Entrevista: Juan Carlos Cremata y su obra

Poner en escena lo que muchos prefieren ocultar

Helson Hernandez

Juan Carlos Cremata Malberti

HAVANA TIMES — El director del cine y el teatro Juan Carlos Cremata Malberti conversa con Havana Times sobre su más reciente y polémica obra para la escena, La hijastra, además de compartir revelaciones muy exclusivas de su vida como creador.

HT: ¿Podemos afirmar que el apellido Cremata es una referencia para la Cultura Cubana?

JC: Mis apellidos son Cremata Malberti al igual que los de mis hermanos, y estamos muy orgullosos de ambos. No son muy comunes, hasta donde hemos podido averiguar  tienen raíces italianas y/o españolas, de donde viene, exactamente, no lo sabemos, algo ha aparecido sobre ello por Islas Canarias.

Una vez Helio Orovio nos mencionó saber sobre su procedencia, según nos llegó a contar, hubo un Cremata bastante estrafalario y medio artista en Santiago de las Vegas, donde el apellido figura en un escudo. Los Malberti también trajeron artistas. Así que imagino que la combinación de ambos es lo que producimos.

Mi madre, mis hermanos, mis primos, mis tíos y buena parte de nuestra familia, de una u otra manera, está muy vinculada al quehacer artístico. Mi hermano Tin con su impresionante obra alrededor de La Colmenita es heredero de todo un inmenso trabajo que desde casi su nacimiento llevó adelante y sigue defendiendo consigo nuestra madre.

Mi papá aunque no se desempeñaba como tal era un actor y un director nato, y ambos nos inculcaron ese amor por el arte desde muy chiquitos. La verdad es que no trabajamos porque el arte es parte de nuestras vidas. Como la sangre que corre por nuestras venas. Como el aliento vital.

HT: Recordemos su primer contacto de manera consciente con la actividad artística.

JC: Nos llevaban bastante al teatro, en mi casa se ensayaban muchas cosas y prácticamente nacimos en un estudio de televisión. Mi padre nos llevaba a los ensayos de sus montajes, donde él mismo actuaba como aficionado. Y de antes del triunfo de la Revolución, mi mamá guardaba en casa todo el vestuario y escenografía, de una escuela de ballet con la que hacía vistosos espectáculos en el Amadeo Roldán.

Llegamos a tener un retablo de títeres para jugar. Hacíamos funciones de teatro y hasta de circo para los amiguitos de la cuadra. Disfrazarnos y escenificar era algo común en nuestros juegos. Mi tía era una actriz muy famosa y mi tío un actor muy bueno y popular por esos tiempos.

La mezcla entre ficción y realidad fue parte imprescindible de nuestra educación. Luego estudié dos años de Historia en la Universidad de la Habana y cambié esa linda carrera por la de Teatrología Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte de la que soy graduado.

Pero desde ese momento ya sabía que quería e iba a hacer cine. Eso me llevó a formar parte de la Primera Generación de Egresados de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, o como he dicho en otros lados: “mi segunda Maternidad”. El resto ha sido hacer y crear. Cada día. A cada segundo. En cada respiro. De alguna manera volver a ser el niño que nunca he dejado de ser.

HT: ¿Es el teatro un medio de expresión de primer orden, en sus intereses artísticos?

JC: Es el teatro mi formación primera. Si bien fui conocido antes como cineasta, el hecho vivo de la representación escénica es algo intrínseco y primordial en mí. Es un acto de fe, una pasión sin límites. En el camino he descubierto que más que la obra terminada, lo que me interesa es el hecho de la creación misma: los ensayos, su preparación.

En ellos me divierto, pero mucho más que en la consumación de una obra, con la cual puedo confesarte, padezco un poco, casi bastante. Pues ya deja de ser mía para hacerse público. Y el teatro me da la oportunidad de jugar más cada día, en cada función, en cada repetición; que siempre es distinta. El cine, bueno, desafortunadamente no puedo hacerlo tan a menudo como quisiera, que si no, ya otro cuento te haría yo.

HT: ¿Considera que el impacto de su propuesta escénica revela en la isla tabúes ante la aceptación de un teatro más diverso y abierto?

JC: Soy de naturaleza abierta y así es todo lo que trato de hacer. Nunca me he preguntado si el público está o no “preparado” para lo que le ofrezco, pues no creo en preparar a nadie y mucho menos para una catarsis. Hay gente más conservadora y a veces digo hasta conserva-dura. Pero en ocasiones me he encontrado con lecturas tan abiertas que ni siquiera yo mismo sospeché.

Una vez leí que el humor no estaba en las manos de quien lo escribe, sino en la mente de quien lo lee. Y así concluyo, también, que el arte no está únicamente en las manos de quienes lo hacen sino, y sobre todo, en las mentes de quienes lo sepan apreciar. Hay personas que tienen más prejuicios que otros. Cada cual es responsable de su juicio, su prejuicio y/o su interpretación.

