Carnaval brasileño, una revolución femenina

Por Mario Osava

HAVANA TIMES, 15 feb (IPS)  – Fátima Oliveira, una de las pocas médicas negras de Brasil, frecuenta siempre “el carnaval más bonito”, en Sabará, ciudad de 130.000 habitantes del estado de Minas Gerais, donde “los hombres se visten de mujer” en una fiesta “muy familiar, del pueblo, sin turistas”.

Los travestidos son habituales en los muchos y variados carnavales brasileños. Pero es masivo en Sabará, sudeste del país, puntualiza Oliveira, integrante del consejo de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe que antes presidió la Red Nacional Feminista de Salud y Derechos Sexuales y Reproductivos.

El carnaval brasileño es “una fiesta integral, libertaria, de expresión corporal, de desnudarse de lo cotidiano para convertirse en lo que le gusta a uno”, y eso favorece a las mujeres, especialmente a las negras, protagonistas incluso de un rescate estético como “reinas” y modelo de belleza, dijo a IPS.

El carnaval tiene orígenes paganos anteriores al cristianismo, con un carácter subversivo, de dar vuelta el mundo. El catolicismo lo adoptó para ajustarse a la fiesta popular, pero dándole el sentido de “adiós a los placeres de la carne”.

El carnaval de este país sudamericano de más de 192 millones de habitantes es considerado el más importante de los que se celebran en el mundo antes de la cuaresma cristiana, y se prolonga por más de una semana.  Sus “escolas do samba” (escuelas de samba o agrupaciones de música y baile) y sus bandas ensayan todo el año para los desfiles que se

multiplican por todo el territorio brasileño.

Es “un momento, pero algo queda en el resto del año”, sostuvo Oliveira.

El carnaval es “una inversión del mundo” hacia “la alegría, la abundancia, la libertad y sobre todo la igualdad de todos ante la sociedad”, es lo “femenino en un universo social y cosmológico marcado por los hombres”, según Roberto da Matta, reconocido por darle a esa fiesta la dignidad de una interpretación antropológica.

Pero la fiesta solo sirve para “revelar su justo y exacto opuesto” en la realidad de la vida, dijo a IPS.

“Las mujeres disfrutan de esa inversión del orden que altera jerarquías”, y siempre tuvieron fuerte presencia en el carnaval, un lugar para el “ejercicio del poder de la sexualidad” también de los hombres, observó Sonia Correa, copresidenta del internacional Observatorio de

Sexualidad y Política.

SEXUALIDAD COMPLEJA

Pero hay contradicciones. “El paraíso de la sexualidad” que sorprende a los extranjeros, especialmente a los asiáticos por la manera libre como los brasileños “manejan el cuerpo”, comprende también discriminaciones de raza, “la dominancia masculina” y violencias contra las mujeres y la niñez, matizó Correa.

Además, es creciente la presencia ostentosa de transexuales, que ya superaron la fase de simple exhibición de sus opciones y ganaron legitimidad para defender sus derechos en el carnaval, y acabaron por politizarlo. Una de sus demandas es el derecho a baños propios, ejemplificó Correa.

Hace unos años, contó, un reportero televisivo se encantó con la belleza de una joven en un desfile de las escolas do samba en Río de Janeiro y la siguió para preguntarle su nombre. “Wilson”, fue la respuesta.

La fiesta “mezcla a los desiguales”, pero es fruto de una larga lucha de las comunidades negras, que crearon la forma actual del carnaval en Río y en otras ciudades. En sus inicios, hace unos 80 años, sufrieron una dura represión policial, recordó Correa a IPS.

Hoy, los negros siguen dominando la música y las “baterías” de percusión, que son el corazón de las escolas do samba.

Los homosexuales sí conquistaron reconocimiento como mano de obra artística y ocupando lugares de figuras destacadas en las escolas do samba, y la convivencia en ese medio es positiva, pero no es así en el nororiental estado de Bahia, donde el carnaval es distinto.

