Lázaro Valle: me retiré por problemas personales

Por Ronal Quiñones

Lázaro Valle. Foto de archivo: cubadebate.cu

HAVANA TIMES – Todavía hoy muchos aficionados creen que el lanzador Lázaro Valle se retiró del deporte activo, porque sus facultades habían mermado. Cierto que ya tenía 40 años cuando tomó esa decisión en el año 2002, pero detrás hubo algo mucho más personal. Así nos reveló en un intercambio reciente.

“Cuando yo me retiré todavía tiraba 90 millas, y había hecho el equipo Cuba. Pero sufrí mucho con la enfermedad de mi hermana Mercedes (cáncer). Había padecido tanto, que luego de ella fallecer no quería seguir lanzando y eso me produjo mucho daño. Me hizo pensar en la familia, por todo el tiempo que estuve fuera. Así que decidí no jugar más, pues necesitaba sentir que estaba para los míos todo el tiempo posible.”

Sobre ese aspecto, quiso abundar un poco más…

Lázaro Valle: Tengo que decir que mucho de lo que logré se lo debo a mi esposa Margarita. Estuvo, sobre todo, en los malos momentos. Era la que me esperaba en la casa con la bolsa de hielo para ponerme en el brazo y darme masajes. Crio a mi hija (de otro matrimonio) como si fuera suya desde los cinco años, y por eso ella la considera su madre. Son ya más de 30 años de matrimonio, y no hacía nada sin contar con ella. Cuando estaba en baja me inculcaba mucho optimismo, y lo hace todavía. Por eso digo siempre que es de las cosas más lindas de mi vida.

Otro momento duro fue cuando perdió a su padre en 1996, y estaba Industriales jugando la final contra Villa Clara. Valle viajó a Santa Clara y ganó el juego que le dio el trono a los capitalinos

Lázaro Valle: Era mi deber, y sentí que así le rendía el mejor homenaje. Anímicamente no estaba como debiera, pero a veces uno se sobrepone, quizás hasta sin saberlo. Mi fe también me ayudó. Mi nombre se lo debo a San Lázaro, y siempre voy a rendirle homenaje al Rincón, y también soy devoto de la Virgen de la Caridad.

También se decía que eras de Villa Clara originalmente…

Lázaro Valle: Mucha gente piensa que nací en Villa Clara, pero no es así. Mi papá era machetero y participaba en todas las zafras, y tres de mis hermanos nacieron allá, pero yo nací en La Habana Vieja. Allí tuve una infancia muy linda, y a estas alturas cada dos o tres días tengo que pasar por allí, lo añoro siempre.

Jugué jardines y primera base, y hasta fui receptor, pero gracias a Pedro Chávez empecé a lanzar. Realmente nunca me gustó el montículo, pero Chávez se atrevió y me puso contra Granma. Di siete ceros, pero ya en el octavo no podía, no tenía preparación para eso. Eso fue en el año 1985, en 1986 hice el equipo como lanzador con Metropolitanos y al año siguiente ya era un pitcher de verdad.

Tuve la oportunidad de lanzar en uno de los mejores cuerpos de pitcheo que ha habido en Cuba, con José Modesto Darcourt, Ángel Leocadio Díaz, El Duque Hernández, René Arocha, Euclides Rojas.

Exprimíamos los conocimientos de los entrenadores y también nos ayudábamos mutuamente y eso nos ayudaba a crecernos, sobre todo, en cuanto al pensamiento táctico, porque el lanzador necesita pensar y el pitcheo es un arte.

Además de Chávez tengo que agradecer al Coco Gómez y a Nelson Ciero, pero le tengo un cariño especial a Pedro Pérez, a quien quiero como si fuera un padre. No hay un lanzador que haya llegado a planos estelares en el equipo Cuba que no tenga, aunque sea un granito de arena del conocimiento de Pedro, y ojalá su experiencia sea aprovechada por las nuevas generaciones.

Sin duda, en su brillante carrera deportiva a nivel mundial (16-0 como lanzador en eventos internacionales) el punto culminante fue el juego perfecto contra Surcorea en la Copa Intercontinental de Puerto Rico, el 22 de agosto de 1989

Lázaro Valle: Me preparé muy bien para ese encuentro. Víctor Mesa y (Ermidelio) Urrutia me decían que llevaba mucho tiempo sin lanzar, y que cuando lo hiciera iba a dar juego perfecto o No hit no run. Pero yo les respondía que eso era muy difícil. Realmente nunca lo pensé, y menos ya que ese era el equipo que más estaba bateando después de Cuba. No obstante, estaba muy bien, con una velocidad de lujo.”

En ese mismo escenario tuvo lugar el primero de los más famosos juegos de peloteros cubanos contra profesionales, cuando la selección antillana enfrentó a los Senadores de San Juan. Valle igualmente estuvo fenomenal

Lázaro Valle: Ellos tenían figuras destacadas de Grandes Ligas como Carlos Baerga, Carlos Delgado, Juan González, Javy López y otros. Lancé siete entradas, con ocho ponches y dos carreras sucias. Eso me demostró que podía enfrentarme a los mejores del mundo.”

Actualmente se desempeña como entrenador de sus amados Industriales, y sobre eso comenta…

Lázaro Valle: Hoy trato de que mis lanzadores amplíen su repertorio. Yo tiraba tres tipos de sliders, con cuatro agarres diferentes, y con el tiempo fui incorporando una especie de splintter, y el cambio, que fue lo que me hizo llegar a mi máximo nivel. Un pitcher de velocidad debe tener este tipo de lanzamientos, pues generalmente la curva no es efectiva, puesto que hace demasiado contraste.

El problema es que llegan a Series Nacionales con problemas de formación, y no saben que la recta, por ejemplo, se puede tirar de nueve formas diferentes. He observado niños de 15 años de otros países que conocen cuatro tipos de lanzamientos, y eso se ve poco aquí. Con recta y curva nada más es muy difícil ganar en la actualidad, y los pitchers se ven indefensos.

Es importante también la consagración. Veo, a veces, muchachos que llegan a Industriales y se conforman con hacer el equipo. La camiseta es para sudarla, no para exhibirla.

En estos tiempos, las redes sociales disocian mucho. La consagración tiene que ver con la disciplina. Tienes que pensar que mucha gente deja de ir al trabajo o la escuela para ir a vernos al estadio, uno tiene que ganarse el respeto del pueblo. Hay que llegar al terreno dispuesto a darlo todo para ver el fruto de tu trabajo.

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