Yo trato siempre de ofrecer una lectura lo más abierta posible, y me he encontrado más personas dispuestas a luchar contra esos tabúes que a mantenerlos. El público en eso me ha acompañado, quizás mucho más que la crítica especializada que, a lo peor, está mucho más prejuiciada. Debe ser el eterno divorcio que parece existir entre ambos.

Creo que el teatro que se hace en nuestro país es bastante diverso y abierto. Pienso que debe abrirse y diversificarse todavía mucho más. Eso sí, trato de no repetirme, y sobre todo de divertirme. Con seriedad, con pasión, con compromiso. Porque lo divertido es lo opuesto a lo aburrido, no a lo serio.

HT: A propósito de su más reciente obra, La Hijastra ha resultado un controvertido suceso en la escena cubana de hoy.

Cremata dirgiendo a Yerlin y Yadier.

JC: “La hijastra” no hizo más que poner en escena algo que muchos todavía, y lamentablemente, tratan de ocultar. Eso puede doler y créeme, a nosotros nos dolía también. Para mí no era un ejercicio nada gratificante pues demandaba un esfuerzo descomunal de los actores y un desgaste físico y emocional muy intenso. Pero era una obra importante y urgente de poner en escena hoy día.

Siempre me pregunto, antes de hacer algo, el por qué es importante que dedique mi tiempo, mi talento, mi sudor y mi energía en eso.  Lamentablemente algunos decidieron que no debía permanecer en escena, a pesar de su extraordinario fenómeno de público y su incidencia en la sociedad en que vivimos.

Hay quien todavía, en el inicio del siglo XXI, le teme a la polémica, y se escabulla detrás de concepciones moralistas, retrógradas o patrioteras. La cultura por el debate en nuestro país se ha extraviado en un triste espectáculo de “quítate tú para ponerme yo” y “mi opinión es la que vale, lo demás es diluvio”.

Algunos no aceptan la confrontación de ideas que no por opuestas dejan de ser razonables. Comprendo a los que se disgustaron con la propuesta como a los que la ovacionaron. A los que no entenderé jamás son a los que hablan, o peor decidieron censurarla, sin siquiera haberla visto.

La hijastra precisamente hablaba de la falta de valores en la que está abocada nuestra sociedad, desde esa falta de valores misma. Y ese lenguaje, aunque no tenga nada que ver con mi nivel cultural, existe, y le pasa factura a una muy buena parte de nuestra población. Para nosotros fue un espectáculo de definición.

Podemos divertir, pero queremos también llamar la atención acerca de cosas que nos duelen, que nos laceren, y que nos definen como cultura, es decir, como nación. Duélale a quien le duela. Pésele a quien le pese.

HT: ¿Su trabajo como director para el cine continuará la ruta de llevar al celuloide otros textos concebidos para el teatro?

JC: En cine, a diferencia del teatro, uno no puede hacer todo lo que quiere. Mi experiencia me ha dictado al menos querer mucho todo lo que puedo hacer. Siempre que aparezca un texto interesante y que me atrape el tiempo, a la vez que me desate energías y sueños, me voy a dedicar a él.

Aunque acabo de filmar y edito CONTIGO PAN Y CEBOLLA, que es la mejor manera que encontré de rendirle un póstumo homenaje a la figura y la obra de Héctor Quintero, con quien siempre me sentí muy identificado; trabajo también en un largo compuesto por 3 cortos escritos en colaboración con 3 jóvenes escritores, Carlos Lechuga, Eduardo Eimil y Carlos Ramos, que es algo más personal, en los que nos atrevemos a hablar con un lenguaje diferente y hasta un poco más contemporáneo, digamos un poco más experimental.

Se llamará Mar(L) de muchos consuelo de tontos y deberá estrenarse en la próxima Muestra de Jóvenes Realizadores en abril del 2013. Los 3 cortos se llaman: En fin…el mal, Más allá del bien y del…mar y En el mal… la vida es más sabrosa.

Y ya tengo aprobada una próxima filmación, basada en la obra de un dramaturgo, menos conocido, pero que me turbó igual los sentidos, que se llama Elio Fidel López. Sólo puedo adelantarte que se titulará FE DE RATAS.

Decenas de proyectos a menudo me surgen. Pero los que me conocen saben que todos los pasos que doy están encaminados en pos de mi sueño más ambicioso: la adaptación al cine de la genial novela de Carlos Montenegro HOMBRES SIN MUJER.

HT: Sobre la experiencia de obtener una beca en Nueva York y el contacto directo con la cultura de este país.

JC: Haber obtenido una beca Guggenheim en Estados Unidos fue mi tercer nacimiento. Y eso que venía de vivir dos años en Buenos Aires que fue una etapa de enorme experiencia también. Pero luego de la Guggenheim, fui otra persona y completé, vivencialmente, el artista que venía forjando en mí.

