Cirugía Menor

Alfredo Fernández Rodríguez

El propietario de un aire acondicionado en La Habana tendrá motivos para sentirse diferente.

En una tribu con escasez de agua quien posea un cubo del líquido se sentirá superior al resto de la horda.

El propietario de un aire acondicionado en La Habana tendrá motivos para sentirse diferente a los demás. Pues aquí quien posea tal aparato se libra, al menos en las noches, del áspero verano.

Por estos días la temperatura asciende en las noches y como no tengo buen sueño me preocupa el calor añadido a mi cuasi insomnio.

Perfectamente compraría un aire acondicionado, pero en Cuba estos equipos no se venden en ningún sitio oficial, y si encontrara uno ilegal entonces no tendría los 500 USD que cuesta, y aunque tengo dos trabajos profesionales mi salario anual ronda los 150 USD.

El estado para ahorrar combustible decidió sin consultarlo prohibir la venta a la población de estos equipos en el mercado.

La insuficiencia de lo vital casi siempre termina desplazando la moral, de ahí que en los espacios de carencias extremas las personas adopten comportamientos tan impredecibles como inadecuados.

Ojala que mis ansias de alejarme del calor nocturno no introduzcan en mi cabeza ideas tan  inmorales como la de una posible desigualdad creada por el estado cubano entre sus dirigentes – casi todos duermen con aire- y el pueblo, o de que este es injusto porque me paga un salario que me impide adquirir un aire acondicionado.

Tengo como principal meta en la vida el continuar pensando que todo lo que me ocurre es absolutamente natural y sobre todas las cosas “por mi bien,” de ahí que no me importe el cierre por reparación de casi todos los salones de operación de los hospitales habaneros —aire roto incluido— si nuestros profesionales de la salud escriben paginas gloriosas en Haití y en Chile. Ah, y allí duermen sin aire.

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