Brasil: qué cosa más linda

Isbel Díaz Torres

HAVANA TIMES – Brasil es un poema luminoso. Después de mi triste fotorreportaje de principios de año sobre sus impactantes contradicciones, no quiero que termine este verano sin compartir con ustedes un poco de la increíble belleza de ese país.

No sé por cuáles raros giros de la vida, tuve la suerte de que mi primera salida de Cuba fuera al lugar que más había deseado conocer siempre. El viaje sirvió para reafirmar algo que ya sabía: lo que más me gusta de Brasil es su sensual idioma, y su música infinita. Desafortunadamente, el texto no recoge esa deliciosa experiencia.

Visité los estados de São Paulo y Río de Janeiro, lugares muy diferentes.

São Paulo es una ciudad eminentemente moderna (no por gusto es la segunda metrópoli de Sudamérica), bulliciosa, superpoblada (más de once millones solo en la ciudad), gigantesca en más de un sentido, con una arquitectura despampanante y hermosísima.

Parece una ciudad que crece indetenible, e incorpora a su funcionamiento los últimos avances tecnológicos, por lo que era fácil en cualquier café conectarme gratuitamente a Internet a través de la wifi (ya saben que para los cubanos de la isla, eso es algo así como el paraíso…).

Los mercados abarrotados de gente, fueron también espacios de deleite para mí. La alucinante variedad de frutas, vegetales, granos, viandas… ofrecía un espectáculo que saturaba mis sentidos: olores nuevos, nombres exóticos, sabores excitantes, texturas provocadoras, colores cuyas combinaciones desconocía.

Probar el precolombino azaí, la especiosa feijoada, el refrescante maracuyá, un buen trago de caipiriña o simplemente de cachaza, lograba que mi paladar reevaluara todos sus preconceptos.

Todo ello, mezclado con esa familiaridad latina, ese desparpajo que lo hace a uno sentirse en casa. Los límites entre extranjeros y nacionales se diluían, y la amabilidad verdadera era factor común (no esa afabilidad impostada del sector gastronómico que bien conocemos, ni esa servidumbre interesada que acá quieren llamar hospitalidad).

En Río, por su parte, se respira el oxígeno del Atlántico, y eso ya cambia todo. Caminar por las calles cercanas al mar fue a ratos una experiencia casi erótica. Ambientes mucho más espaciosos se combinan armoniosamente con una arquitectura menos estridente.

El Cristo de Corcovado, a más de 700 metros sobre el nivel del mar, se aparecía por cualquier esquina, tanto de día como de noche. Estando yo allá perdió uno de sus dedos a causa del impacto de un rayo, cosa que acaparó totalmente la atención de los medios.

En ambas ciudades, los parques con áreas verdes son una delicia, y la ciudadanía usa y respeta esos espacios. En uno de ellos, el Parque de Tuperí, en Tatuapé, encontré (para emocionante sorpresa mía) cisnes negros que nadaban plácidamente en un tranquilísimo estanque.

Las flores aparecían por doquier, incluida gran variedad de orquídeas (allá en enero estaba en pleno verano). Y no solo en las floristerías, sino en los jardincitos de las casas, o simplemente en los árboles de los parterres, que con frecuencia tenían sus troncos y ramas cubiertas de una peculiar especie de helecho.

Fue gratificante encontrar una cultura e identidad bien fuertes, expresadas y defendidas por los nacionales con orgullo y real sentido de pertenencia. En poquísimas ocasiones escuché música que no fuera del patio, pues los brasileros aman la samba, que no es un simple ritmo, sino todo un complejo y rico género con subgéneros.

Pagode, bossa nova, batería, batucada, canción, todos tienen como base a la samba. “Vamos a sambar” fue una expresión que escuché más de una ocasión, y tal divertimento era popular en casi cualquier tipo de gente a la que pude acceder, entre quienes no era raro encontrar personas capaces de tocar el pandero, el bombo, u otro instrumento musical percutivo.

Brasil y su gente son un regalo. Si alguna vez puedo regresar, será imprescindible conocer su naturaleza salvaje: la Amazonía, tesoro de la humanidad a la que no puede acceder esta vez.

Aun me queda en el tintero otra entrega sobre Brasil (a sabiendas que no podre abarcar toda mi experiencia en el gigante suramericano) con una pequeña muestra de lo que pude aprender de la apasionante lucha anticapitalista allí.

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Isbel Diaz

Isbel Díaz Torres: Pinar del Río y La Habana son mis ciudades. En una nací, el 1º de marzo de 1976, y en la otra he vivido desde siempre. Soy biólogo y poeta, aunque eventualmente he sido músico, traductor, profesor, informático, diseñador, fotógrafo, o editor. Soy un gran inconforme y defensor de las diferencias, quizás por haber sido desde siempre un “niño modelo” muy reprimido. Nada me subyuga más que lo desconocido, la naturaleza y el arte me funcionan como fuentes de misterio y desarrollo. Un sorprendente activismo ha nacido en mí en los últimos tiempos. Aunque no estoy muy seguro de cómo utilizarlo, siento que es una energía noble y legítima. Ojalá tenga discernimiento para manejarla.


