Biden no, la ONU

Por Ronal Quiñones

Jóvenes listos para reprimir protestas en La Habana. Photo: Abraham Jiménez Enoa

HAVANA TIMES – Tras el levantamiento popular ocurrido el fin de semana en Cuba, los cubanos que viven fuera han girado su vista hacia el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, para pedirle una intervención humanitaria.

Sí, leyó bien, puse fin de semana y es con toda intención, porque poco o nada ha ocurrido desde entonces. ¿Por qué? Evidentemente no porque la gente haya cambiado de idea, sino porque no le han dejado manifestarse nuevamente.

Desde la tarde noche del domingo salieron las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida a las calles para enfrentarse a quienes, con las armas de su ira solamente, tomaron por asalto las calles en buena parte de la isla.

Para quienes no conozcan el término, se trata de grupos de personas que, en su inmensa mayoría, son militantes del Partido Comunista de Cuba y de la Unión de Jóvenes Comunistas, pero también trabajadores no afiliados a quienes les conminan a participar y lo hacen por miedo a perder sus trabajos si se niegan.

Esta representación del pueblo, como le gusta decir al presidente Miguel Díaz-Canel, salió a las calles armada con palos, y a ellos se sumaron las fuerzas especiales, la policía regular y quienes pasan el Servicio Militar Obligatorio.

Contra toda esta fuerza, la mayoría entrenada, los manifestantes poco o nada pueden hacer, como no sea poner el pecho y la dignidad por delante. Los atropellos y abusos se han repetido en todos los escenarios, y ni siquiera el bloqueo de internet, que todavía persiste, en especial de los datos móviles, ha impedido que trasciendan imágenes y videos al respecto.

Pero todo eso es básicamente del domingo. Durante los enfrentamientos hubo miles de detenidos, a los cuales se les confiscaron sus celulares, y aprovechando sus propias grabaciones fueron identificados los líderes y neutralizados. Esa madrugada fueron casa por casa sacando también a quienes son los rostros visibles de la oposición, y a quienes no arrestaron les montaron guardia permanente para imposibilitarles salir a la calle.

De esa manera, es casi imposible que se vuelva a dar otro estallido.

Ahora bien, los cubanos de fuera han dirigido sus esperanzas a Biden, y me parece que no es ese el camino. Legalmente, al presidente estadounidense le es muy difícil justificar una intervención, en primer lugar porque al no haber Internet, desconoce lo que pasa en estos momentos en el país. Sumemos a esto que ya Rusia advirtió oficialmente en tono amenazante que esa opción sería bien peligrosa.

Tampoco es la mejor vista entre los propios cubanos, porque durante décadas de adoctrinamiento nos han dicho que es el Coco, que mancilla nuestra soberanía, etc.

Entonces me parece que la batalla no está en Washington, sino en Nueva York. Es a la sede de la Organización de Naciones Unidas a donde deben dirigirse la mayoría de las caravanas de presión.

Allí es donde se puede avalar una intervención de fuerzas extranjeras, o por lo menos presionar al gobierno cubano a dimitir. Para que salgan los Cascos Azules, que serían mucho mejor vistos que las tropas estadounidenses regulares, se necesitaría el consenso del Consejo de Seguridad, y con Rusia allí es prácticamente imposible, porque tiene derecho a veto.

Ahora bien, si la presión internacional aumenta, y se logran documentar los atropellos y violaciones en ese escenario multinacional, no les quedaría otro remedio que aceptar la intervención de la ONU.

Los reclamos deben llegar sobre todo a quienes mejor nos pueden entender: los miembros del antiguo Campo Socialista, perfectamente conscientes de lo fútil de combatir sin armas contra un estado totalitario que no escatima recursos en tratar de mantenerse en el poder, aunque esté en plena miseria.

Si Polonia, la República Checa y todas esas naciones que vivieron nuestra misma realidad comienzan a presionar en la ONU, junto al propio Biden, por supuesto que el clamor tendrá que ser escuchado y podríamos encontrar la ayuda que necesitamos aquí adentro.

Hace menos de 30 años pasó algo parecido en Ruanda, cuando una parte de la población, armada de machetes, intentó exterminar a la otra. La ONU tomó cartas en el asunto solo cuando las cosas alcanzaron la magnitud de un genocidio. Pero entonces no había Internet. Con esa terrible experiencia y el cargo de conciencia que debe acompañar a quienes en ese momento no actuaron de inmediato, hoy las cosas deben ser distintas si al Consejo de Seguridad llegan los videos que circulan en las redes sociales.

Otra vía que se debe explotar es la religiosa. Todos los representantes de la Iglesia se muestran a favor de los derechos humanos, y es momento de demostrarlo para hacer llegar el reclamo hasta el Vaticano, y acompañar a los manifestantes para proteger sus vidas. Un pronunciamiento del izquierdista Papa Francisco puede ser la gota que colme la copa de la paciencia en las mentes de los decisores mundiales.

Un dictador con las manos ensangrentadas como Augusto Pinochet tuvo que aceptar hacer un plebiscito porque todo el mundo occidental lo presionó. Si se pudo en Chile, tiene que poderse en Cuba también, y ojalá por la vía pacífica también.

El llamado a la violencia de la máxima figura política de la nación no puede pasar desapercibido. Hasta ahora solo se ha reconocido un muerto de manera oficial, y como era de esperar fue tildado de delincuente común, pero debe haber muchos más, y aunque no los hubiera, las golpizas no se justifican.

Muchos se extrañan de no haber escuchado a los tradicionales líderes opositores en estas últimas horas, y es que están amordazados. Tampoco se le puede pedir al pueblo que salga a dejarse masacrar, que es la única manera, a mi modo de ver, para que no los acusen de ser ellos los violentos, y eso de cierta manera deja las cosas como al principio.

Por eso es imprescindible que el mundo vea lo que ha sucedido, y que no ha dejado impasibles ni siquiera a varias figuras públicas de la isla que se han manifestado públicamente del lado del pueblo como los músicos Adalberto Álvarez, Leo Brouwer y Leoni Torres, además de otros intelectuales y artistas, consternados por la violencia policial y paramilitar.

El domingo fueron sorprendidas las autoridades cubanas, pero será muy difícil que esto se repita.

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