Gris con pespuntes negros

Dariela Aquique

Mercado. Foto: Lazaro Gonzalez

Remitámonos un poco a la jerga popular o también conocidos cubanismos, donde para decir que la cosa es o está mala, se emplea: la cosa está negra y para decir que no está buena y va para peor, se aplica: gris con pespuntes negros.

Esas cómicas frases las aprendí de mi abuela, que era maestra en el arte del dicharacho. Como tengo una pródiga imaginación y un excelente sentido de humor (obviamente hereditario) trato de aderezar mi retórica con estas expresiones.

Iba de compras el fin de semana, para poner algo en mis despensas vacías. En las afueras de los mercados, siempre te encuentras a un sinnúmero de gentes que se te acercan proponiéndote: quesos, leche, bebidas, condimentos, carnes, embutidos, productos en conservas, etc., etc., etc.

La primera pregunta te asalta: ¿de donde sacan estos merolicos, todos estos productos, casi siempre desaparecidos en el mercado oficializado? Pero todos sabemos que salen de almacenes públicos, que hacen parte de desvíos de recursos destinados a la población.

Los que no llegaran por los canales destinados y que solo pueden ser obtenidos a precios que responden al nivel de riesgo que implica su venta en el mercado negro.

Establecí entonces la analogía, donde mercado negro es igual a mercado malo.

Una vez dentro del establecimiento (uno de la cadena irónicamente nombrada “Mercados Ideales”), advierto que tienen menos variedad de ofertas, que los vendedores ambulantes y que en los que coinciden, los precios son los mismos.

Quedas sin entender este horror, perdón quise decir error, debes tomar una decisión. Has salido a adquirir víveres para tus alacenas desoladas, no importa si el proveedor es de un lado o de otro. Ambos tienen la misma particularidad, la de estrangular tus endebles capitales y a cualquiera de ellos tienes que recurrir por ley de subsistencia.

Regresas al símil y evocas los añejos dicharachos, existen dos mercados, el que por llamado negro (el clandestino) equivale a malo o viceversa y el que va de malo a peor (el estatal) al que puedes  apodar gris con pespuntes negros.

 

Dariela Aquique

Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.

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