Olas autoritarias en Latinoamérica: ¿un pasado que regresa?

Por Armando Chaguaceda

HAVANA TIMES – Durante estos días, Perú estuvo en vilo por las elecciones generales. La cerradísima disputa entre el candidato izquierdista Pedro Castillo y su oponente de derecha Keiko Fujimori reflejó una polarización interna, pronto trasladada a sus aliados internacionales. Tanto las izquierdas -democráticas o populistas- como sus pares derechistas -moderados o extremos- tomaron partido por sus contrapartes locales. Lo curioso, allende los clivajes ideológicos, es las coincidencias que atraviesan ambas candidaturas. Y las huellas que proyectan sobre el proceso político de Perú y Latinoamérica.

Castillo y Fujimori defienden agendas conservadoras en cuanto al reconocimiento de los derechos humanos y el respeto a la diversidad identitaria. Sus proyectos de gobierno promueven enfoques rebasados -estatista uno, neoliberal la otra- del desarrollo económico y la gestión pública. Sus referentes políticos revelan una tensión estructural con cualquier visión sostenible de república democrática. La resaca de estos comicios, me temo, se extenderá allende la coyuntura y, lo que es peor, las fronteras nacionales.

Hay que volver la mirada a lo ocurrido en los últimos 35 años. En Latinoamérica la recuperación de las democracias no llegó con la construcción de Estados de Bienestar inclusivos. Las desigualdades sociales y económicas se mantuvieron y ampliaron con las políticas neoliberales.

Pese a ello, el ejercicio de los derechos de ciudadanía, afectado tanto por el legado autoritario como por el modelo neoliberal, se fue recuperando. Se constituyeron fuertes comunidades de derechos humanos y redes de ONG que mejoran la cultura cívica y exigen a los poderosos en pro de los excluidos. En la mayoría de las Américas los regímenes democráticos devinieron el marco formal de la vida política.

No obstante, tras décadas de imperfecta pero real recuperación democrática, los principales actores -élites, partidos, movimientos- latinoamericanos han mostrado un frágil compromiso republicano. La derecha, al insistir en modelos socioeconómicos excluyentes, ha impedido la construcción de Estados de Bienestar inclusivos con auténtica ciudadanía social. La izquierda a menudo ha prometido inclusión social a costa de la autonomía cívica y el pluralismo político.

En Latinoamérica, la polarización social preexistente -de raza, clase y región- se ve hoy reforzada por la polarización política inducida, en tanto estrategia movilizadora de gobiernos y oposiciones radicalizados. La paulatina mejora de los indicadores democráticos de décadas pasadas se ve amenazada -y en algunos casos revertida- por las tendencias autoritarias de los últimos años, bajo gobiernos de distinto signo ideológico. Lo cual se aprecia en el siguiente gráfico, síntesis de los datos arrojados por el proyecto internacional colaborativo de estudio de las democracias V-Dem:

Fuente: Liberal Democracy Index (1970-2020) https://www.v-dem.net/en/analysis/VariableGraph/

La historia nos enseña que esto no es nuevo. El politólogo Kurt Weyland ha explicado[1] cómo hace un siglo se vivió el peor retroceso democrático en la historia moderna de Europa y América Latina. En las décadas de 1920 y 1930 la radicalización bolchevique provocó poderosos movimientos de extrema derecha.

Los temores al comunismo -provenientes tanto de los prejuicios derechistas como de la praxis autoritaria soviética- pusieron en duda la sobrevivencia de la democracia y abonaron el ascenso de Mussolini en Italia y Hitler en Alemania. El centro político -socialista o liberal, cristiano o popular- fue rebasado o, en muchos países, aniquilado por el totalitarismo fascista y el autoritarismo conservador.

En Latinoamérica la espiral de radicalización ideológica, polarización política y autocratización de diverso signo cobró bríos treinta años después, tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. Los izquierdistas latinoamericanos creyeron que podían importar a sus países el guión castrista.

En su réplica, los derechistas confundieron cualquier reclamo progresista con amenaza comunista. Como explica Weyland en otra obra[2], las ideas radicalizadas, las expectativas exageradas y los cálculos de interés sesgados llevaron al horror de los años 60s, 70s y 80s. Millones de latinoamericanos, entre ellos la flor y nata de la juventud, padecieron las guerras civiles y la represión desatadas bajo los mantras de la revolución y la lucha contra la subversión.

Entonces, los regímenes militares gorilas, instaurados con auspicio de la CIA y apoyo de las élites y buena parte de las clases medias, reprimieron brutalmente a los izquierdistas criollos.

Lo paradójico resulta que en el presente la agenda autocratizadora se haya concretado desde el polo opuesto. Cuba, Nicaragua y Venezuela son sus expresiones límite, con la complicidad de izquierdas moderadas. Basta ver el doble rasero con que el campo político intelectual progresista condena a Duque o Piñera mientras alaba (o se calla) a Díaz Canel o Maduro.

La actual situación de autocratización izquierdista -ocurrida en democracia y nefasta en sus propios términos- podría anticipar una nueva espiral de respuestas dictatoriales desde derechas reaccionarias como las representadas por el bolsonarismo, el uribismo o el aún enigmático bukelismo.

Si estas últimas llegasen a concretar su mutación de liderazgos y movimientos a regímenes autoritarios tout court, Latinoamérica habrá revivido sus peores demonios. El continente se dividirá en dos bloques autoritarios, ideológicamente contrapuestos, con algunos islotes inconexos de libertad política. Tal realidad, aunque nefasta, aparece cada vez más como un escenario posible para los años que vendrán.

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[1] Assault on Democracy: Communism, Fascism, and Authoritarianism During the Interwar Years, Cambridge University Press, 2021.

[2] Revolution and Reaction: The Diffusion of Authoritarianism in Latin America, Cambridge University Press, 2019.

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Armando Chaguaceda

Armando Chaguaceda: Mi currículo vitae me presenta como historiador y cientista político.....soy de una generación inclasificable, que recogió los logros, frustraciones y promesas de la Revolución Cubana...y que hoy resiste en la isla o se abre camino por mil sitios de este mundo, tratando de seguir siendo humanos sin morir en el intento.


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