Una fe a prueba de Dengue

Erasmo Calzadilla

Fumigador en La Habana. Foto: Caridad

HAVANA TIMES — Mi querido padre es un auténtico soldado revolucionario, lo que se dice un incondicional. Cualquier tarea que del Olimpo baje, trata de cumplirla sin chistar, aunque luego rezongue.

Así lo educaron y supongo que así será hasta el día en que el alma se le desprenda del cuerpo. Diría que pertenece a esa generación abrahámica que no vacila ante el mandato “divino”.

Y el mandato divino llama, en su enésima temporada, a fumigar semanalmente contra el Dengue.

En cada cuadra o edificio de apartamentos siempre hay “indisciplinados” que no le abren la puerta a los de la campaña antivectorial. ¿Motivos? Diversos.

A veces los bazuqueros llegan sin previo aviso o en un horario inapropiado, a veces hay enfermos en casa o algo impostergable que hacer, o puede que, sencillamente, la gente no esté pa’ esa candanga; pero mi padre no ha dejado de fumigar en ninguna circunstancia.

Un día apareció de la nada el cazafantasma, justo a la hora de la comida y con unos tragos arriba. Casi ningún vecino le abrió pero mi padre dio el paso al frente.

En otra ocasión alguien de la familia andaba con bronquitis; bueno pues, así mismo, con fiebre y tosiendo, tuvo que salir al pasillo mientras inundaban la casa de humo. Vaya, que si todos fueran como mi papi, el Dengue duraría lo que un merengue.

La prueba

Ironías de la vida, o quizás por venganza, el caso es que cuando un mosquito infestado visitó mi edificio ¿con quién creen que se reprendió? Por supuesto que con my family. Todos se contagiaron a la vez y hubo que ingresar a mi madre de lo malita que se puso.

Tratamos por todos los medios de no ingresar a mi abuela por miedo a que la complicaran y nunca regresara, como le sucedió a mi abuelo. Así estábamos de recelosos con los hospitales, pero al llegar al pabellón que el hospital la Covadonga destina a los enfermos de Dengue, la sorpresa fue grande.

El piso y los baños relucientes, sábanas limpias, excelente atención, alimentación aceptable, con carne todos los días… Pero lo que más nos impresionó fue la calidad de los enfermeros.

Es que esa profesión precisa de mucha vocación y experiencia, pero de un tiempo para acá, lo más corriente es topar con el típico enfermero-reguetonero.

El enfermero-reguetonero tipo es un muchacho super joven, que se viste como quien va pa’ la disco, trabaja en el ramo porque no le queda más remedio (y te lo hace saber), es huérfano de conocimientos y habilidades, y se la pasa en juegos eróticos o escandalizando con sus compañeros. Y todo ese bullicio juvenil en un medio que exige, más que nada, tranquilidad.

Pues nada de eso, en la Covadonga los enfermeros eran de excelencia. Jóvenes, sí, pero también amables, atentos, diestros en su profesión. Una Madre Superiora controlaba el trabajo del equipo y velaba porque los revendedores no invadieran la sala. Y como resultado un servicio de muy buena calidad.

Gracias a ellos la historia termina feliz. Al cabo de la semana mi familia recuperó la salud, y papi-Job salió de la prueba con la fe fortalecida.

PD: Varias personas y hasta médicos me han dicho que mi experiencia en el hospital Covadonga fue una excepción.

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.

3 comentarios sobre “Una fe a prueba de Dengue

  • A uno le gusta de vez en cuando leer algo de positivo, a proposito para que fumigan si la gente se enferman igualmente o puede ser que lo que fumigan no sirve para nada

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  • Tu haz armado una campaña antiregueton barbara, esa es la vaina, men; y disfrazas el texto con la sumision a las acciones estatales, que va!

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  • Enfermeros de calidad en un Hospital de la Habana, esa si es una novedad.

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