Un americano amigo de Cuba

Por Erasmo Calzadilla

Michael Landis en La Habana Vieja.

HAVANA TIMES, 25 julio — Al principio de escribir en Havana Times, novato al fin, me la pasaba muy atento a los comentarios, demasiado diría. Triste cuando desaprobaban mis diarios y alegre como un niño si a alguien le gustaba lo que hacía.

Landis fue de los primeros en hacerme caso. Me comprendía, o al menos eso quise creer, y en respuesta a mis disparates compartía conmigo sus puntos, siempre cargados de buena onda.

Hace unos meses Landis vino a Cuba y lo visité en La Casa donde se hospeda siempre (ya verán porque uso mayúsculas). Resultó ser un señor jovial, más joven y más gordito de lo que me imaginaba, con un espíritu poco común en este ambiente ardiente y agresivo.

Le pedí una entrevista para Havana Times y aceptó instantáneamente, pero concretarla ha sido toda una Odisea comunicativa. Hace más de seis meses correos van y correos vienen entre un sitio frío bien al norte de los EE.UU. y esta isla “quemada por el sol”. Finalmente, tras mucha fatiga y paciencia de su parte lo hemos conseguido.

Ojalá les guste como a mí este norteamericano enamorado del pueblo y la gesta cubana. Un hombre que ha vivido en nuestra isla momentos álgidos de su existencia, incluida su primera novia.

HT: ¿Cuándo y Dónde naciste?

MICHAEL LANDIS: Nací en Filadelfia, Pensilvania. Viví hasta la edad de 14 años en la comunidad Bala Cynwyd pero luego me mudé con mi madre y mis dos hermanas a Miami, Florida, al barrio de Cutler Ridge ubicado 20 millas al sur. Mientras estuvimos en Filadelfia mi familia tuvo una vida confortable de clase media, pero en Miami nuestra situación económica fue más precaria. Cuando todavía era un estudiante de preuniversitario trabajaba cada vez que tenía una oportunidad: durante las tardes, los fines de semana, en el verano. Vendí helado en el Puerto de Miami, fui ayudante de la construcción y hasta jardinero.

HT: ¿Qué te atrajo de esta isla?  

MICHAEL LANDIS: Cuando en la década de los 50 el Miami Herald comenzó a publicar noticias sobre los rebeldes cubanos en la Sierra Maestra, seguí con atención los acontecimientos en Cuba. Antes de eso ya venía interesándome en la política y hasta había leído algunos libros del Padre Marx. Recuerdo que doné mi rifle de cazar al Movimiento 26 de Julio en el restaurante Paolo, uno de sus centros en Miami.

El Malecon de La Habana. Foto: Caridad

Decidí ir a Cuba al triunfar la Revolución. Logré ahorrar vendiendo helado en el Puerto de Miami y en los juegos de futbol en el estadio Orange Bowl, realizando trabajo de mantenimiento en el vecindario, construyendo zanjas en los patios, etc.

En junio de 1959, después de finalizar el segundo año de preuniversitario en la Escuela de Palmetto en South Miami, tomé un autobús Greyhound hacia Key West, y luego una vieja aeronave de la línea aérea “Q” DC-3, que no aterrizó en el José Martí, sino en lo que era entonces el aeropuerto Campo Columbia (más tarde transformado en escuela, ahora un museo).

Pasé el verano de 1959 en La Habana, viviendo en el viejo hotel Roosevelt (Amistad y San Miguel, Centro Habana), sin embargo muchos días y noches visitaba la casa donde ahora viven mi amigo Franco, su esposa, su padre y sobrinos, pero en aquel entonces era de una familia norteamericana.

Traía una carta de recomendación para aquella familia norteamericana. Ellos tenían dos hijas y la mayor y yo sentíamos atracción el uno por el otro. Ella con 14 años y yo con 16 éramos como Romeo y Julieta. Fue el primer romance para ambos; siempre recordamos nuestro primer amor.

HT: ¿Cómo era aquella Habana convulsa de tu primer romance? ¿Simpatizaba tu novia con el proceso revolucionario?  

MICHAEL LANDIS: Me emocionaba al ver que los revolucionarios estaban en el poder. Los jóvenes “barbudos” que menos de un año atrás habían combatido en las montañas a menudo rondaban por las calles de Centro Habana, la Habana Vieja o el Vedado; y tomé muchas fotos de ellos (perdidas desafortunadamente cuando un huracán destruyó la casa de mi madre en la Florida).

