Cuba y Haití, una historia común de dolor, sufrimiento y supervivencia

Alberto N. Jones

HAVANA TIMES, 18 dic. — La impresionante solidaridad internacionalista que Cuba le ha brindado durante los últimos cincuenta años a el Congo, Argelia, Mozambique, Granada, Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Jamaica, Timor Leste, Paquistán, Etiopia y en ningún otro lugar del mundo como en Haití, Angola y Sudáfrica, excluye, extingue y desenmascara cuantas preguntas, dudas o insinuaciones, con las que pudieran intentar manchar la definida postura de Cuba en favor de los pobres, ignorados y abusados, donde quiera que estos se encuentren.

A pesar de tener Cuba una tarea monumental en la erradicación de las desigualdades raciales y  la persistencia de racismo lo antes posible, el pavoroso terremoto que arraso a Puerto Príncipe, Haití, el día 12 de Enero del año 2010 y que le causara  la muerte a más de 250,000 personas, 300,000 heridos y mutilados y 1.5 millones de mujeres, niños y ancianos sin techo, expuestos a nuestro crudo medio ambiente tropical, obliga a todo hombre de buena fe alrededor del mundo, a hacer un alto en sus obligaciones nacionales y centrar su atención en esa catastrófica calamidad.

Inmediatamente después de ocurrir este desastre publique, “El momento de la verdad” 13/1/10, “Actuemos ahora en Haití antes que sea demasiado tarde” 15/2/10 y “¿Permitiremos que muera Haití?” 15/11/10 en afrocubaweb.com.  Hoy, más de 100,000 víctimas están contaminadas por el cólera y unos 2,000 han muerto innecesariamente debido a este previsible brote infeccioso.

A la par que el mundo fue conociendo de la magnitud de este desastre, un desbordamiento de solidaridad fue tomando cuerpo en casi  todos los países, mediante el ofrecimiento de todo tipo de ayuda.  Miles de millones de dólares fueron prometidos y dos ex presidentes de los Estados Unidos fueron alistados por el presidente Barack Obama, para que presidieran sobre este proceso de recuperación.

Once meses después

A once meses del terremoto, Haití se encuentra sumido en la ineficiencia, indolencia e ineptitud frente a un masivo sufrimiento humano.  Muchos de los que se suponía dirigieran el proceso de recuperación, simulan acciones, posan para fotos, ofrecen conferencias de prensa y hacen frecuentes apariciones en la radio y la televisión.

Ha llegado el momento para que nosotros, personas ordinarias demos un paso al frente.  Esta tragedia es básicamente un desastre Americano, Caribeño y africano, independientemente de todo el apoyo humanitario y la generosidad del resto del mundo.

Al momento de escribir estas notas, 200,000 escolares se encuentran en la calle de Puerto Príncipe sin techo, escuelas, cuidados médicos, alimentos y están seriamente amenazados por una variedad de enfermedades transmisibles.

Ningún país en el mundo excepto Cuba, cuenta con la infraestructura, recursos humanos, experiencia, compromiso con el dolor y sufrimiento de los pobres y la convicción política para abrir sus puertas y confrontar un problema de esta magnitud, el cual clama por la inmediata reubicación de miles de víctimas hacia  donde  podrían ser salvaguardados y ofrecidos los medios elementales de supervivencia.

Cuba no puede solo

Pero Cuba no puede acometer este proyecto solo.  Cuba está atravesando en estos momentos su  mayor crisis económica en más de 500 años de historia. Los cubano-americano elegidos al Congreso y Senado de los Estados Unidos, ya han puesto a Cuba sobre aviso, acerca de la próxima imposición de mayores medidas punitivas, que le infligirán mayores sufrimientos, destrucción y muerte a nuestro país.  Tampoco se vislumbra mejoría alguna o detente en las relaciones de EUA-Cuba con este o con las próximas administraciones.

¡Si solo fuésemos capaces de persuadir a las decenas de miles de médicos, juristas, contadores, comerciantes, iglesias, organizaciones sociales, agricultores y educadores afro-americanos, para que hicieran una modesta donación económica anual para salvar estos niños; podríamos hacerlo!

