En Cuba: contra la vida

Verónica Vega

Park in Alamar
Park in Alamar

HAVANA TIMES — Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Se sabe que el tiempo, implacable e irreversible, transforma todo lo vivo y hasta lo aparentemente estático. Que donde único permanecen intactos los rostros y cuerpos, las impresiones, y los escenarios de nuestra vida en continua secuencia, es en la memoria.

Pero es inevitable que un lugar asociado a recuerdos felices, si se le ve deteriorado, roto, olvidado, uno sienta que algo (o alguien) se burla del valor del pasado, del esfuerzo y los recursos que requirió construir, y de la alegría arrebatada a las generaciones presentes o venideras.

Lo que fue el cine de Alamar
Lo que fue el cine de Alamar

En un artículo del diario Cubanet vi unas fotos del parque Lenin y del Acuario Nacional que me recordaron estas hechas en mi presencia, de la Piscina Gigante, de Alamar, una opción que en los 90 reemplazaba a la playa, y nos libraba de las guaguas repletas y las molestias de la distancia.

El mismo aplastante deterioro que duele, como si junto al óxido, la suciedad y los escombros se remolcaran nuestras propias vivencias, se pisotearan nuestras más preciadas nostalgias.

Se puede y se debe por lógico, aceptar el cambio, pero cuando se demuele para construir, mejorar, permear cada rincón del pasado, con progreso.

En esta realidad surrealista de Cuba, las culpas se barajan, y los culpables se escurren. Hay responsables visibles solo para el éxito. Pero ¿qué cadena de acciones, decisiones, determina el abandono de instalaciones recreativas que han sido parte de la infancia de varias generaciones?

La piscina gigante.
La piscina gigante.

¿Por qué están en semejante estado el parque Lenin y el Acuario Nacional? ¿Por qué se perdió esa Piscina Gigante, fuente de diversión para niños, jóvenes, adultos y, supuestamente, solo la primera de unas siete que serían construidas a lo largo de la costa?

¿Por qué en el parque José Martí, también en Alamar, no funcionan ya la mayoría de los aparatos traídos con gran pompa de Tarará (otro lugar de recreación arrebatado a los cubanos)?

Cuando paso por el cine de esta “Ciudad del Futuro”, que lucía radiante en los 80 con su bellísimo lobby acristalado, y hace años entregado a la corrosión de los elementos, no puedo evitar acordarme de un señor que conocí, fundador de Alamar y jefe de obra de sus instalaciones más importantes, quien junto a esas brigadas de cascos blancos, impulsadas por Fidel, confiaban en estar moldeando un mundo mejor para sus hijos.

Piscina gigante.
Piscina gigante.

“Ayer pasé por el cine y lloré”, me confesó ese hombre. Le propuse entrevistarlo y accedió, pero el día previsto para el encuentro tuvo que ir al hospital, luego me enteré de que había vendido su casa y emigrado a Estados Unidos.

Por una conversación casual de la que fui involuntaria testigo, supe que el gobierno municipal de la Habana del Este, en diálogo con varias iglesias protestantes, planteó a la misión cristiana la necesidad de enfocar a los jóvenes en entretenimientos constructivos que los alejen de hábitos perniciosos como la droga. La propuesta fue construir una pista de patinaje para la que ya están disponibles todos los recursos, solo falta la aprobación gubernamental.

Aun conociendo la larga y viscosa cadena de burocracia, uno llega a preguntarse qué impide que se autorice la construcción de algo bueno, útil, necesario. Algo que disfrutarán tantos.

¿Acaso hay algún eslabón roto en la cadena donde se diluye el flujo de orden y mando?

La piscina gigante.
La piscina gigante.

Si la historia se cuenta por sus conquistas, también se revela por sus derrotas. La apatía de los cubanos empieza con la contemplación de tanto menoscabo, tantos indicios de omisión, de exclusión, que son la voz inaudible donde se expresa el lugar que tiene la población para el Estado.

Ese lugar que se ve en las asambleas de rendición de cuenta, adonde los suscriptores ya no quieren ir porque se sienten burlados, estafados, porque sus continuos planteamientos reciben respuestas ambiguas o sentencias lapidarias.

Cuando miro tantas obras entregadas a la demolición (no de una guerra, no de un cataclismo natural, sino de esa mezcla letal resultante de la pésima administración gubernamental, la densidad burocrática y la desidia ciudadana), entiendo que justo aquí empieza la compulsión del cubano por irse, por salir del estatismo de no poder decidir ni qué va a pasar con los baches, la basura, la falta de alumbrado público, de opciones de recreación. Es la necesidad natural de aspirar aire de evolución, no de estancamiento. De ser parte de la vida, de lo que se mueve, no de lo que se atrofia o se paraliza.

Veronica Vega

Verónica Vega: Creo que la verdad tiene poder y la palabra puede y debe ser extensión de la verdad. Creo que ese es también el papel del Arte, y de los medios de comunicación. Me considero una artista, pero ante nada, una buscadora y defensora de la Verdad como esencia, como lo que sustenta la existencia y la conciencia humana. Creo que Cuba puede y debe cambiar y que sitios como Havana Times contribuyen a ese necesario cambio.



5 comentarios sobre “En Cuba: contra la vida

  • Dice la Biblia que ” por sus obras los conocerás” y Alamar una ciudad de más de 50 mil habitantes, es un monumento viviente que resume 57 años del sistema conocido por Revolucion Cubana para no ofender al socialismo.

    Totalmente de acuerdo con Verónica. A las obras que mencionastes agregaría el anfiteatro, la casa de la cultura, el golfito, los mercados, la piscina del INDER, la chusmita, el área techada del barrio de los rusos, la playa de Bacuranao.

    Es injustificado que una ciudad como Alamar con el mayor número de profesionales, intelectuales, artistas y obreros con alta calificación por km2 de Cuba, la hayan dejado convertir en una ruina. Eso solo demuestra que el sistema socio político económico de Cuba es obsoleto y que los municipios y las provincias son un cero a la izquierda.

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  • !Sin palabras! Conozco ese reparto al dedillo y casi lloro con la cruel y real descripción de lo que fue y -creo- ya no será jamás. Esa es la verdadera tarea de la Robolución: La fotico de “obra terminada” y entregada para los periódicos comunistoidez y, después, el sálvense quién pueda.

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  • Aprendimos con los años que la propiedad “del pueblo” es del gobierno y el gobierno no le interesa tener un país próspero sino mantenerse rodeado de confort y de los lujos que no existen para los cubanos de a pié. Si el país parece salir de una guerra no es importante.Lo importante para el gobierno como lo refleja Granma es homenajear al nonagenario que nos llevó al abismo y no ocuparse del desastre nacional. Deben estar todos de vacaciones en Varadero o en algún cayo de la ISLA. El nuevo período especial no es para ellos.

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  • Dice la leyenda que por donde pasaba galopando el caballo de Atila después no crecía nunca más la hierba, seguramente galopó por Alamar. Viví un tiempo allí a principio delos 2000 y practicamente nada bueno recuerdo: en los edificios un jolgorio de gentes gritando, la música ” a to meter”, del transporte público mejor ni hablar, mucha chusmería (que me imagino ahora será peor con la “nueva generación” creciendo). Una acotación a lo que escribí al inicio: el caballo de Atila continua su galope por toda Cuba, de San Antonio a Maisí.

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