Me estremeció la extrema pobreza que vi en 1959, especialmente cada vez que viajaba en la vieja guagua número 22 desde Centro Habana hacia La Lisa (donde tomaba otro autobús que me llevaba hasta Arroyo Arena). En muchos barrios no había casas, ni siquiera cabañas, sino “chozas” cubiertas de latas y cartones. Yo había visto la pobreza en el Sur de mi propio país, pero nunca esa extrema pobreza del Tercer Mundo. También había muchos niños mendigando en las calles.

Me parece que las últimas generaciones, “los hijos de la Revolución”, a pesar de los horrores del “Período Especial” nunca han experimentado la extrema miseria que vivieron muchos cubanos antes de la Revolución.  Fue desgarrador y doloroso.

Por otro lado, mi novia y su familia vivían una vida confortable en una casa de la Avenida #51. Así que ir desde Centro Habana hasta Arroyo Arena era como cambiar de dimensión. El  hotel donde me hospedaba era modesto. El Roosevelt había sido construido durante las primeras décadas del siglo XX, y en la década de los 20 y los 30 debió estar en su gloria, pero a finales de los 50 ya estaba en decadencia.

Una cosa interesante: durante ese verano de 1959, mientras estuve en el Hotel Roosevelt, también vivió ahí un joven norteamericano estudiante universitario y negro: Julian Bond, que también se encontraba de visita en Cuba y quien más tarde se convertiría en un líder del Movimiento de los Derechos Civiles en los Estados Unidos. Bond fue uno de los primeros negros electos al congreso de los Estados Unidos de América. Claro que para entonces no sabía esto, y aunque debimos encontrarnos a menudo por el hotel, nunca nos conocimos.

En ese verano del ‘59 Cuba se llenó de nuevas vistas, sonidos y olores. Entonces, como ahora, me encantaba caminar por el Prado, por el malecón y por las calles estrechas de Centro y Vieja Habana. Mi español en aquellos años era mucho más limitado, así que no podía establecer una conversación con la mayoría de los cubanos. Había recibido clases de lengua hispana durante un semestre pero mis habilidades para hablar y comprender este idioma eran desafortunadamente inadecuadas.

Foto: Bill Hackwell

A diferencia de la actriz principal del filme estadounidense “Dirty Dancing: Havana Nights”(finales de los ’90 o principio del 2000), mi novia tenía poca, si es que alguna, conciencia política. Era una estudiante en la “Academia Lafayette” y se encontraba dando los primeros pasos hacia la independencia personal.

Una noche mientras toda la familia veía a Fidel en la televisión su padre me llamó aparte y me dijo susurrando: ¡No digas nada en contra de Fidel! ¡Nuestra sirvienta está escuchando, y es fidelista! (Él no sabía que yo también era fidelista). Esto ocurrió solamente siete meses después del triunfo, y su advertencia indicaba cierta tensión que ya crecía entre la Revolución y la comunidad expatriada de estadounidenses.

Después supe que cuando Iris y su familia abandonaron la Isla precipitadamente, a finales del 60 o principio del 61, ellos dejaron una de las llaves de la casa con la sirvienta, aclarándole que regresarían dentro de unos meses (para recuperarla) después de que Fidel fuera derrotado.

Nuestra relación durante ese verano maravilloso estuvo más determinada por las pasiones y las hormonas que por la política. Aunque sé donde vive ahora, no he hecho ningún esfuerzo por contactarla. Siento que es mejor dejar los fantasmas del pasado descansar en el pasado. Los recuerdos deberían permanecer sagrados y sin cambiar. Sus padres murieron y probablemente su hermana menor también, así que mi primera novia parece ser la única sobreviviente de su familia cercana.

HT: Sé que viniste en la primera Brigada Venceremos, en 1969, para apoyar la Revolución. ¿Qué otras motivaciones traías?

MICHAEL LANDIS: La Brigada Venceremos me ofrecía una forma de apoyar a la Revolución en la práctica, participando en la “Zafra de los Diez Millones”. Además quería ver qué cambios habían ocurrido en Cuba durante los 10 años y medio transcurrido desde mi primera visita en 1959. También quería conversar y escuchar a los cubanos sobre sus experiencias durante la primera década de la Revolución.

A propósito, solo en una ocasión y muy rápidamente, durante mis dos meses y medio en Cuba en 1969-70, tuve la oportunidad de ver la anterior casa de mi primer amor.

