Como pasé la Navidad

Por Lorenzo Martín Martínes

HAVANA TIMES – La noche y madrugada de jueves para viernes pasó como mismo la anterior mientras cuidábamos la cola. Se bebió ron, bastante café, jugamos dominó y algunos dormitamos sentados en las aceras o acurrucados en alguna escalera.

Amaneció y rectificamos la cola, pero basado en la experiencia del día anterior solo fui a la casa a asearme y desayunar y regresé. Mis cálculos fueron correctos y una vez más apareció el camión, solo que esta vez trajó 120 piezas de carne y dijo que era muy probable que sobre las dos de la tarde cargara de nuevo.

Agotado, pero con esperanzas de comprar la carne el viernes, me quedé todo el día esperando la llegada del segundo camión pues era casí seguro que alcanzara si en realidad venía… y como dijo el chófer sobre las 2.30 de la tarde hizo su aparición con la preciada carga.

Pero, en Cuba siempre hay un pero, tuve la suerte de estar bastante cerca cuando comenzaron a bajar los pedazos de carne y créanme que el hedor dejaba mucho que desear.  Interpelado por los que hacíamos fila el camionero nos respondió que la carne estaba un “poco fuera de frío” que no estaba echada a perder. Explicó que había problemas por el frigorífico y que era por eso que estaban repartiendo apresurados.

Yo he pasado hambre en algunos momentos de mi vida, pero no he llegado aún a la necesidad de consumir alimentos en mal estados.  Gracias a Dios mi hijo me puso por la mañana dinero en la tarjeta MLC y con eso pienso resolver.

Fui al agro mercado y ahí mismo vendí 50 MLC a 175. Había carne en el cárnico a 400 pesos limpia y deshuesada. Compré un par de trozos de lomo limpio que me salieron en casi 6 mil pesos entre los dos. De  ahí saque un pedazo para regalarle a Finita y el resto lo adobé para cocinarlo el sábado 24 en casa de mamá.

El sábado salí temprano para Playa y me sentí afortunado en el tema del transporte ya que pude coger un taxi rápido, de los que me dejan bastante cerca de la casa. Además de la carne lleve un par de botellas de vino, que es lo único que toma la vieja, una botella de ron para darme algunos tragos con Chacho que ese siempre aparece y cargue algo de ensalada.

Llegue a la casa y como tal ya Chacho estaba ahí dispuesto a brindarse como cocinero. El aportó unas cuantas cajas de cerveza y muchos deseos de fiesta. Organizamos pronto la cocina, Chacho asumió el papel de chef y entre cervezas y vino comenzamos el día 24.

Ah, pero la felicidad no puede ser completa. Sobre las dos de la tarde llegó mi hermana Maria Luisa con su querido Dennis. Ellos aportaron una caja de cerveza que les dieron en el trabajo y toda su mala aura.

A partir de la llegada de ellos el semblante de mamá cambio. Ella se pone nerviosa cuando estamos juntos ya que por una cosa u otra terminamos discutiendo de política, pero me juré que esta vez no me dejaría provocar. Me gusta ver a la vieja contenta y en realidad no se cuanto tiempo vaya a estar entre nosotros, así que no me cuesta nada tragar callado.

Entre cervezas y chicharrones, de un pedazo de pellejo de cerdo que trajo mi hermana, pasó la tarde. Yo me refugié en la cocina con Chacho y las horas pasaron raudas. Sobre las 5 de la tarde terminamos de cocinar todo.

Me senté en el portal con Chacho y allá fue Dennis a sentarse con nosotros. Chacho, como siempre que se toma un trago, comenzó a narrar sus aventuras africanas sin que fuera interrumpido por nosotros. Solo alguna risa que el mismo Chacho compartía interrumpía su charla, hasta que a Dennis se le ocurrió que había demasiada tranquilidad y me espetó:

“¡Y que cuenta mi cuñado el gusano?”

