¡A correr que ahí viene Obama!

Vicente Morín Aguado

El amigo se va.
El amigo se va.

HAVANA TIMES — “¡Sube sin protestar, te lo advertí, esta vez no escapas!, así me dijo el guardia el 1ro de marzo. Por cierto, días atrás corría el rumor, ¡viene Obama y hay que limpiar las calles!

Estamos en uno de los dos bancos que adornan las ruinas de la esquina Villegas y Muralla en la Habana Vieja. El entrevistado no permite fotos, tampoco se identifica, pero cuenta su historia, desordenada, hay que atar cabos hilando su sinceridad mezclada con alcohol.

HT: ¿Ustedes ensucian las calles?

“Mi papá fue jefe del 26 de julio en el barrio, un día le dijo al Comandante: “Fidel, te voy a hacer una pregunta, ¿a qué Moncada tú fuiste?”

Le respondo: “Bueno, dicen que el Comandante llegó tarde esa madrugada del 26 de julio.”

“Ramiro es un “peiito” de hombre, pero tomó la posta y comenzó el combate, él, el jefe, llegó tarde.”

Replico: Pero si Maceo nunca llegaba tarde al combate.

HT: ¿qué te sucedió para ser atrapado por aquel teniente hace dos días?

Nada, me entretuve con mis buches de vino, estaba en la calzada de Galiano, llegó la guagua y me montaron, directo a un campamento allá por El Cotorro. Una posta con policías a la entrada y recuerdo un cartel donde dice que es centro de la Seguridad del Estado.

HT: ¿Buen tratamiento para los recluidos?

Si, hasta cierto punto, la comida es buena: picadillo, arroz, vianda y ensalada, todo en pequeño, «un tinguaro», ya sabes, pero mejor que en la calle. Te dan un jabón, una colchoneta y, al menos, cuando era de noche cayó una colcha.”

Una doctora hacía entrevistas, le dije que yo tenía familia, mujer, hermanos, hasta mis padres vivos, y eso que ando por los 55. Aquello era, es un antro de perdición. Mujeres agachadas hacían caca en el piso, hasta dos locos enredados en el sexo delante de los demás.

HT: Entonces, ¿cómo escapaste?

A la tarde del segundo día me avisaron de un hueco en la cerca, por la parte de atrás, hasta allí me arrastré. La libertad no tiene precio. Caminé unas 60 cuadras hasta las «ocho vías», siempre aparece un alma caritativa, conseguí dos pesos, alcancé la parada del rutero «8», directico a la Habana Vieja.

Villegas, frente el punto donde venden el vino.
Villegas, frente el punto donde venden el vino.

HT: Estás fichado, ya no puedes volver a Galiano, a ninguna calle céntrica, menos ahora que viene Obama:

Me jodieron, una granada en Angola, 1986 con Tomassevich- General de Cuerpo de Ejército de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)- explotó delante de mí, heridas en el pie, puedes verla, y en este brazo. Regresé a Cuba y hasta ahora…

HT: ¿Cuál es tu retiro?

Ninguno, trabajé antes 14 años, no acumulo para jubilación y nada me dieron. Mi padre sí tiene una buena chequera y cada semana recibo 100 con lo que voy tirando, junto a mis pequeñas acciones.

La conversación se alarga y el amigo brinda:

“Prueba este vino! tengo otro pomito de reserva.” No gracias, le digo. Se trata de envases plásticos de medio litro, agua mineral para turistas, valen diez pesos en moneda nacional llenos de vino a granel.

HT: ¿Has recibido tratamiento médico antes?

“Estuve varias veces internado en el Hospital Siquiátrico, Mazorra le dicen, allí es diferente, mucho orden. Conocí a Maradona, a Douglas Rodríguez el boxeador y a Michel Maza el cantante.”

HT: Ahora, viene Obama, el presidente negro, ¿Te alegras?

Son unos descarados, tienen a Lazo en el Poder Popular para demostrar que hay negros en el Comité Central, y al otro, el de los sindicatos, total, te quitan el dinero, la cotización, sin ninguna ventaja, al final mandan los galleguitos, el negrito de Jovellanos no pinta. Yo ando fuera de la política, yo estoy, como se dice, cumplido.

El hombre de la camisa a cuadros desvaría, acaba de entrarle al segundo pomo de vino, y va enredando la conversación:

Me dan pena esos muchachos con las bici-taxis, el asiento donde apoyan sus genitales, de tanto esfuerzo, termina por causar cáncer en la próstata. Y todo por ganarse unos pesos con los turistas.

Bueno, le aclaro, si te fijas bien, los sillines están cambiados por almohadones cuadrados, así protegen sus testículos y siguen luchando dólares.”

El entrevistado se levanta, mira a su alrededor y se va sin una despedida formal, mientras me dice:

El que debe estar ¡emping…! es aquel teniente porque me le fugué del internado, yo ahora huyéndole a la Policía, al menos hasta que se vaya Obama.


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