Una noche, después de participar en la inauguración formal del pueblo Ben Tre, al norte de Bauta, nuestro autobús rodaba por la Avenida #51 en su camino de regreso a Aguacate cuando pasamos frente a la casa, pero no pudimos detenernos por cuestiones de tiempo. También durante esos meses me iba ocasionalmente a La Habana Vieja con amigos, o solo, para visitar lugares interesantes, sobre todo los sábados en la tarde y los domingos. Pasaba la mayor parte del tiempo con los miembros de la brigada, tanto cubanos como norteamericanos. Los cubanos de la brigada eran, por supuesto, seguidores fieles de la Revolución y en su gran mayoría miembros del Partido Comunista de Cuba o de la Unión de Jóvenes Comunistas.

Trabajé duro, pero estoy seguro que mi producción no fue gran cosa. Otros miembros de la brigada tampoco trabajaban mucho, y los cubanos del grupo de servicio tenían que ir a cortar caña cuando terminaban sus actividades regulares para ayudarnos a cumplir la meta; me sentía culpable.

Después de cortar caña en Aguacate y sus inmediaciones (en las afueras de La Habana), recorrimos la Isla de punta a cabo (excepto Pinar del Rio), incluyendo la Isla de la juventud, Provincia Habana, Matanzas, Las Villas, Camagüey y Oriente, y la mayoría de los cubanos que conocimos eran, por supuesto, fieles seguidores de la Revolución. Muchos se habían beneficiado con nuevas viviendas, servicios de salud, educación y trabajo. Conocí a varios que criticaban la Revolución, pero tenían que susurrar sus críticas aguantando la respiración.

En lugar de participar en actividades programadas por la Brigada, algunas veces en las tardes de sábado y los domingos, con mis amigos o solo, tomaba el autobús local desde Aguacate hacia La Habana, pero curiosamente nunca pasé por casa de mi primera novia en la Lisa-Arroyo Arena. Una noche, mientras esperaba por un helado en la cola de Copelia, conocimos unos estudiantes del ICAIC que nos invitaron a ver la transmisión especial de una película en la beca (dormitorio estudiantil), para entonces ubicada en el Vedado.

Esta “proyección especial “-era el filme estadounidense “Journey to the Center of the Earth (Viaje al Centro de la Tierra), versión hecha en 1959, donde uno de los principales “actores” era el solista Pat Boone. Él fue el rockero que amaron nuestros padres. Nosotros, por supuesto, lo odiábamos. Mi generación prefirió mucho más a Elvis Presley, o mejor aún, a  Jerry Lee Lewis y Buddy Holly!  Hoy en día los adolescentes rechazan de igual modo a Justin Beiber.

Recuerdo también que dirigí un grupo de mis compañeros brigadistas en una visita a la embajada de la República Popular Democrática de Korea, donde recibí como regalo el volumen I de la “Biografía del Gran Líder, General Kim Il sung”, un libro que alcanzó nueva altura en “prosa púrpura”.

HT: ¿No fue en esa ocasión que te ocurrió algo “surrealista”?

MICHAEL LANDIS: Si, así fue. Un día cercano al 25 de diciembre de 1969, fecha en que casualmente cumplía 27 años, Fidel vino a Aguacate a visitar la brigada. Durante el día iba a cortar caña con nosotros y yo fui uno de los siete afortunados que fueron seleccionados para cortar caña junto a él. Durante la merienda de la mañana o de la tarde, o quizás mientras él cortaba caña, podíamos hacerle preguntas. Yo era demasiado tímido, y solo escuché las preguntas de otros.

Esa noche, en el comedor, nos permitieron sentarnos en la misma mesa junto a Fidel (este fue tal vez el punto más álgido de mi vida), y a pedido de él le pasé la sal. Más tarde hubo un programa en el salón social, y Fidel respondió preguntas a profundidad. Recuerdo que la sesión de preguntas y respuestas duró varias horas, y en medio de estas se fue la luz.

Fidel siguió contestando (los audífonos del traductor simultáneo deben haberse apagado) y la única luz que se veía en el salón era la punta del tabaco de Fidel que subía y bajaba mientras hablaba.

De todas las preguntas de esa sesión recuerdo solo una. Alguien le preguntó si como líder de la Revolución, tener tanto poder “podría hacerle perder la cabeza”, y si estaba en peligro de corromperse. Respondió con una larga respuesta como acostumbra a hacer (creo que solo la respuesta a esta pregunta tomó casi una hora) y su argumento demostró que había pensado muy bien y durante mucho tiempo sobre el tema. Había pensado en las implicaciones y los peligros de tener tanto poder, y los expresó.

