Pasajes de un joven cantante cubano

Yanelys Núñez Leyva

Geover Guevara
Geover Guevara

HAVANA TIMES — Reencontrar a un querido amigo de la adolescencia siempre causa placer, y más cuando nos enteramos que, amén de los años transcurridos, no ha cambiado en sus concepciones, su generosidad, su entusiasmo por lo que ama.

Cuando conocí a Geover Guevara Sánchez (Camagüey, 1989) en el preuniversitario, andaba siempre tarareando canciones del grupo cubano Orichas. En medio de los apagones, cuando todos esperábamos en el área de formación la hora apropiaba para subir a los dormitorios, Geover aprovechaba la oscuridad, pues sufría de miedo escénico, y nos deleitaba con un recital de las canciones románticas del momento o boleros archiconocidos por todos.

Le fascinaba hacerlo. Y aunque nunca se presentó en un evento de jóvenes aficionados que desarrollara la escuela, todos sabíamos que cuando quisiéramos escucharlo podíamos tratar de convencerlo en las tardes de deporte opcional o en las noches de autoestudio, siempre y cuando alguien lo acompañara a romper el hielo.

Era tímido y nunca había recibido clases de canto. Siendo niño, en el municipio oriental de Santa Cruz del Sur, se presentó a las pruebas de actitud para entrar en la escuela de música y las pasó, pero un traslado repentino por motivos familiares, a La Habana, frustró esa oportunidad de estudio.

Ya aquí se desvincula de todo eso, acude a los distintos niveles de enseñanza, luego acepta la carrera de Fisioterapia y Rehabilitación, pero el bichito de componer e interpretar música en todo ese tiempo no se le había quitado.

En una reciente conversación me ha comentado sobre los proyectos en los que ha participado durante los últimos años, pero también acerca de los innumerables tropiezos y aspiraciones.

Osvaldo Montero y Geover Guevara
Osvaldo Montero y Geover Guevara

Geover: lo primero serio que he hecho ha sido con el grupo Pesca Azul allá en Santa Cruz,  donde luego del servicio militar comencé a vivir. En él estuve como tres años, desde 2012. Era una agrupación de jóvenes que en calidad de aficionados hacían fusión, específicamente música popular bailable, algo que nos dio la posibilidad de presentarnos en celebraciones públicas de los zonales[1].

Havana Times: ¿Tu sustento provenía del pago de esas presentaciones?

G: No, yo trabajaba en un policlínico. Como grupo hicimos algunas categorizaciones municipales y provinciales en el Centro Provincial de la Música que funcionaban como un aval a la hora de presentarnos en cualquier actividad, pero eso no nos permitía cobrar. Y esta situación, junto al contexto cultural de ese lugar tan empobrecido, influyó para que luego de un tiempo y esperando una categorización nacional que nunca llegó, decidí probar suerte en La Habana.

HT: ¿Nunca te interesó aplicar para entrar en una escuela de arte?

G: No, pues no me sentía con mucha confianza. Igual no sabía a dónde debía acudir ni cómo era el proceso. Lo que sí hice cuando llegué a la capital fue pasar en repetidas ocasiones por distintas Casas de Cultura, donde normalmente ensayaban conjuntos, preguntando si necesitaban algún corista, pero siempre la respuesta era que sin los papeles de cantante profesional no podían contratarme. Así que vuelvo a Santa Cruz en 2015 y en ese momento la Banda Municipal había conformado un colectivo y como nos conocíamos me dejó entrar.

Se hacían llamar Proyección Latina y tenían la misma línea: salsa, música popular. Todos eran profesionales, menos los cantantes, que en total éramos cuatro.

Ahí sí lo tuve como trabajo. Nos emplantillamos en el Centro Provincial de la Música. Participamos en varias actividades: “El Son más largo”, los carnavales de Cubanicú, Florida, Vertientes, Sierra de Cubita. Aprendí algunas técnicas vocales que mejoraron mi desempeño. Pero luego de tres años se cayó en un letargo, me sentía asfixiado y otra vez la idea de La Habana me sedujo.

HT: ¿No te ha interesado desarrollar un proyecto independiente?

G: Si, yo creo que el sueño de todo artista es ese, pero ahora mismo siento que para llevar a cabo algo como eso necesito superarme más.

Algunos integrantes del grupo de Osvaldo Montero.jpg
Algunos integrantes del grupo de Osvaldo Montero.jpg

HT: Pero en el punto en el que estás ¿con qué línea de trabajo te identificas más?

G: Siempre me ha gustado el bolero, la balada romántica. Pero también me gustaba lo que hacía Roldán, uno de los cantantes de Orichas o más recientemente Leoni Torres, así que vendría siendo algo en ese camino. Pero aún estoy en la búsqueda. Escuchando música de todo tipo de géneros. Absorbiendo todo lo que pueda.

HT: ¿Qué estás haciendo ahora?

G: Llevo tres meses colaborando en el grupo de Osvaldo Montero y Luz larga. Me siento bastante a gusto. He tenido que aprender a tocar el güiro, a bailar y a cantar a la vez, y es algo que me ha divertido mucho. Pero lo más importante es que aquí conseguí un contrato como profesional, con la empresa de Música Popular. Es algo que me anima a seguir intentándolo.

Geover se incluye dentro de esa pléyade de jóvenes cubanos que, por disímiles razones, no ha podido vincularse a ninguna academia de arte y, por ende, desarrollar algo dentro del campo cultural les toma el doble de tiempo si no encuentran una guía oportuna o un respaldo de alguien que se encuentre ya insertado en el medio. Pocas posibilidades ostentan los que solo cuentan con sus aspiraciones. Sin embargo, la entrega y la perseverancia siempre traen sus frutos.

[1] Zonales son pequeñas barriadas dentro de un mismo municipio, sería lo que en La Habana se conoce como Consejos Populares.

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