Muchos cubanos ilustres han obtenido ese reconocimiento a lo largo de la historia. En cine, antes de mí, sólo la había obtenido Titón. Vivir más de un año en Nueva York, y viajar por muchas partes de Norteamérica, me permitió estudiar, también como mi tesis de graduación en la EICTV, el corto Oscuros Rinocerontes Enjaulados fue aceptado en el Archivo del Museo de Arte Moderno (MOMA), se me concedió además un pase gratis durante todo un año para ver todo lo que sucedía alrededor.

Conocí de cerca personalidades importantes y tuve experiencias que jamás creí alcanzar, pero que siempre había soñado sentir.  Además de la enorme experiencia que significa el solo hecho de vivir en la llamada capital del mundo, Nueva York es todo un universo en sí. Es lógico: allí volví a nacer.

Sin embargo también puedo confesarte que allí fui todavía mucho más cubano, conocí más de mi cultura y reafirmé mi voluntad de regresar a mi país y hacer por nuestra cultura desde aquí. Sin chovinismo barato. Pude quedarme e intentar otras vías, pero preferí volver, el regreso a Cuba fue el inicio de mi verdadera vocación de creador.

De haberme quedado allá hubiese sido eternamente un espectador. Sólo he vuelto a sentir algo igual cuando años después me entregué entero a París. Y casi muero. Pero volví a vivir. ¡Tengo tanto por hacer!

HT: ¿VIVA CUBA que podría tener de especial entre el resto de los filmes dirigidos por usted?

JC: Todas mis películas, como todos mis trabajos, son muy especiales para mí. Pero VIVA CUBA me dio a conocer mucho internacionalmente y todavía hoy, aunque hayan intentado relegarla por proyectos más actuales, me sigue dando singulares satisfacciones. Es historia, ya está ahí.

Gracias a esa película que, según los estudiosos, es la que más premios nacionales e internacionales ha acaparado en la historia de la cinematografía cubana, acumula la increíble suma de 46 galardones, estoy literalmente vivo.

Y fíjate, fue un filme no planificado y que nació de un disgusto que tuve en su momento con el ICAIC. Creo que fue el resultado de un trabajo acumulado y al propio tiempo la obra de una improvisación casi bendita. Fue una película pionera en muchas cosas. Vendrán otras, pero esa fue la primera de su tipo en nuestro país.

Inicio de La Hijastra.

HT: A qué actor le interesaría dirigir, sin importar nacionalidad, y la próxima idea que ocupa el tiempo de Cremata.

JC: A mí me interesan todos los actores. Los respeto, les quiero y trato de cuidarlos al máximo. Me pongo en función de una obra, no de un intérprete. No he tenido la dicha de poder trabajar con todos los que me gustan, algunos buenos amigos. Ojala mi vida sea lo suficientemente larga y mi carrera lo favorablemente extensa, como para poder intercambiar con todos lo que me quieren y a los que alguna vez he admirado.

Lamento no haber tenido la dicha inmensa de haber dirigido a un Enrique Santiésteban,  a una Consuelito Vidal, a un Germán Pinelli, a una Gina Cabrera, a una María de los Angeles Santana, a una incalculablemente honda Margarita Balboa, a una líricamente exquisita Doris García, a una increíblemente auténtica Eloísa Álvarez Guedes, a un imprescindible Idalberto Delgado, a una inigualable Idalia Anreus, a una irrepetible Rosario Carmona, a un Luis Alberto Ramírez que adoré como actor y también como tío, a una Leonor Borrero insustituible, a un Luis Alberto García, padre, y trato de desquitármelas con su formidable hijo, a una Elsa Gay que nunca olvido, a un Elio Mesa que siempre recuerdo, como a mi tía Sarita Malberti, eternamente en la gloria de la pasión sentida o fingida, e incluso al grande y alto de Reynaldo Miravalles.

Pude intercambiar mucho con la pasión sin límites de Adolfo Llauradó, con quien dirigí mi primer intento en el teatro de Ay mi amor que nunca se llegó a estrenar y casi llego a hacer algo con Miguel Navarro que fue un exquisito e inolvidable amigo. Se me fue Sergio Corrieri unos meses después de que me dijera que quería trabajar conmigo. Guardo esa dicha triste. Como también guardo el reclamo de Miguel Benavides, de Lítico Rodríguez y de Adria Santana.

Pero todavía sueño con tener la dicha de poder trabajar algún día con mi maestra Ana Viñas y con Mario Balmaseda. Y no pierdo las esperanzas con José Antonio Rodríguez, ni con Rosita Fornés, ni con Salvador Wood, ni con Berta Martínez, ni con Verónica Lynn, ni con Pedro Rentería, ni con Mario Limonta y Aurora Basnuevo, ni con Zoa Fernández, ni con Asseneh Rodríguez, ni con Jorge Cao, ni con Coralita y Ramoncito Velóz, ni con Orlando Casín, ni con Natacha Díaz, ni con Miriam Learra,  ni siquiera con Juana Bacallao.

Ya que también se me fueron Vicente y su hermana Raquel Revuelta, y Florencio Escudero, y Candita Quitana, y Silvia Planas, y Alicia Rico, y tantos, tantos otros que hicieron y todavía hacen como para que no me alcancen los proyectos…


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