Cuando se llega tarde al jueves

Por Aurelio Pedroso (Progreso Semanal)

Foto: Progreso Semanal

HAVANA TIMES – Nuestro editor de Progreso Semanal en Miami debió pensar más de una vez en marcarme la cruz roja ante mi inasistencia en la entrega del pasado jueves, pero al explicarle las razones comprendió que estaba más que justificada.

En Cuba esas ausencias son muy comunes. Desde aquella empleada de farmacia que cerró el establecimiento y colocó un cartel donde se leía “cerrado por fallecimiento de un familiar”, hasta en una oficina municipal de Trabajo y Seguridad social donde la única funcionaria especializada en el papeleo de las jubilaciones dejó de trabajar casi una semana por “problemas familiares.”

Es como para hacer un tratado de justificantes, y al calor del frenesí de las exportaciones, imprimir y vender el texto al tercer mundo y nunca al primero, porque allí esas cosas no ocurren.

Tras dejar a un lado la covid-19 y escapar milagrosamente de ella por el momento, hay otras adversidades no deseadas a nadie que te impiden cumplir con las obligaciones laborales.

Largo el ramillete de zancadillas del día a día. A saber, tener que ingresar a un hospital por otros motivos ajenos al virus. La falta de algún medicamento esencial para la supervivencia o su entrega tan tardía en los almacenes de Aerovaradero, cuando ya el necesitado ha pasado a mejor vida. Soplarse una kilométrica cola en busca de café y recibir la sorpresa de que se ha agotado. O padecer de una rotura hidráulica que obliga a casi una semana sin agua.

La falta de ella ocasionada por el mal trabajo de una cooperativa que le propinó un “picazo” a la conductora del líquido. En paralelo, como para completar la agonía de todo un edificio, podrida la conductora colocada allí en 1946, más la rotura del motor o bomba para complementar el Via Crucis.

Y es que el negro rosario no termina allí. La estatal Aguas de La Habana, al igual que los de la electricidad, solo llegan a la acera o el poste. Lo demás, es asunto de la gente. Entonces, si el costo una mano de plátano fruta ha subido el doble como anuncio de la inflación que ha llegado, imagínese el lector, una pieza de plomería y una conductora nueva de 25 metros, más el motor adquirido de forma “no estatal.”

Una verdadera prueba de fuego para comprobar la resistencia de ciertas partes del cuerpo humano.

Y ya al final, con el agua en casa, uno no puede menos que alegrarse en vida con un buen baño, que dicen logra refrescar los ánimos, según algunos libros.

Lea más de Aurelio Pedroso aquí en Havana Times.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *