Ángel Valodia: me lamento hasta el día de hoy por patear al árbitro

Por José A. Rodríguez

Angel Valodia Matos. Foto: jit.cu

HAVANA TIMES – Ángel Valodia Matos es, hasta ahora, el único campeón olímpico que ha dado el taekwondo cubano. Con una interesante hoja de servicios, tuvo una trayectoria deportiva más que meritoria, pero lamentablemente se le recuerda más por haberle dado una patada a un árbitro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Ahora mismo si usted hace una búsqueda en Internet, las primeras imágenes y videos que aparecen del cubano son precisamente aquellas del 22 de agosto de 2008, cuando frustrado por sentirse engañado, la emprendió con el tercer hombre sobre el colchón.

“Es algo que lamento hasta el día de hoy, porque no quería que terminara así mi carrera deportiva”, nos confesó el espigado atleta, oriundo de la oriental provincia de Holguín.

“Para Beijing 2008 hicimos una buena preparación, no como la de Sydney 2000, pero sí bastante buena”, comenta. “Me sentí bien física y mentalmente. Mi entrenador me dio toda la confianza del mundo. Gané el primer combate, luego perdí 0-1 con el surcoreano Dongmin Cha, pero pude acceder a la repesca hasta llegar a la discusión del bronce contra el kazajo Arman Chilmanov. Ese día trataron de comprarme para que perdiera la pelea, me ofrecieron dinero a mí y al entrenador y no aceptamos.

“Por eso sigo diciendo que entonces compraron al árbitro (el sueco Chakir Chelbat), porque desde que entré me molestó. De todas maneras seguí en el combate, porque ya le había ganado a ese rival y confiaba en la victoria, pero no había manera, y el árbitro me descalificó. Yo iba delante 3-2 y me hice una herida de cuatro puntos en el pie derecho. El kazajo se dio cuenta de que estaba sangrando, se lo dice al árbitro y este llama al médico.

“Cuando me estaban vendando miré a la mesa central y vi a un federativo haciéndole señas al árbitro para que le levantara la mano al contrario, porque supuestamente se estaba demorando demasiado el vendaje. Por eso me descalificaron, pero haciendo memoria después, recordé que en Sydney en el combate con el esloveno Marcel More yo le fracturé una mano y se demoró un minuto y medio, y luego seguimos el combate como si nada.

“Vino después lo que todo el mundo vio, fue muy duro porque era mi última Olimpiada, cuatro años que fueron muy duros ya por mi edad, y es algo que lamento hasta el día de hoy, porque no quería que terminara así mi carrera deportiva. Me sentí muy mal por el sacrificio que me había costado y porque incluso quería pelear un año más hasta el Mundial, pero vino la sanción”.

En ese momento el rostro del moreno de casi dos metros de estatura se ensombrece completamente, y es evidente que le duele todavía aquella actitud, aunque en un primer momento hasta Fidel Castro lo defendió públicamente.

Comenzamos entonces a repasar su vida desde los comienzos, y empezamos con su nombre, pues inicialmente todos le llamaban Volodia.

“Mi mamá siempre me dijo que era Valodia, porque así le decían a Lenin, si se pronuncia como lo hacen los rusos.”

“Antes del taekwondo practiqué baloncesto, judo, hockey, pelota y al final me quedé con el taekwondo casi de casualidad. Llegué allí a los 13 años por los amigos del barrio, que iban al gimnasio Feliú Leyva, entre ellos, mi hermano, con el profesor Jorge Apestegui.

“Con 15 ya estaba en la ESPA (Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético) nacional, luego de ganar bronce en un nacional juvenil, en septiembre de 1993. Ya en ese tiempo me sentía bastante familiarizado con el deporte, porque incluso cuando llegué a la ESPA algunos entrenadores decían que yo no servía, porque tenía los pies planos. Como joven al fin no le hice mucho caso a esos comentarios, seguí con mi entrenamiento normal y fui teniendo logros. En 1994 obtuve plata entre los mayores y poco después ya era la primera figura en mi peso en el país.”

