Imagen turística oficialista de las provincias cubanas

Yenisel Rodríguez Pérez

Foto de Cienfuegos por Caridad

La imagen turística oficialista de las provincias cubanas se sustenta, en gran medida, en la infraestructura doméstica y productiva de las clases adineradas que las han habitado y gobernado.

Esta imagen, a modo de linterna china, nos ofrece un recorrido por el espacio-tiempo donde se aposentaban y enriquecían los dominadores. Es un recorrido histórico que nos muestra cómo se instituyó el patrimonio político-económico e intelectual de la aristocracia provincial. Valorado como un tesoro local, las autoridades patrimoniales provinciales lo administran con gran tesón y orgullo.

Los museos provinciales son las instituciones culturales que protagonizan la administración y la socialización de dicha imagen. Desde ellos se promociona y comercializa un turismo que llamaremos “del señorío”. Desde las biografías de estos señores, sus familias y amigos debemos arreglárnoslas para lograr reconstruir la historia social de la provincia en su totalidad y particularmente de su pueblo. La dramaturgia del turismo “del señorío” se proyecta como una secuencia histórica compuesta por tres épocas.

Primero tenemos el arribo del naciente capitalismo peninsular que incluye las casas de gobernación, las plazas de armas y las fortalezas militares. De tal arribo germinará el espíritu capitalista cubano, dando entrada al segundo momento. Hablamos de capitalismo y patriotismo criollo, una rama floreciente desgajada del cerezo progenitor español.

Aquí aparecen los hacendados e intelectuales criollos, con sus estudios en Francia, sus romances caballerescos y sus epopeyas independentistas. Historias que nos embriagaran gracias a ese ambiente afable que se empecinan en recrear los guías de museos luego de modificar la estructura constructiva de las bellas casas de los héroes independistas, buscando ocultar esas huellas perennes que el sangriento esclavismo incrustó en los cimientos de estas casas-altares que hoy son ungidas de amor al pueblo.

Luego una tercera etapa, la de los palacetes de la burguesía republicana. Acá tenemos de todas las historias: burgueses explotadores de trabajo asalariado, burgueses filántropos, lumbreras del humanismo científico, burgueses revolucionarios y un gran etc.

Sumergirse en este relato histórico oficialista implica asimilar mucho lujo, mucha cultura ilustrada y un tanto más de prosperidad material. Por momentos parece que estamos visitando el centro histórico-industrial de Manchester o de California.

Luego ya cansados de zapatear esas gigantescas casas e industrias nos incorporamos adormecidos y muy cansados al bullicio de la calle. Sentados en el contén del parque más cercano vemos resurgir el rostro actual de la cotidianidad provincial. Su penetrante presencia envuelve a los museos provinciales y sus discursos históricos del mismo modo en que envuelve el mar a los naufragios imperiales.

Los envuelve con sus desordenadas historias, con la elocuencia de la sencillez y de la pobreza, de lo popular y sus afectos, con el calor que desprende la sangre viva.

En ese instante comienza otro turismo, ni más bueno ni más malo que el turismo de los progresos y los capitales, pero sí más real y auténtico.

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.

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