Mujer cubana

Por Rosa Martínez

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES – Todas las crisis económicas que ha vivido Cuba durante el último siglo tienen una protagonista principal: la mujer cubana.

Durante el mal llamado periodo especial, fue la madre, trabajadora, ama de casa quien más sacrificio hizo por el bienestar familiar.

Aunque los hombres de la Isla también han padecido las consecuencias de los recurrentes periodos de escaseces, son las féminas las que más sufren cuando la economía se aprieta.

La Isla vive ahora mismo los peores momentos de los últimos 20 años.

Entre las causas principales de la actual crisis está una economía golpeada -que en realidad nunca ha logrado levantarse completamente-, la llegada de la pandemia a todos los rincones del planeta, y el recrudecimiento de un bloqueo que sí existe y es letal, muy especialmente para los ciudadanos de a pie.

Cuando la situación se aprieta aún más, las madres cubanas no solo aportan a la economía (incluso las que no trabajan), sino que son ellas las encargadas de hacer magia e inventar platos con poco a casi ningún recurso.

Y no me refiero únicamente al almuerzo y la comida que ya de por sí solo son un gran dolor de cabeza, sino a un desayuno en un país donde la leche es una utopía y conseguir qué echarle al pan es tan difícil como viajar a la luna.

Son las mujeres también las que se dedican a renovar la ropa que ya no les sirve a los pequeños y a reparar las que quizás en otras circunstancias hubieran ido a la basura.

Ahora no se puede botar nada, a todo se le puede dar uso, esas son las palabras mi vecina Adela. Ella es una de las que en estos tiempos duros se dedica a reparar todo lo que encuentra y dar solución a un problema de vestimenta, que afecta más a los de menos recursos, pero a todos de una forma u otra.

Hay quienes regresaron a las obsoletas máquinas de coser no solo para proveer a familia, sino para ayudar a un amigo y algún que otro vecino, como hace mi tía Irma.

Es que cuando la necesidad se multiplica, la gente se une y apoya. Nadie sabe eso mejor que las abuelitas que tenemos en nuestros hogares capaces de lograr el milagro.

A mí particularmente en los últimos meses me ha tocado de todo: desde pasarme una semana entera metida en Internet -en una de las páginas de Revolico-, buscando por un lado un par de zapatos para mi hija menor, y por el otro, vendiendo los que le quedaron pequeños-; hasta remendar lo que en otras circunstancias se hubiera convertido en paño de cocina.

Como muchas madres me convertí en la mensajera de casa, para evitar que mis pequeñas o mis padres tuvieran contacto con ese maldito virus que nos acecha.

También soy maestra durante algunas horas del día. Igualmente, consejera ante el obligatorio aislamiento. Eso sin mencionar lo de innovadora y racionalizadora.

Pero entre las tareas de mujer en la coyuntura actual, hay una de la cual se habla poco y es sumamente importante y difícil. Me refiero a mantener la higiene tanto de la familia como en el hogar.

Casi todas las que tenemos pocos recursos nos hemos visto en la obligación de producir champú y detergente caseros. Agradezco a internet por tantas fórmulas maravillosas, pero qué dura vida que ni las fórmulas naturales son fáciles de lograr aquí.

Ni hablar de lo complicado que resulta mantener el área de cocina y el baño con la higiene acostumbrada, pues todos los productos de limpieza ahora solo se venden en dólares. Es que incluso con moneda dura en las tarjetas, en Guantánamo por lo menos, durante todo el 2021 ha sido difícil, por no decir imposible, comprar en las tiendas.

Ahora, para colmo de males, nos acecha una epidemia que es tan dañina como el coronavirus, hablo de la dichosa escabiosis.

Ya en una ocasión, hace solo 2 años, esta llegó a mi casa y me obligó a lavar las ropas de camas diariamente durante los casi dos meses que rondó el ácaro por nuestra casa. Todavía estamos escasos de sábanas, pues de tanto hervirlas y lavarlas con excesiva frecuencia y con cloro, la mayoría se deterioró en muy poco tiempo.

Ahora nuevamente la sarna ronda los hogares cubanos.  Ya varios de mis vecinos la han contraído. Y aunque la supuesta protección contra el covid-19 nos permite atrincherarnos en casa, no sé si en el caso del tiquitiqui (como se conoce aquí a la picazón que provoca la escabiosis) tengamos la misma suerte que con el SARS CoV-2. Por Dios espero que sí.

Vea más del diario de Rosa Martínez aquí.

Rosa Martínez

Rosa Martínez: Soy una colaboradora más de Havana Times, profesora universitaria y madre de dos niñas bellas y malcriadas que son mi mayor felicidad. Mis grandes pasiones son leer y escribir y gracias a HT puedo cumplir con la segunda. Espero que mis escritos contribuyan a tener una Cuba más inclusiva más justa. Espero que algún día pueda mostrar mi rostro junto a cada uno de mis posts, sin temor a que me llamen traidora, porque no lo soy.


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