Fidel estaba bien consciente de los peligros que acarreaba tener tanto poder, pero se sentía obligado a usarlo, aunque esperaba hacerlo de forma que beneficiara su país. He sentido tanto antes, como después, que los cubanos eran afortunados de tener a un líder como este. Claro que se han cometido errores también (y no tan pequeños) ¿Por qué? Por esa misma razón: la concentración de poder en un solo hombre, en una sola clase (“los guardianes”), etc.

En aquel momento, como ahora, permanezco indeciso en cuanto a los beneficios de esta concentración de poder.

HT: ¿Temiste por la libertad de los cubanos en un sistema con tal concentración del poder?

MICHAEL LANDIS: Durante mi visita de 1969-1970, la Revolución ya había comenzado a tomar medidas contra algunos de sus escritores, poetas, músicos, artistas y otros intelectuales; y cuando la Revolución apoyó la intervención de la Unión Soviética contra el gobierno reformista de Checoslovaquia no me gustó, tampoco a otros miembros de la brigada; pero como este país estaba subsidiando la Revolución y también apoyaba la lucha de los vietnamitas nos tragamos nuestras críticas de forma oportuna. Todo el que haya estudiado historia sabe que las revoluciones con frecuencia terminan devorando a sus propios hijos.

Sin embargo tenemos la esperanza de que las futuras revoluciones y las personas que las lleven a cabo no cometerán el mismo error. Por otro lado, ¿qué es lo que “nosotros” conocemos sobre el ejercicio del poder estando tan lejos de ello?

Fidel Castro 2010. Foto: Estudios Revolución

Creo que Fidel y quizás otros líderes tengan lo que el Padre Freud llamaba percepción “oceánica”  de la “Libertad”  y de la “Autonomía”.  La mayoría interpreta esto como tener la “Libertad” y la “Autonomía” para imponer sus propios criterios al resto de las personas, a la fuerza si fuera necesario. Este fue el caso del antiguo “Campo Socialista” (y de manera menos directa en Estados Unidos y en Europa Occidental también.) En el antiguo Campo Socialista se sustituyó a un gánster político por otro económico. Como dijo Janis Joplin una vez, “Libertad es solo otra manera de decir: nada que perder!”

HT: ¿Ha cambiado en algo tu entusiasmo hacia Cuba desde entonces? ¿Encontraste los eidos platónicos que andabas buscando?

MICHAEL LANDIS: !Si… y no! !Si… y no! La “tinta” de mis “espejuelos rosados” se ha desteñido. Sin embargo Cuba ha recorrido un largo camino y se ha sobrepuesto a muchos errores. Todavía le falta una gran distancia por andar, pero los izquierdistas como yo, esperamos que tenga el potencial para vencer este trayecto. Si fuéramos religiosos nuestras esperanzas se convertirían en plegarias, pero como somos materialistas-dialécticos estas deben permanecer como esperanzas, aunque sean tan insubstanciales como el pensamiento mágico de los religiosos. Como el mundo ha cambiado Cuba tuvo que cambiar y sigue hoy un camino más pragmático.

El ímpetu inicial de la Revolución cubana era construir una sociedad más justa en lo económico, social y político. Estas “Ideas” (platónicas) todavía están ahí, siempre estarán; solo necesitan extenderse a todos, no solo a los “guardianes”. Y estos últimos necesitan incorporar a todos los ciudadanos en este proceso de “custodia” si quieren que sus ideas florezcan y triunfen. En resumen, la justicia política, social y económica debe convertirse en un verdadero proceso dialéctico.

Quizás durante mi visita en los años 69-70; y definitivamente en visitas posteriores en el 2004, 2006, 2008 y el 2010, todos los cubanos que contacté estaban demasiado ocupados tratando de sobrevivir el día a día, semana a semana, mes a mes. A pesar de las necesidades reales todavía hay mucho altruismo en la forma en que los cubanos tratan a sus familiares, amigos y vecinos. Como dice el refrán, “Los cubanos no tienen nada, pero están contentos de compartirlo contigo”. En cuanto a lo que se refiere a las “ideas” platónicas, ¿acaso el mismo Sócrates no dice al final de LA REPÚBLICA que “quizás ese estado ideal nunca existirá? Pero esto no debe detener nuestros esfuerzos de intentar hacerlas realidad” (parafraseando).