Mi respuesta no se hizo esperar en forma de lata de cerveza lanzada, que no hizo blanco en su cara gracias a que Chacho se movió con velocidad inusitada y me empujó haciéndome errar el blanco, aunque su ropa quedó bastante manchada del liquido. Chacho se interpusó entre los dos que nos mirábamos de pie y en actitud belicosa y nos sermoneó:

“Coño, parece mentira que ni un día de fiesta puedan estar ustedes en paz. Van a matar a la vieja de un disgusto un día de estos.”

“Pero Chacho…” – traté de interrumpir.

“Tu te callas”, me dijo autoritario, “se que no tuviste la culpa pero tampoco era para tanto. Y tú Dennis, fijate lo que voy a decirte, yo soy más revolucionario que tú. He participado de mil cosas que no tienes ni idea y esta revolución la hice yo con mis propias manos a pulso. Pero ni por todo eso dejo de respetar a las personas y esto que estas haciendo lo haces adrede. Si tantas ganas tienes de molestar al hombre citate con él en un descampado y tírense 4 trompadas, pero sin llevar a tus perros falderos y sin hacer gala de tus graditos, como un hombrecito. Pero aquí, en casa de la vieja, no vengas a joder porque te juro que si le pasa algo por tu culpa saco el viejo cachimbo, que todavía sirve, y te pego 4 tiros, total, yo ya estoy cumplido. Y dale con tu mujer para adentro que sabes que aquí ni yo te soporto”.

“¿Pasa algo Chacho?”, preguntó mamá desde el interior alertada por el tono de voz de Chacho.

“Nada, vieja, Lorencito como siempre chivándome”, aplacó él la situación.

Bebimos un par de cervezas más en silencio hasta que las mujeres llamaron a la mesa.  Comimos en silencio casi todos. Solo se escuchaban las voces de mamá y Chacho conversando y tratando de animar la cena.

Casi no habíamos terminado de comer y sonó el teléfono de Dennis. Al parecer era algo relacionado con el trabajo porque salió a conversar al portal. Entró con cara de compungido y dijo:

“Mari, tenemos que irnos, se presentó algo. Disculpe vieja, pero tenemos que irnos, el trabajo llama”, y le dio un beso en la frente a mamá.  “Bueno cuñado, nos vemos, hace falta que la próxima vez no tengas tan pésimo sentido del humor”.

Fui a levantarme, pero el Chacho me contuvo y me quedé tranquilo. Mamá no merece que uno de los pocos días que pasamos juntos se lo eche a perder. Mi hermana repartió besos y felicitaciones y se marchó con su marido.

Casi por acto de magía saliendo ellos por la puerta el ambiente se distendió y Chacho volvió a ser el mismo dicharachero de siempre, mamá comenzó a reír y yo me contagié.  Descorche una botella de vino para tomarla con la vieja y saqué un turrón de yema y almendras que es el que le gusta a ella.

El vino y el turrón fueron tema para más leyendas de Chacho donde nos contaba como se hacían los “verdaderos” turrones en España. En cuanto al vino se extendió en explicaciones de cómo funcionaba el proceso de producción desde el viñedo hasta las bodegas y la botella, que para eso sus abuelos eran vinicultores de renombre en la madre patria, hasta que Franco los decomisó y metió presos por comunistas. 

Entre la noche, el alcohol consumido y los cuentos de Chacho nos cogieron las 12 de la noche, nos felicitamos por el nacimiento del niño Jesus y nos fuimos a dormir luego de asegurarme de que Chacho llegara bien a su casa, unos metros más allá. Por cierto, Chacho que se dice tan comunista, jamás ha podido deshacerse de su herencia y creencias católicas.

Lea más del diary de Lorenzo Martín aquí.



2 thoughts on “Como pasé la Navidad

  • Es una buena crónica pero es una pena que al texto le falten tantos acentos (no me digan que las tildes se fueron a ver los volcanes).

  • Gracias por avisar.

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