9 thoughts on “Brasil: qué cosa más linda

  • el 6 septiembre, 2014 a las 4:45 am
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    Que belleza de fotos. Que diferentes a las que ponen aquí mismo de Cuba donde todo es lúgubre y abandonado.

  • el 4 septiembre, 2014 a las 12:46 pm
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    Fez, la primera salida fuera de Cuba fue a Brasil, y cuando vino a EU era su primera visita a USA.

  • el 4 septiembre, 2014 a las 12:44 am
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    Como que primer viaje? Y el de Estados Unidos a la conferencia aquella en que al regresar a Cuba te privaron del celular? Si todos los cubanos que dicen ser comunistas pudieran viajar como viaja este chamaco, creo que habrian menos anti-castristas.

  • el 3 septiembre, 2014 a las 8:47 am
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    Isbel, siempre les digo a los brasileiros que los cubanos nos parecemos tanto a ellos que si un brasileiro está en Cuba solo lo reconocerán cuando abra la boca y diga algunas palabras y los mismo nos pasa a los cubanos en Brasil, que los único tipos de brasileiros que nos faltan en Cuba son los descendientes de japoneses, que los que nos diferencia es el idioma. He estado en varios países de América del Sur de habla española y ningunos se parecen a nosotros como los brasileros tanto en la apariencia física (blancos, negros, mulatos, jabaos y todas las otras pintas) como en el carácter.

  • el 2 septiembre, 2014 a las 1:55 pm
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    Preciosas fotos Isbel, gracias por compartir!!! Bello, bello que es Brasil!

    Ojalá el agua fiestas que aparece por aquí no venga a decir que sólo te dieron el tour de lo bonito, y que con su tirria se ponga a sacar la pobreza de la favelas y del porciento de niños mendigos que hay.

    Excelentes fotos, preciosas, te deseo la oportunidad de que vuelvas pronto y que conozcas más el país!!!

  • el 2 septiembre, 2014 a las 11:27 am
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    Junto a India, China, y claro paises árabes,…Brasil, es de los que no se me antoja…pero si tú te la pasaste bien…bueno, en cuestión de gustos, …no hay …rigideces,…lo que no entiendo, porque yo leí ese al que haces alusión , evidenciando, su fealdad, ahora éste…realzando su belleza…???

    Ah…eso de “…apasionante lucha anticapitalista allí.”, te diré…sin el capitalismo, tanta belleza, que viste…no seria posible…ok?

  • el 2 septiembre, 2014 a las 9:31 am
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    Para ser la primera vez que sales el Brasil es el lugar perfecto pues combina todo: paisajes, arquitectura, cultura y un pueblo espectacular. Preparate porque seguro que algun venenoso te va a preguntar por las favelas, los ninos con lombrices y esas cosas.

  • el 2 septiembre, 2014 a las 8:55 am
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    Eso es pa que te sigas creyendo cosas. Una vez dije aqui mismo que lo que más me sorprendió en mi primer viaje fuera de la isla fue el colorido. Tanto, que al regresar a Cuba fue que percibí, por contraste que las cadas necesitan pintura.

    Un detalle que ilustra el grado de barbarie en que se vive en Cuba: Los jardines aquí tienen flores, a pesar de que tenemos inviernos bajo cero, en cuanto sube la temperatura, los parques se llenan de flores, que son las que anuncian la llegada de la primavera. Los parques se llenan de alfombras amarillas, rojas, verdes. El colorido de las flores es tan intenso que mi madre, cuando vino de visita , me preguntó si las flores eran plásticas.

  • el 2 septiembre, 2014 a las 8:30 am
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    Ahora el regimen esta muy procupado por la candidata del partido socialista que al parecer tiene muchas posibilidades de tumbar a Dilma…… no se porque estaran preocupados…. quizas piensen que el proyecto del Mariel no se cumpla si Dilma no esta….. no lo creo, Brasil es un pais de leyes y si hay un convenio firmado pues seguro se cumplira…… aunque a decir verdad no se ese proyecto del Mariel si servira para algo…… en el mundo exterior (esto lo digo parafraseando a unos “muppets” que solia ver de adolecente) los proyectos estilo Mariel suelen nacer del comercio y la industrializacion…. o sea….. primero existe comercio interno y externo en el pais mas cierto grado de industrializacion y luego nace la necesidad de un proyecto como el Mariel….. no se si haciendo las cosas al reves estas funcionen……. ya veremos si no se convierte todo en un monumento al fracaso como la planta nuclear, las cortinas rompevientos, la industria azucarera, etc, etc.

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