Allí no se reduce la violencia homofóbica, destacó Luiz Mott, fundador del Grupo Gay de Bahia (GGB), la más antigua organización homosexual de América Latina.

En Brasil, más de 3.000 homosexuales y travestis fueron asesinatos desde 1980, según los datos del monitoreo de GGB, que asegura que este país es el campeón mundial de esos crímenes. En su último informe, que abarca de 1980 a 2008, sumaban 2.998, y el promedio sube. En 2008, fueron 190 los asesinados, 55 por ciento más que en 2007.

En el carnaval callejero y masivo de Salvador, capital de Bahía, aparecen varios grupos de hombres vestidos de mujer y “asumiendo su lado femenino”, pero “contradictoriamente son homofóbicos”, comentó Mott. Se travisten con la intención de ridiculizar y “refuerzan su antagonismo sexual para el resto del año”, acotó.

Muchos aprovechan la permisividad del carnaval para “descargar sus odios” en un momento en que el ambiente de liberación y el consumo de alcohol aumentan la vulnerabilidad de unos y la agresividad de otros.

Los llamados “tríos eléctricos”, que animan a las multitudes carnavalescas de Salvador, cuentan con muchos cantantes y músicos gays o lesbianas, pero que no asumen su condición públicamente, lamentó.

Para reducir la homofobia, las multitudinarias paradas gay, como la de la sureña São Paulo que reúne a tres millones de personas, son más efectivas que el carnaval, comparó Mott. Allí los LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros) son protagonistas, ganan visibilidad y conviven con muchos heterosexuales, con efectos socializadores, explicó.

ROMPIENDO CÁRCELES

“El carnaval es para la mujer lo que el fútbol es para los hombres”, evalúa Maria Balé, una psicóloga de São Paulo que prefirió dedicarse a hacer fotos y pasteles,  porque rechaza “construir nuevos egos para quienes solo quiere comprarlos falsificados”.

Se trata de un “medio para liberarse de cárceles” que las sociedades fueron acumulando en sus historias,  al “adiestrar” a los seres humanos para su propia supervivencia, con reglas, limitaciones y represiones que se rompen en ciertos momentos para restablecer la naturaleza humana profunda, “animal en el buen sentido”, explicó.

“Es un retorno fugaz de la naturaleza irreprimible, de la potencia creativa, de ejercicio de libertad” humana, importante para ampliar el espacio de la vida sin represión, acotó. Ese es el papel también de las artes, de otras expresiones culturales y de los deportes.

Para las mujeres el beneficio es más evidente porque ellas tienen “más cárceles de las que liberarse”, y por eso las hijas son las que más tienen que pelear con sus familias para participar en la fiesta, subrayó.

El carnaval es una “fiesta femenina, también por acoger a todo el mundo, uterinamente”, reflexionó ante IPS.

Sobre la mercantilización del cuerpo, cada vez más desnudado en los espectáculos del carnaval, dijo que “más obsceno son los desfiles de moda, que valoran la ropa usada, en un ejercicio del poder material”, en que las mujeres son usadas “como unas perchas.

Oliveira rechaza la crítica moralista a la desnudez, “una tradición cultural brasileña”. El carnaval “desnuda la hipocresía”, y sin esta fiesta anual “la mujer sería más discriminada” en la vida cotidiana, opinó Balé.

Carnavales como los de Río y São Paulo derivaron en un espectáculo comercial, con los desfiles de las escolas do samba en estadios propios.  Eso se justifica porque ganaron “status de ópera de la calle, una evolución que exige un local adecuado”, arguyó.

Balé recuerda que fue en un desfile de Río, en los años 80, donde por primera vez una mujer negra, conocida simplemente por su nombre Pinah, apareció con un exuberante disfraz femenino en lo alto de una carroza de carnaval, celebrando la belleza negra de forma inédita.

Ahora, se multiplican las actrices y modelos negras en el mundo de la televisión y de la moda.



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