HT: Sé que tus hijas ha visitado Cuba ¿Ellas piensan como tú?

MICHAEL LANDIS: Mis hijas no comparten mi obsesión con Cuba. Tanto ellas como mi esposa visitaron la Isla en el 2004, durante dos semanas; y la mayor de mis hijas, Daphne, regresó conmigo en el 2008, cuando tenía 16 años. Las dos esperan realizar futuras visitas, pero para ellas Cuba no está tan cargada de significado connotativo y denotativo, ni de experiencias emocionales. Mi hija menor, Dorothy, que ahora tiene14 años, está aprendiendo Español en la secundaria básica. Recientemente, un grupo de compañeros de aula, incluyendo algunas amistades, visitaron Cuba y trabajaron de forma voluntaria en dos centros donde niños con Síndrome Down hacen artesanías; uno en Pinar del Río y el otro en La Habana. Mi hija mayor también percibió en nuestra visita del 2008 que la vida diaria en Cuba es una lucha constante.

HT: ¿Te gustaría pasar la vejez acá como un buen cubano más? Si te decides estaremos esperándote.

MICHAEL LANDIS: El momento para ese cambio hubiera sido en 1959, o incluso 1969-70. Ahora estoy demasiado implicado con el lugar donde he vivido la mayor parte de mi vida. Además mientras mi esposa esté trabajando y mis hijas continúen estudiando no va a ser posible. En realidad no me puedo “jubilar”, pues, además de mi pensión de seguridad social solo tengo una modesta pensión adicional. Debo seguir haciendo dinero extra para ayudar a mi hija mayor cuando comience la universidad en el otoño del 2011, y ayudar también a mi otra hija cuando ingrese en la universidad tres años más tarde. Es decir, debo seguir trabajando “hasta que no pueda más”… o hasta que esté demasiado viejo o demasiado débil para seguir haciéndolo.

Como dije anteriormente, soy el único de mi familia obsesionado con Cuba y su Revolución. Sería injusto obligar a los otros sentir lo mismo que yo. Aunque mis dos hijas tienen conciencia social, y Daphne más desarrollada aún, ellas andan por un rumbo diferente.

¿Si me ganara un capital con un premio de lotería que me permitiera ayudar a mis hijas y vivir en Cuba, lo haría? La respuesta es sí, me gustaría intentarlo.

¿Como cubano, el equivalente de 20 CUC por mes, o incluso peor, o como pensionado viviendo de 12 o 14 CUC mensuales? Eso es extremadamente duro, de hecho imposible; además tendría que trabajar siempre “por la izquierda”… Sería duro, muy duro.

A diferencia de Estados Unidos, en Cuba podría vivir cómodamente con mi pensión mensual, pero vivir como un cubano (y sin las remesas de algún familiar en el extranjero) sería muy difícil. Me refiero a vivir sin muchas cosas, no solo aquellas que pueda querer, sino también aquellas que voy a necesitar, tales como comida suficiente, ropa apropiada, etc.

¿Si puedo hacerlo? No lo sé. Recientemente un periodista estadounidense lo intentó durante un mes y escribió un artículo sobre esta experiencia en la revista HARPER. Durante ese periodo el periodista perdió 18 libras. Incluso hizo “trampa”, “trabajó por la izquierda”,  cuando tuvo suerte de encontrar algunos amigos les sirvió de guía recibiendo por compensación varias comidas en restaurantes e incluso algunos CUC.

Por otro lado, mi mejor amigo, muerto en 1999, simplificó su existencia y vivió al estilo Ghandi, especialmente durante sus últimos diez años de vida, y lo admiré por eso, aunque él era soltero y no tenía responsabilidades familiares. Yo pudiera retirarme a Cuba y continuaría trabajando y contribuyendo a la sociedad de forma constructiva, como tutor o voluntario.

Al final me quedaría la opción de tomar un avión y cuatro horas después estaría llegando a mi lugar en el Primer Mundo. Siempre me sentiré un poco culpable, (aunque este es un sentimiento contraproducente que rechazo) por ser capaz de hacer esto.

Cuba es una anomalía. Tiene un pie en el Primer Mundo, otro en el Segundo, y otro más en el Tercer Mundo (convirtiéndola en una verdadera rareza). Mi deseo es que Cuba continúe su propio camino pragmático progresando hacia una mejor forma de vida para su pueblo, e incrementando la participación de todos sus ciudadanos en el gobierno de ellos mismos.

HT: Una cosita más Michael, ¿dónde te hospedas cada vez que visitas Cuba?

