo aplica para el resto de la economía.

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