“Luego de ganar oro en los torneos continentales de 1996 y 1998, fui a los Juegos Centroamericanos de Maracaibo en 1998, la que considero de verdad mi primera competencia internacional. Allí marqué 24 puntos sin recibir ninguno en contra.”

“Al siguiente año, en los Panamericanos de Winnipeg terminé con plata. El mexicano Víctor Estrada me ganó. Era muy bueno, con más experiencia que yo, porque ya tenía cuatro oro mundiales en su palmarés. La pelea fue buena, pero él obtuvo el primer lugar. En el 2000 gané la Copa del Mundo de Francia, y llegué con mucha confianza a Sydney.”

Sin embargo, ahora el rostro de Valodia vuelve a ensombrecerse, porque le tocó encajar su más cruel revés:

“Días antes de competir en Sydney murió mi mamá. Yo salí hacia Australia consciente de que mi mamá estaba enferma, pero no pensé que fuera a fallecer en ese tiempo. Uno nunca se recupera del todo de una pérdida así, pero el entrenador Pedro Lay y el médico me ayudaron mucho, al igual que mi hermano, con quien pude hablar desde allá, porque me preocupaba como él había sufrido ese golpe. Verlo a él centrado me dio fuerzas para controlarme y poder competir bien. En Sydney marqué 18 puntos y recibí solo tres, dos de ellos en el primer combate. Tenía muchos nervios, porque además eran unos Juegos Olímpicos, pero la preparación y las competencias previas me habían dado confianza.

“El segundo combate fue con Estrada, pero logré derrotarlo 2-0 y ya cuando obtuve esa victoria sabía que nadie me podía quitar la medalla de oro. En la final fue contra Faisal Ebnoutalib, marroquí-alemán, que casi siempre ganaba medallas en torneos europeos y Copas del Mundo, y lo enfrentaba por primera vez, pero le gané 3-1.”

“El siguiente cuatrienio no tuvimos una buena preparación, porque a las competencias que asistimos no vi rivales de consideración y cualquiera los hubiera ganado. En el sorteo caímos los cuatro medallistas en el mismo grupo eliminatorio, y caí contra Estrada.”

¿Cómo valoras tu estilo de pelea?

“Mi estilo preferido era de contraataque, pero casi siempre llevaba la iniciativa, porque la distancia me favorecía. Me paraba bastante lejos del rival, donde él no me pudiera alcanzar, pero yo sí por mis extremidades más largas, y eso me llevaba a atacar, porque casi siempre era yo el que estaba a la distancia adecuada para golpear al contrario. Con el paso del tiempo fui aprendiendo a provocar al oponente para que fuera él el que atacara, pero en general dependía de a quién tenía delante.”

Así mismo se comportó en la entrevista, parco al hablar, a la espera del “ataque” mío. Antes de despedirnos, me comentó que actualmente está como entrenador en un gimnasio de la capital, con niños de las categorías 9-10 y 10-11 años, que vive orgulloso de sus tres hijos (dos hembras y un varón), y que en su tiempo libre ve mucha televisión. Por suerte, en Cuba cuando se pasan sus imágenes, jamás se ponen aquellas que lo marcaron, y que todavía le duelen.

 



2 comentarios sobre “Ángel Valodia: me lamento hasta el día de hoy por patear al árbitro

  • Fue de verdad un gesto muy feo, y lo peor fue que se lo aplaudieron.

    Respuesta
  • para mi fue espectacular, como solo veo deporte por entretenimiento y no mitifico a nadie por correr detrás de una pelota, darle con un palo o como es el caso patear más alto, pues la verdad q ese momento fué muy entretenido. Supongo q el arbitro no pensará igual.

    Lo q más sorprendente me parece es la cantidad de recursos q se mueven al rededor de estos juegos para adultos q es lo q son, por cierto, el taek won do es el arte marcial con la federación mas corrupta que existe en la tierra y de ello hacen zafra los sudcoreanos.

    Respuesta

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