El cine cubano ante el dilema de Reynaldo Miravalles

¿Cambian o no cambian los tiempos?

Vicente Morin Aguado

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Reynaldo Miravalles.

HAVANA TIMES — El Ministerio de Cultura y el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC), otorgaron el Premio Nacional de Cine 2013 al realizador Manuel Pérez Paredes, de acuerdo a una nota publicada en la primera plana del periódico Granma.

Semanas atrás el cineasta Ian Padrón había propuesto la candidatura del actor Reynaldo Miravalles, quien según sus palabras, no calificaba por residir actualmente fuera de Cuba.

Coincido plenamente con el joven director de HavanaStation que es un absurdo excluir a un artista del premio nacional, solamente por residir en otro país. Coincidentemente, el recién premiado pasó a la fama con El Hombre de Maisinicú, filme donde Miravalles hace una genial representación en la figura del bandido Cheíto León, eternamente recordada en el imaginario popular cubano.

Otros personajes suyos son historia, como un chofer de ómnibus, machista empedernido en Los Pájaros tirándole a la escopeta o especialmente el guajiro Melesio Capote, sin fronteras entre los distintos soportes audiovisuales cubanos. Este guajiro es reproducido en sus esencias cuando Miravalles protagonizó Pedro cero por ciento, sobre un ganadero al que jamás se le muere una cría.

Al triunfo de la evolución era un artista famoso y reconocido, muy popular por sus actuaciones radiales en La Suprema Corte, programa del más elevado rating dentro del país. Puso su talento a favor del recién creado ICAIC, contribuyendo notablemente a sus éxitos dentro y  fuera de Cuba.

En Miami continuó haciendo cine cubano, mostrando las caras diversas del exilio, especialmente las menos divulgadas, como se demuestra en “Cercanía”, una de las tres películas protagonizadas por el actor durante sus actuales años en Estados Unidos.

Aplaudo el notable gesto de Gerardo Chijona cuando invitó a Miravalles para trabajar junto a Enrique Molina, uno que vive aquí y otro que reside allá, en el filme “Esther en alguna parte”, ahora exhibiéndose en nuestras salas cinematográficas. Evidentemente, como dice el estribillo de una vieja canción cubana, Miravalles podría entonar esta parodia: ¡Cómo cambian los tiempos Melesio, qué te parece? ¿Qué te parece Melesio, cómo cambian los tiempos!

A partir de la nueva realidad, considerando la historia anterior, es totalmente natural y consecuente, respaldar la propuesta de Ian Padrón, suprimiendo cláusulas discriminatorias a la hora de entregar galardones artísticos y volver a considerar al nonagenario actor para un nuevo premio el próximo año.

¡Felicidades Reynaldo Agustín Miravalles de la Luz por estos noventa recién cumplidos!
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Vicente Morín Aguado:   morfamily@correodecuba.cu

6 thoughts on “El cine cubano ante el dilema de Reynaldo Miravalles

  • El asunto Catmar es que aunque se lo expongas en estos tonos a José, de seguro seguirá denfendiendo al héroe que el ve en Cheito León, aunque media humanidad le diga que fue un asesino. O sea, para las personas que piensan como él no hay alternativa. Su cristal tiene ese tinte y no habrá modo de variarlo. Qué pena, ¿no?

  • Coincido con el autor del artículo, hay hechos que confirman lo que se dice sobre Cheito Leon en el filme, y no es con el cristal con que se mire, es lo que pasó al margen de que nos guste o no. O es que todos los alzados eran los buenos y los que los combatieron no? no subestimen la inteligencia de las personas…. matar a un niño maestro es un acto de valentia? por Dios!!!

  • Saludos a los lectores de Havana Tmes. No acostumbro a responder comentarios, por muy provocadores que sean. Solamente dos detalles: En la película, el persnaje es interpretado cabalmente, según la dramaturgia, aceptada y realizada admirablemente por Miravalles, como un bandido. Sobre los alzados en el Escambray, al menos los asesinos de Manuel Ascunce, Pedro Lantigua, Conrado y otros, eran efectivamente bandidos de la peor ralea, de ellos hay testimonios fehacientes, inclusive de disidentes posteriores, de elevado rango intelectual, como Jesús Díaz. La historia, los hechos, suelen ser testarudos, no debemos olvidarlo.

  • Está bien que se permita ahora a los cubanos que por determinadas razones se fueron o se quedaron o “se teletransportaron” y ahora regresan por otras tantas razones, a trabajar a formar parte de la vida del país. Estoy de acuerdo. Si se los quieren proponer para un premio o reconocimiento también está bien. Pero de ahí a ese cconstante cuestionamiento de que si lo de aquí o los de allá y los que van y vienen. Primero, ¿no es que hay que respetar al menos un poquito el trabajo de los demás? ¿Trabajo de los demás? ¿Suena conocido? Si un jurado, el que sea determina que una persona, la que sea pro sus méritos y no por lo que sea debe ganar un premio y esta decisión es cuestionable porque se entiende o porque existen pruebas de que la desición no es justa o correcta o perfectible por razones objetivas, discutámoslo, pero siempre estar poniendo como principal razón para la objeción el hecho de que si alguein va o viene, me parece una tremenda falta de respeto. ¿Respeto? ¿Suena conocido? Nos estamos mordiendo la cola.

  • Vale la pena insistir sobre la necesidad de que se borren esas fonteras artificiales entre cubanos. Y respecto al comentario de José, habrá que decir una vez más que “todo es según el color del cristal con que se mira”.

  • Cheito Leon no era un bandido , Fue un valiente que tuvo testiculos para enfrentarse por las armas al verdadero bandido y acesino de cuba . Cheito Leon proviene de una familia decente de la zona del Escambray . Asi que señor Vicente Morin Aguado . tenga el honor y el coraje de expresar en sus comentarios la realidad , no lo que le combiene a su cobardia.

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