¿Acaso tenemos una cooperativa?

Por Osmel Ramírez Álvarez

Plantas de tabaco

HAVANA TIMES – Hace poco estuve en una asamblea de asociados de la cooperativa agropecuaria a la que pertenezco. Viendo tanto ‘tira y jala’, discutiéndose problemas tontos que se arrastran por años, me sentía realmente deseoso de que finalmente acabara aquella comedia. Una cooperativa cubana es cualquier cosa menos eso. Lo digo en el sentido real de lo que significa esa palabra y esa agrupación económica.

En Cuba muchos campesinos están asociados a alguno de los tipos de cooperativas que existen legalmente. Pero el cooperativismo es tan irreal que ni siquiera en una misma finca familiar subdividida lo encuentras. Nadie coopera con nadie o es cosa rara. Por ejemplo, si un asociado tiene un tractor o una yunta de bueyes le cobra por un servicio a otro asociado lo mismo que a cualquiera en la calle y no tiene ninguna prioridad. Y así es con todo, es la realidad cotidiana.

En el caso del cultivo del tabaco, que es muy intensivo, durante la siembra o cuando un campesino tiene que hacer su casa de cura, o un simple rancho de aperos e insumos, generalmente no puede solo, tiene que conseguir fuerza extra. Y normalmente la obtiene de otros campesinos, pero tiene que pagarles según el mercado laboral informal, con regateo de precio y todo, lo que no es para nada una cooperación ni sentido de pertenencia a algo común.

Antes no habia cooperativas pero la gente cooperaba

Según cuentan los más longevos por acá, antes de la Revolución no había cooperativa en la comunidad. Pero a juzgar por lo que sucedía en la práctica existía el espíritu cooperativo. Era todo lo contrario a lo que pasa ahora que dicen que tenemos una cooperativa. Cuando un campesino tenía que roturar podía contar con los bueyes y arado de cualquier vecino que no los estuviera utilizando, y de forma gratuita. Incluso hasta con su ayuda.

Construir un rancho o casa de cura era una labor comunitaria, no solo del interesado. Familiares y vecinos acudían a la cita y lo hacían gratis. Claro, esperaban una actitud similar cuando tuvieran una contingencia. Hasta era una fiesta, porque al final remataban con una caldosa y un par de botellas de aguardiente.

Hasta cuando yo era pequeño en los años 80 recuerdo que persistía entre los campesinos de entonces. Hoy desaparecidos la inmensa mayoría, el hábito de la colaboración. Para sembrar tabaco existía esa ayuda imprescindible. Sembraban por turno, acababan una finca y seguían para la del vecino. No había bombeo ni aspersores, se cargaba agua desde un arroyo, en tanques montados en arrastras, y estas eran tiradas por bueyes.

Había que dar muchos viajes para mojar los surcos. Pero no faltaban 4 o 5 campesinos vecinos con sus yuntas, haciendo el tiro constante. Mientras que en el riego de posturas y la siembra participaban las mujeres, los niños grandes y también los vecinos.

Para que algo sea una cooperativa debe cumplir algunos requisitos básicos:

  1. Que los asociados tengan objetivos comunes.
  2. Ser una asociación voluntaria.
  3. Que prevalezca el espíritu de cooperación entre ellos.
  4. Ser una entidad económica autónoma.
  5. Responder esencialmente a los intereses de los asociados.

Ninguna cooperativa agropecuaria cubana cumple con estos puntos, más allá del primero. No es exactamente un acto voluntario pertenecer a esta, sino una exigencia práctica. Ningún propietario de tierra puede obtener crédito bancario sin estar asociado a una cooperativa. Tampoco puede hacer contrato de siembra de tabaco con Tabacuba o con cualquier otro cultivo. Es obligado para pactar con empresas estatales agrícolas que ofrecen paquetes tecnológicos.

Tampoco un grupo de productores pueden fundar libremente una cooperativa. Estas son organizadas por las direcciones del Ministerio de la Agricultura (Minagri) en los territorios. Lo hacen en coordinación con la organización campesina oficialista (ANAP). Y existe un manual instructivo para su funcionamiento de obligatorio cumplimiento.

Por ejemplo, una cooperativa no puede decidir cómo seleccionar sus líderes. Obligatoriamente existe en ese reglamento una fórmula similar a la usada en la elección de cargos políticos. Esto garantiza que ‘la masa no se equivoque’ y pongan a un líder que no sea del agrado de la ANAP y el Minagri, que al final representan al Partido Comunista. Sería largo explicarlo, pero es aberrante. Igual muchas normativas más.

Creo que son muchas las cosas que necesitan hacerse rápidamente para poder desarrollar la agricultura en Cuba. Está en crisis por tantas trabas burocráticas y excesivo control estatal. Pero una de las más importantes es tener verdaderas cooperativas, que sean liberadas del yugo estatal. Solo así podremos tener menos entorpecimientos políticos y mayor productividad en nuestros campos.

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Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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3 thoughts on “¿Acaso tenemos una cooperativa?

  • Lo malo que en cuba nadie puede ser independiente, privado, particular, pues la ley está programada para que sea de esa forma, por años e visto una cooperativa discutir con la compañía eléctrica por un trasformador que tuvieron que pagar por adelantado en divisa, y nunca lo pusieron, eso es para tener controlado a los campesinos y quitarle la producción

  • Lo peor es que probablemente más de la mitad de los cooperativistas piensan como tu pero no se atreven a decirlo.

  • Muy bueno tu artículo amigo. Excelente análisis

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