Yo, el aguafiestas

Por Pedro Pablo Morejón

HAVANA TIMES – Hablé con mi mejor amigo y barbero porque necesitaba reservar un turno para ese sábado. Me pidió que no demorara. En la tarde quería salir con la hija para llevarla a las fiestas.

Entonces advertí que por esa fecha se celebran las llamadas fiestas populares de mi pueblo, un evento que siempre me ha causado rechazo. Miles de personas, no solo de la zona, sino de los pueblos y lugares aledaños inundan todo a golpe de gritos, malas palabras, carretas de caballos, alcohol, seudomúsica y suciedad.

Fiesta barata para desatar la chusmería de una plebe sedienta de entretenimiento y carente de educación. Pan y circo, como en la antigua Roma.

Lo siento, pero es así, año tras año. Tampoco se escapa la madrugada. Sea a la 1, las 2, las 3, las 4 o las 5 de la mañana, las voces altisonantes saturadas de palabras soeces son escuchadas en cualquier sitio del pueblo.

Ni siquiera los que vivimos en la entrada, que es la zona más tranquila, nos libramos de esto.  Cada año es igual. Esa juventud sin rumbo ni propósito se retira a dichas horas haciendo sentir su ebriedad y mal vocabulario. A veces discusiones acaloradas con ofensas. Los vecinos casi no pueden dormir.

Me causa rechazo esa caricatura de fiesta popular que tiene más de basurero gregario que de celebración.

Una fiesta similar de otro año en mi pueblo.

Salí a pelarme y cómo es lógico tenía que transitar por el centro del pueblo, donde se encontraba la principal aglomeración. Logré, no sin paciencia, abrirme paso para avanzar entre el molote.

Regresé después de pelarme y la multitud era, esta vez, mucho mayor.  Los altos decibeles, retumbaban en mis oídos, la música de doble sentido era un tema pegajoso de Osmani García y Lenier, que según averigüé estuvo sonando hace como un año.

Pizza por la noche

pizza por el día

Pizza pizza pizza pizza pizza pizza pizza aré.. repetía el estribillo.

No puedo negar que me causó risa pero al mismo tiempo pensé en cuántos niños estarían escuchando semejante “número musical”. Mientras, la gente solo se divertía o sufría y algunos bailaban al compás del ritmo.

Ya en casa la vecina me sacó tema. El asunto era la “fiesta”. “Ojalá caiga tronco de aguacero esta noche y se acabe todo” –le dije con media sonrisa.

Pasó la tarde, empezó a oscurecer y de inmediato, escuché un leve sonido sobre el techo de fibrocemento, una llovizna que al minuto se transformó en aguacero. Sonreí y pensé: “Tengo la lengua prohibida”.

Y así dormí esa noche a pierna suelta, sin “fiestas populares”. Sí, lo sé, admito que soy una especie de rosca izquierda, un aguafiestas.

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Pedro Morejón

Soy un hombre que lucha por sus metas, que asume las consecuencias de sus actos, que no se detiene ante los obstáculos. Podría decir que la adversidad siempre ha sido una compañera inseparable, nunca he tenido nada fácil, pero en algún sentido ha beneficiado mi carácter. Valoro aquello que está en desuso, como la honestidad, la justicia, el honor. Durante mucho tiempo estuve atado a ideas y falsos paradigmas que me sofocaban, pero poco a poco logré liberarme y crecer por mí mismo. Hoy soy el que dicta mi moral, y defiendo mi libertad contra viento y marea. Y esa libertad también la construyo escribiendo, porque ser escritor me define.

One thought on “Yo, el aguafiestas

  • No sabes como me gustaría hacer eso con las reparaciones de la calle a altas horas de la noche, hacen un ruido terrible.

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