Gisselle Morales Rodríguez  (Progreso Semanal)

Juana Digna Cartaya. Foto: Osvaldo Pestana.
Juana Digna Cartaya. Foto: Osvaldo Pestana.

HAVANA TIMES — “A mí me baja Yemayá —confiesa Juana Digna Cartaya frente al altar que rige los destinos de su casa, en el barrio África de Yaguajay—. Sé cuándo me va a pasar: es como si algo muy grande me cubriera y dejo de ser yo, sin que pueda hacer nada para impedirlo”.

Luego vuelve en sí, poco a poco, con el sonido de los tambores, y no logra recordar qué hizo mientras su cuerpo lo montaba la deidad. Así le sucede siempre, desde que su abuela le descubrió la gracia y le enseñó las muchas formas de servir al panteón yoruba.

“El que diga que se acuerda es porque no bajó el santo de verdad —aclara Juana—. Fíjate si todo es decisión del orisha que a veces no me he sentido bien y, para que se mantenga lejos y yo pueda ir al toque sin montarme, preparo un amarre; pero si Yemayá quiere venir, no hay remedio que valga”.

Juana Digna Cartaya Foto: Osvaldo-Pestana
Juana Digna Cartaya Foto: Osvaldo-Pestana

Deslumbrado por tales manifestaciones de fervor religioso, abundantes en Cuba desde el inicio de la trata negrera, el sabio cubano don Fernando Ortiz describió para la posteridad “ese terequeté o característico desorden, generalmente convulsivo, durante el cual se doblan, pierden la conciencia de su propia personalidad, adoptando una distinta, (…) que habla lenguas extrañas, baila, profetiza, se enfurece y golpea, come candela y ejecuta con analgesia actos comúnmente dolorosos”.

Es un ejercicio agotador. Por el cansancio que se le afinca en los huesos y la suciedad de la ropa, Juana Digna puede imaginar la vitalidad de sus movimientos, la violencia de una monta que terminó únicamente porque la deidad quiso, cansada de bailar entre los hombres.

“Entonces un santero me lleva aparte y hace un ritual para que Yemayá se vaya, porque yo sola no puedo”, revela.

Más allá de liturgias y credos, Ortiz relató en sus investigaciones etnográficas el éxtasis de los creyentes inspirados por la fe: “Indudablemente existen esos fenómenos proféticos surgidos de una especie de estado hipnótico producido por danzas o movimientos físicos repetidos a ritmo por los miembros coordinados de un grupo de hombres y mujeres sugestionados, los cuales caen en un estado de inconsciencia quizás duradero por horas. Este es un fenómeno de desdoblamiento psíquico no sólo de negros”.

Espiritismo: Foto: Oscar Alfonso
Espiritismo: Foto: Oscar Alfonso

Y es que la religión de origen yoruba en la isla ha sido cultivada durante siglos por una mezcla de razas que signó desde entonces la cartografía espiritual de la nación.

Hurgando en la raíz

La presencia negra en el Nuevo Mundo no sólo cambió para siempre el destino económico de la región. Tal y como afirma Natalia Bolívar Aróstegui en su libro Los orishas en Cuba, ellos fijaron características sociales definitivas e impusieron patrones culturales que aún subsisten.

Originarios de Nigeria, Benin y Togo, los yorubas se encontraban entre las numerosas etnias introducidas en nuestro país, traídas de un África fragmentada en tribus, reinos, ciudades estado y hasta en el culto a los orishas.

Trasplantados en América sin jerarquías, los esclavos continuaron celebrando sus festividades rituales gracias a la tolerancia y al desconocimiento de los colonizadores. En espacios tan reducidos como la bodega de un barco o el barracón, los disímiles credos y raleas tribales se unificaron e, incluso, encontraron el refugio perfecto para sus deidades a la sombra del santoral católico.

En el continente americano, Cuba comparte con Brasil la riqueza del legado yoruba, cada cual con sus particularidades. Dentro de nuestras fronteras, esta práctica religiosa se extiende por todo el archipiélago, pero está más arraigada en la mitad centro-occidental.

Espiritismo. Foto: Oscar Alfonso.
Espiritismo. Foto: Oscar Alfonso.

Hacer siempre el bien

Aunque algunos puedan creer que se trata de una moda contemporánea, quienes se inician en los caminos del santo han contraído un compromiso indeleble con los orishas. Al menos así piensa Abel Hernández Piedad, babalawo desde hace casi dos décadas, quien accede a compartir con la prensa pormenores de un proceso que él mismo califica como apasionante.

“Cuando alguien se va a hacer santo, lo primero que se le define es su ángel de la guarda, el que lo acompaña desde que viene al mundo y lo protege ante las cosas que le pasan —revela Abel—. El babalawo es el único facultado para determinarlo en una bajada de Orula. Frente al iniciado se hace la llamada, la persona tira los caracoles o las piedras que le damos y ante las preguntas que se le hacen y las respuestas que caen en el tablero, se sabe qué orisha lo ampara”.

¿Cómo se desarrolla la ceremonia?

“Dura siete días dentro de un cuarto. El primero es la iniciación, cuando se sacrifican los animales para alimentar a las deidades y se hacen rituales para saber si la persona va a ser capaz de montar el santo, porque no todas lo logran. El segundo día el iyawo, que es como se conoce a quien nace a la vida espiritual, se viste con el traje alegórico al santo que le corresponde. Esa ropa sólo la usará de nuevo cuando muera, para que pueda seguir una serie de procesos por los que pasa el difunto según nuestras creencias.

Espiritismo. Foto: Oscar Alfonso
Espiritismo. Foto: Oscar Alfonso

“La tercera jornada es el itá, el momento en el que el orihaté o maestro de ceremonia lee el pasado, presente y futuro del iyawo, y los santos le dictan sus predicciones, las pautas que debe respetar. Al cabo de los restantes cuatro días de reposo, la persona sale de la habitación y durante un año debe cumplir con una recia disciplina.

“Sin embargo, no todos obedecen al pie de la letra las indicaciones y luego ven las consecuencias. Algunos asumen el iyaworaje con informalidad, pero los principales responsables son las personas que los guían, que deben darle toda la información y hacer hincapié en la necesidad de preservar las costumbres”.

No basta con hacerse santo para garantizar las bendiciones, según Abel Hernández: “Hay personas que, aun cuando no han sido consagradas, se conducen en la vida sin envidias ni odios, y tienen más gratificaciones que otros, menos correctos a los ojos de Dios. Lo importante es hacer siempre el bien”.

Por si acaso

Frente al babalawo, una joven sobrecogida por el ámbito esotérico que la rodea cree firmemente en el poder adivinatorio del ékuele, esa cadena con ocho pedazos de cáscara de coco que el sacerdote tira sobre el tablero de Ifá y que le revela el destino con letras y paremias.

Ceiba del barrio Africa. Foto: Oscar Alfonso
Ceiba del barrio Africa. Foto: Oscar Alfonso

La escena se repite a lo largo y ancho del país, ya sea en casas de santeros, paleros, babalawos, espiritistas, o donde los creyentes busquen asidero para sus conflictos existenciales. “Está en la naturaleza humana”, alegarían unos; otros, como Abel Hernández, piensan que “ver resueltos los problemas da un tremendo poder de convicción. Todos los días vienen muchas personas a consultarse, la mayoría por dolencias, dificultades en la vida personal y familiar, ansiedad y hasta para mantener un buen estatus de vida”, explica, seguro de que se puede sortear la desventura por mediación de los orishas.

Sin reparar demasiado en trasfondos filosóficos, los cubanos suelen acudir libres de cargos de conciencia a misas espirituales, procesiones católicas o toques de tambor. Tan arraigado está el sincretismo en la esencia nacional, que hasta no pocos incrédulos dedican un vaso de agua para aplacar las malas influencias, tocan madera cuando se anuncian desgracias y ofrecen el primer trago de ron a los orishas, por si acaso.

De modo que, con sus rituales cotidianos, ateos y poseídos por los santos, creyentes a medias y consagrados, validan una máxima que bien pudiera convertirse en otro de los dictados de Ifá: la religiosidad popular es la manera más auténticamente cubana de vivir la fe.

3 thoughts on “Viviendo la fe en Cuba

  • Alguien sabe por que huelen tan mal los lugares donde hacen brujería? ?? Tengo ese olor grabado en mi mente desde niña.

  • La diferencia entre creer una mentira y una verdad es solo una disposicion distinta de las neuronas en el cerebro, y al universo le importa un pito cual es disposicion neuronal de cada cual.

  • Por eso estamos como estamos.
    Hay que respetar todas las creencias, cualquiera que sea pero EDUCAR es muy importante. Hay crencias muy primitivas y otras más cercanas a lo racional. Todo evoluciona inclusive la religión.
    Cuba, ni ningún país, puede progresar si creemos que nuestros problemas se solucionan haciendose una limpieza,

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