Mozart y Beethoven en La Habana Vieja

By Irina Echarry, fotos: Caridad

HAVANA TIMES, 1 marzo — Era una noche fresca, no se veían muchas estrellas en el cielo, sin embargo sobre el escenario improvisado para la ocasión, brilló la energía joven mediante partituras compuestas hace mucho tiempo.  Justo al sonar el cañonazo de las nueve de la noche comenzó el concierto.

De esta manera la Orquesta del ISA (Instituto Superior de Arte),  adjunta al Liceum Mozartiano de La Habana, celebró sus dos años de vida.

Manuel Alejandro, aficionado a la guitarra eléctrica, dice que “no conocía esta orquesta, pero me encanta la alegría con que tocan Mozart, los músicos con su espíritu juvenil  le insuflan buena energía.”

Este viernes 25 de febrero, bajando por la calle empedrado se podía encontrar a una Catedral adornada de luces amarillas que provocaban una atmósfera de solemnidad.  Un grupo de sillas esperaba al público que quería disfrutar relajado, pero las personas que no alcanzaron terminaron sentadas en un portal lleno de columnas, o de pie.

“No importa, ni siquiera sabía que habría sillas, lo importante es no perderse este acontecimiento, un concierto sinfónico al aire libre, es una maravilla.  Yo tengo 19 años y se lo dije a muchas amistades para que vinieran, llevo un rato aquí y no veo a mi gente, pero no me voy porque desde el principio ha estado muy lindo todo, hay buen ambiente.”  Así habla Yanara, quien prefirió estar parada todo el tiempo y no dejar escapar nada a sus sentidos.

Una voz rompe la armonía de la noche, o quizá le da un toque diferente: Vamos, las empanaditas: de guayaba, de coco, de carne.  Un vendedor ambulante aprovecha la afluencia de público para vender su mercancía: “No es lo mismo, por aquí siempre hay música tradicional cubana, eso es lo que más se oye en la Habana Vieja, pero esta es lindísima, sobre todo la última.”

Se refiere a la 5ta Sinfonía en Do Menor, Opus 67 de Ludwig van Beethoven.

Antes la Orquesta había tocado la Sinfonía en Do Mayor Nº 34 Kv. 338 y el Concierto para Corno y Orquesta Kv. 417, interpretado por la solista Debbie Vélez (corno), ambos de Wolfgang Amadeus Mozart.  Las sinfonías se unieron a la risa de las niñas que jugaban en un balcón colonial justo al costado de la Plaza de la Catedral, lo que matizaba la elegancia de las luces amarillas.

El público variado parecía satisfecho, solo Armando, un señor de pelo blanco, hacía muecas con la boca cuando la gente aplaudía entre un Allegro y un Andante de la segunda sinfonía.  “Todavía no se aplaude.” decía y llevaba las manos a la cabeza.

Una noche agradable para recordar,  donde jóvenes, niños y adultos se unieron en silencio para disfrutar de la música clásica en el Centro Histórico de la ciudad,  sin pagar un centavo.

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