MICHAEL LANDIS: Como ya dije, solo pasé una vez y rápido por frente a la casa de mi primera novia, una noche a finales de 1969 o principios de 1970.

Cuando en mayo de 2006, estaba a punto de finalizar mi visita de tres semanas cogí un cocotaxi desde la Habana Vieja hasta San Augustín. Tengo buena memoria: incluso después de 47 años encontré bien la casa y me presenté a los dueños actuales. “Franco Franco” (Franco Sangles Fonseca), su esposa Siria, y Juan, el padre de Franco Franco, que cumplió 90 años el 23 de junio. Les conté la historia de mi relación con la casa de ellos.

El padre de Franco Franco era dueño de la casa desde 1965, año en el que Celia Sánchez se la entregó por los servicios prestados a la Revolución durante la insurrección. Intercambiamos  direcciones y un poco después de mi regreso comenzamos a enviarnos mensajes por correo electrónico.

Dos años después, durante mi última visita, Franco Franco me invitó a quedarme en su casa y me dijo que podía construir un condominio para mí en el techo.

Aunque me encantaría quedarme ahí durante mis visitas, desafortunadamente en los próximos 10 años casi todo el dinero que tenga disponible será para pagar los estudios universitarios de una de mis hijas. Ella tiene muchas becas, pero de todas formas mi esposa y yo debemos pagar 1000 dólares mensuales. Además quiero visitar otras partes de Cuba, especialmente aquellas provincias que no he explorado mucho, como Ciego de Ávila, Sancti Spíritus, Pinar del Río y Guantánamo.

Me gustaría regresar, también, a Santiago de Cuba, la Sierra Maestra, la costa sur de Oriente, entre Santiago de Cuba y Pilón de Manzanillo, Guantánamo y Baracoa. Incluso me encantaría hacer la escalada desde Santo Domingo hasta el Pico Turquino, y bajar hasta La Mula. Creo que podría hacerlo pero a mi propio paso, que en este momento es tan lento como el de un caracol, especialmente cuesta arriba, donde camino roca a roca, árbol a árbol, “descansando”  un minuto más o menos entre un paso y otro. Pero no importa, la vida es un viaje, no un destino.


6 thoughts on “Un americano amigo de Cuba

  • el 8 agosto, 2013 a las 7:26 am
    Permalink

    Muy buena entrevista amigo. Gracias.

  • el 26 julio, 2011 a las 7:38 am
    Permalink

    A los amigos luismi y michael….un abrazo!! y a la gente de HT

  • el 26 julio, 2011 a las 7:31 am
    Permalink

    Sabes? Erasmo,aunque no lo creas,decir Cuba,en Foros internacionales,ONU,Ginebra,….hay que tener “cuidado”…porque Cuba “habla”…dice la “verdad”? Fidel Castro ,era “comunista`? con el triunfo de su revolucion!?? creo que no…solo queria “cambiar” las “cosas”…Quien lo Hizo “comunista”? me pregunto?

  • el 26 julio, 2011 a las 5:20 am
    Permalink

    Claro que tiene cosas interesantes que contar. Vivió un periodo interesantísimo -la guerra fría-, y estuvo en ambos lados de ésta. Además así nos ilustraría -a los más jóvenes- cómo eran aquellos tiempos. Anímese que seguro yo le compro un ejemplar, aunque sea en inglés. Un abrazo.

  • el 25 julio, 2011 a las 11:03 pm
    Permalink

    !Gracias por sus palabras amables, Luismi El Amiericano! Hasta este punto de mi vida, solamente yo habia estado un miembro agradecido del publico de tal escritores (por ejemplo Lezama Lima, Alejo Carpentier, Tomas Mann, Garcia Marquez, Scott Fitzgerald, Cabrera Infante, L. Ferdinand Celine, Carlos Bolano, y miles de otros.) En realidad, todos tienen sus propias cuentas contar…y durante varias epocas de nuestra historia demasiados–quesas millones–habian perdidos en las arenas del tiempo. Si los espiritus–o las musas–me digan que yo tendria una cuenta de interes suficiente, entonces la yo contaria. !Gracias!

  • el 25 julio, 2011 a las 10:42 am
    Permalink

    Michael, si se pusiera a escribir -literatura- seguro que obtendría el dinero para hacer eso que queire, porque la forma en que escribe es bastante similar a las de las grandes obras de literatura, de todas formas tendría que leer la versión en Inglés.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *