Un centro comercial que se las trae

Irina Pino

Estante casi vacío en el departamento de confituras de La Puntilla.
Estante casi vacío en el departamento de confituras de La Puntilla.

HAVANA TIMES — A diario nos enteramos, a través de los noticiarios de la televisión, de las irregularidades que se cometen en establecimientos estatales. Los medios masivos informan en cierta medida, pero el pueblo es el que paga las consecuencias.

En el centro comercial La Puntilla, en Miramar, se hacen cambios de empleados constantemente; hace poco la tienda estuvo cerrada por un mes, perjudicando a los vecinos que la frecuentan. Nadie decía por qué, secreto total, cuando alguien preguntaba, explicaban que se estaba realizando una auditoría, pero esa ya duraba demasiado…

Algunos empleados empezaron a comentar lo que sucedía: las bajas se sucedieron una tras otra, muchos trabajadores se fueron antes de que los cogieran con las manos en la masa, alegando que se querían trasladar… En el departamento donde ofertan lámparas y adornos, las dos vendedoras se fueron del aire (las botaron).

Ahora, especialmente en el supermercado,  se ven muchas caras nuevas que te dan los buenos días, pero no suenan natural, parecen robots. En la cafetería deberían ir pensando en sustituir a todo el personal, pues el trato al consumidor es horrible, te dan las pizzas frías y te miran como si no existieras.

Los administradores desfilan, siempre hay uno distinto. A veces la mercancía se acumula y no la ponen a la venta,  he visto productos a punto de llegar a su fecha de vencimiento con una rebaja mínima. Una verdadera falta de respeto al cliente, apenas unos centavos para comprar mercancía con peligro para la salud.

Puede pasar que la mercancía se termine, y los estantes queden desolados, algo que luce mal ante los ojos de la clientela y  atenta con la oferta y la imagen del centro comercial.

Una trabajadora me ha dicho que está loca por irse, porque ese centro comercial está maldito y mucha gente ha “explotado”, aunque ella no trabaja con el público directamente. Los empleados gozan de ciertas ventajas, esta mujer ha podido comprar productos, como zapatos, a precios irrisorios, mientras que la población adquiere la misma mercancía a un precio exorbitante.

La ropa y zapatos que ofertan son horrendos generalmente, además de tener altos precios, que no se corresponden con su calidad ni con los salarios mínimos; una simple camiseta fabricada en china, cuesta casi 10 CUC. Asimismo, en la boutique, abundan antiguallas carísimas, que nadie compra. Cabe preguntarse ¿quién desea adquirir una ropa que ni siquiera es moderna? Tampoco se rebaja, se ven los mismos modelos por largo tiempo. Recuerdo cuando vino una pariente mía que vive en los Estados Unidos, y se asombró del precio de las toallas, pues las más baratas cuestan 6 CUC y apenas tienen felpa. “Esas toallas allá cuestan 99 centavos, me dijo”.

Sería una buena idea negociar con los diseñadores particulares para comercializar su mercancía en las tiendas, quizás podrían tener más éxito y salida.

Punto y aparte, es la discoteca que funcionaba en el último piso, la que tuvieron que cerrar porque resultaba una verdadera vergüenza, en aquel antro se reunían prostitutas y proxenetas, que entre las 3 y 4 de mañana salían escandalizando, se escuchaban gritos, malas palabras, peleas, carreras de autos, una algarabía que despertaba a todo el vecindario.

Por suerte para todos se tomaron medidas, ahora se puede dormir con tranquilidad. Ojalá dure esta paz, por los siglos de los siglos…

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

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