Derechos Humanos: realidad virtual en Cuba

Por Irina Echarry

Luis Manuel Otero, artista cubano arrestado ya 18 veces. Aquí con su hijo.

HAVANA TIMES – Mi vecina sigue atentamente el noticiero, Estados Unidos celebra, violándolos, el Día Internacional de los Derechos Humanos, dice sin explicar bien. Y yo le pregunto si ella sabe cómo se celebra en Cuba. Pero mi vecina cree que estoy jugando.

En realidad, a veces no sé si todo es un juego, si un día voy a darme un golpe en la cabeza que me haga ver las cosas como deben ser. Las redes sociales solo tienen noticias tristes; ya la palabra absurdo no alcanza para definir lo que sucede.

Mi vecina no cree que hubo personas aquí que no pudieron salir de su casa el pasado 10 de diciembre. Le explico, le muestro imágenes, le cuento que sucede a menudo y ella termina creyéndome con una acotación: sí, pero ¿esa gente quiénes son? Algo habrán hecho…

Y aunque me molesta su reacción, la entiendo; ella solo ve el noticiero, ni siquiera lee el periódico, aunque no leer el periódico no altera nada, en Cuba todos los medios dan la misma (des)información que ordena el Partido.

Si le dijeran que va a escasear el aceite por seis meses, ella protestaría, como lo hace cuando no hay jabón o no llega el café de la cuota a la bodega: en ese momento no se acuerda del bloqueo ni de la dignidad. Pero luego por la televisión justifican el asunto y ella se convence, al final compra por ahí algún polvo marrón que simule café y se hace la idea de que está desayunando.

Lo que no puede entender es que haya personas que quieran cambiar el estado de cosas, que quieran pensar, que quieran expresarse; mucho menos puede comprender que esas personas a las que se les limita el movimiento o se les detiene arbitrariamente (cada vez con más frecuencia), no se dediquen a dejar explosivos en las guaguas, salir con armas a la calle o poner veneno en la cisterna de un círculo infantil. No, dice, no puede ser que los traten como delincuentes si no lo son. 

Y eso que mi vecina no conoce a Luis Manuel Otero, no sabe que el día 10 era el cumpleaños de su hijo y a Luis le impidieron ir a felicitarlo; es la detención número 18 que sufre en un año y él es solo un artista incómodo, le digo, y parece confundida.

Ella no sabe nada de activismo ciudadano o protesta cívica, ni se imagina que la madre de Ariel Ruiz Urquiola por poco no puede ir a recibir a su hijo al aeropuerto, y a sus amigos, también vigilados, tampoco los dejaron acompañarla; ¿otro artista?, pregunta, y le cuento que no, que es biólogo, mientras su rostro dibuja una sombra de desconcierto.

Sobre las Damas de Blanco solo comenta un amasijo de malestares sin argumentos, y a los periodistas independientes –presos también en sus casas- los tilda de mercenarios; ella no, esas no son sus palabras, solo repite lo que escucha, y lo que escucha es que todos conspiran contra el pueblo. Así de simple.

A ella no se le ocurre pensar que la prensa difama, distorsiona, oculta y manipula al antojo del Partido. Pensar para qué, hay que emplear el tiempo en buscar la comida, y de todas formas el noticiero nos mantiene al tanto.

A veces yo también dudo, reviso las redes y me encuentro un país, pero cuando abro la puerta de la casa veo otro, un país lleno de gente como mi vecina, buenas personas que ignoran una gran parte de la realidad cubana, que solo confían en lo que los dirigentes les proponen, sean medidas económicas o noticias.

Yo no puedo ir contra eso, quizá me falte paciencia, pero cómo y para qué explicarle lo que ocurre en su país si a las ocho de la noche ella volverá a sentarse frente al televisor: oye, ayer tampoco dijeron nada, ¿tú estás segura?, pregunta en la mañana.

No, claro que ya no estoy segura de lo que vivo, no puede ser real eso de que no te dejen salir de tu casa o del país, que te amenacen o acosen y que luego se pavoneen diciendo que en Cuba se respetan todos los derechos.

Es demasiado burdo que lo hagan el mismo día en que el mundo entero recuerda que en 1948 la Asamblea de Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos para que sus principios fueran guía en el empeño de un mundo mejor, proclamando los derechos inalienables inherentes a todos los seres humanos, una fecha que sirve para sensibilizar, etc.

Por eso estoy esperando levantarme un día y despertar, pero, la verdad, no quisiera encontrarme con nadie parecido a mi “buena” vecina.

 

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.

2 comentarios sobre “Derechos Humanos: realidad virtual en Cuba

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