¡Si fuésemos capaces de persuadir a millones de emigrantes del Caribe, América Latina y África residiendo en países del primer mundo para que hicieran lo mismo; podríamos alcanzarlo!

¡Si fuésemos capaces de persuadir a cada isla del Caribe, Centro América y África, aun conociendo de sus niveles de pobreza, que se comprometieran públicamente con el nivel económico o material que serian capaces de aportar a esta causa; se podría lograr!

Una propuesta para niños Haitianos

Si fuésemos capaces de persuadir a otras naciones, sus ciudadanos e instituciones, que de una vez y por todas, hagan dejación de sus sentimientos antagónicos, se unan al mayor y mas importante vuelo humanitario en nuestro hemisferio, esto permitiría fueran re-ubicados decenas de miles de escolares Haitianos desde la zona de desastre de Puerto Príncipe, hacia escuelas que han sido remodeladas y re-equipadas en la Isla de la Juventud, Cuba, donde podrían recibir una educación de primerísima calidad.

Esta propuesta pudiera parecer ingenua, absurda o imposible de hacer, por aquellos no relacionados con la historia moderna de Cuba.  En la década de los años 1960-70, Cuba rescato a mas de 40 mil niños expuestos a graves peligros en  zonas de guerra en África, los cuales fueron re-ubicados en la Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, donde recibieron abrigo, educación, alimentos, cuidados médicos, deporte y cultura.

Hoy, miles de esos sobrevivientes pueden encontrarse en sus países de origen o en sus países adoptivos, brindando la experiencia adquirida en educación media o superior, en las áreas de ciencia, deporte, cultura y otros.

Haití no es distinto a África o a ningún otro lugar.  La puesta en marcha de un proyecto de esta naturaleza, no solo podría salvar a estos niños, sino además, podría abrir una brecha para el desarrollo científico-técnico que este país necesita para su desarrollo, dejando atrás la ignorancia, atraso y el rechazo de otros, para transformarse en aquel faro de luz por el Tousaint L’Overtoure, Desalines y otros, vivieron y dieron sus vidas.

Muchos en el mundo desconocen que Cuba ha graduado a mas de 150 médicos Haitianos y una cantidad similar de enfermeras y técnicos de la salud, los cuales se encuentran junto a otros mil profesionales de la salud, proveniente de la Escuela Latino Americana de Medicina de la Habana, quienes se encuentran en la primera línea de combate, en contra de este monstruoso brote de Cólera en Haití.

Al contrario de lo que se le ha hecho saber a algunos, los Cubanos en Haití no son recién llegados, ellos han estado allí durante los últimos 10 anos, luchando hombro con hombre con el pueblo Haitiano.

La Escuela Caribeña de Ciencias Medicas del Caribe en Santiago de Cuba, la cual tiene la responsabilidad de formar a miles de médicos y enfermeras para el Caribe y África, tiene en estos momentos a unos 1000 estudiantes Haitianos en diferentes niveles de sus estudios de medicina y cuya meta es graduar a 100 médicos anuales durante los próximos 20 años.

Debemos depender entonces de los cientos de millones que han sido donados por la comunidad internacional, mucho de los cuales permanecen depositados en mega-bancos ganando intereses, pagando a un ejército de burócratas salarios exuberantes, lujosos estilos de vida o en el alquiler de lujosas oficinas?

¿Puede alguno de nosotros imaginarse a un Haití, el resto del Caribe, América Latina y África, formando parte de este enorme programa de desarrollo educacional, el cual podría graduar entre 5,000 y 10.000 estudiantes por año en cada uno de los campos del saber?

Ahora es el momento, para que todo  el mundo comience a sufragar la deuda impagable que han contraído con ese pueblo, por todo lo que Haití nos ha ensenado acerca de Libertad, Independencia y Dignidad humana, así como por su enorme capacidad de perdonar a esos países que tanto dolor y sufrimiento le han infligido cruelmente.


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