XI Muestra Joven: de la violencia a la libertad del amor

Irina Echarry

HAVANA TIMES, 6 abr —  En un mar de ansiedades y preguntas comenzó la XI Muestra de Jóvenes Realizadores. Luego de la renuncia de su director Fernando Pérez y las manifestaciones de solidaridad de algunos creadores, algunos perdieron interés por el evento.

Otros nos preguntábamos si no sería bueno que todos se retiraran de la muestra, en protesta por la censura de Despertar, un documental sobre Raudel de Escuadrón Patriota.

Sin embargo la mayoría pensó que ese es un espacio ganado por y para los jóvenes, donde cada año confluyen diversidad de ideas sobre cine y sobre la vida en general, y que renunciar a él sería gratificar a los censores quitando del medio “algo incómodo”.

Pues la muestra durante sus 10 ediciones anteriores ha demostrado ser necesaria no solo para los cineastas (que promocionan su obra) sino en cuanto a abrir horizontes visuales al espectador y reconocer y dar voz al Otro por insignificante que parezca en un mundo hecho y valorado por los triunfadores.

Así, el martes 3 de abril comenzaron las proyecciones de lo más reciente de los audiovisuales cubanos. Desde entonces se pueden ver documentales, animados o cortos de ficción que navegan entre el kisch o la banalidad, la pasión desmedida o la oscuridad amorosa, y la franqueza.

La ciudad del HipHop, de Carlos Rafael Betancourt y Oscar Ernesto Ortega hace un recorrido nostálgico por los años de efervescencia de ese género musical en los jóvenes cubanos. De manera ingeniosa acuden a un estudioso de la música cubana como es Tony Pinelli para adjudicar puntos de encuentro entre el hip hop y la controversia en la música campesina o la canción protesta en auge en los años 70 y 80.

Visitan Alamar,  para ellos ciudad del Hip Hop, y rememoran los conciertos en el Anfiteatro o La Chusmita. A pesar de que muchas mujeres se desenvuelven en ese género musical ninguna es protagonista, tan solo aparecen de relleno en una escena donde los hombres improvisan.

Otra visita en el tiempo, esta vez al año 94, nos reserva Ana A. Alpízar con Alumbrones, aunque en esta ocasión el viaje es más ficticio. Una niña pasa los apagones jugando con la sombra de las velas hasta que su madre decide comprar una lámpara recargable. Ante la novedad la niña debe repensar su juego, lo que deriva en un happy end previsible y un tanto edulcorado.

No faltan audiovisuales que exploran zonas oscuras de la personalidad (El rito del alacrán, Hindmind) que reflejan tristeza e infortunio por la carencia de amor o por su ruptura, ya sea por incapacidad para sentirlo, incomunicación, o factores externos como el exilio (Un adiós es suficiente, Puntos de Vista).

Un material que resalta es Pancho Pistola, nos presenta a un guajiro que colecciona o almacena armas en una Cuba donde está prohibida su tenencia.

Pancho alardea con sus pistolas o fusiles, anuncia que si tiene que utilizarlas lo hará; todo, para defender la revolución. El audiovisual se convierte en una incitación a la violencia, sin embargo no fue censurado.

Pero la noche, de Gretel Marín apuesta por la sinceridad. Tres personas entregan parte de su intimidad al espectador en un juego erótico de imágenes y palabras. Son personas que viven el amor con libertad, cada uno a su manera. Algunos sufren más que otros las consecuencias, pero ellos deciden de qué forma quieren amar, sin importar los límites que establece la sociedad.

Mucho podremos conocer a través de esta Muestra, disímiles son los materiales, los personajes, las historias. Cada audiovisual que vemos mueve un poquito nuestro pensamiento o nuestra sensibilidad.

La Muestra estará hasta el 8 de abril.


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