Viviendas en Cuba: derrumbes, casas temporales y ciclones

Foto: El Toque

HAVANA TIMES – Un derrumbe ocurrido el 3 de noviembre de 2022 en la calle Refugio, entre Prado y Morro, La Habana Vieja, es la noticia más reciente del desplome de estructuras en Cuba; hechos que cada vez resultan más comunes. Aunque al momento de la publicación no se reportaban fallecidos, al menos dos personas habían sido rescatadas debajo de los escombros.

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No obstante, tres semanas antes, el 17 de octubre, las redes sociales amanecieron con la noticia de la muerte de otra menor de edad a causa de lesiones sufridas tras el colapso de un inmueble en precarias condiciones.

Ismary Orozco, de cinco años, residía en un edificio de tres niveles en el capitalino municipio La Habana Vieja. Una primera reconstrucción de los hechos indicó que una losa de la cubierta se desplomó y afectó la habitación inferior de la estructura, lo cual dejó además cuatro heridos: dos mujeres y otro infante, cuya edad se desconoce. Pero no fue esta la primera muerte por derrumbe que conmocionó a la ciudadanía en los últimos años. El fallecimiento de dos estudiantes de sexto grado, el 27 de enero de 2020, cuando un balcón sin apuntalar se desplomó sobre ellas, fue una noticia que estremeció La Habana y puso en debate público la infraestructura habitacional en la capital.

Estas muertes no son casos aislados. La cotidianidad en la isla se inunda de historias de vecinos que alertan sobre la vulnerabilidad y el peligro de edificios y otras estructuras, clasificadas de “inhabitables” o “irreparables”.

De acuerdo con informes del Ministerio de la Construcción (Micons), el fondo habitacional es de más de tres millones viviendas, de las cuales el 39 % se encuentran en “regular y mal estado técnico”[1]. En 2017 se contabilizaban 854 edificios críticos, de los cuales el 81.5 % se ubicaba en La Habana; un aproximado de 849 753 personas afectadas.

Desde hace décadas, la capital, con más de dos millones de habitantes, ha sido escenario de múltiples y recurrentes derrumbes. La situación la convierte en el territorio con mayor índice de déficit habitacional (185 348), seguido por Holguín (115 965) y Santiago de Cuba (101 202).

En 2021, eran 83 878 las viviendas en la capital que requerían una “reparación parcial” y 46 158 las que necesitaban una “reforma capital”.

“Cuando llueve aquí todo se moja, muebles, frigidaire (nevera). No tenemos para dónde correr las cosas (…). Esto es un problemón porque mañana nos coge un viento y esto se nos cae encima y somos dos muertos más”, explicó a The Associated Press Ayala, de 36 años, quien reside junto a su hermano en el segundo piso de un antiguo edificio ubicado en la calle Gloria, La Habana Vieja.

A nivel nacional, el déficit habitacional asciende a 929 695 viviendas con 60 975 derrumbes totales; en parte, resultado de huracanes como Sandy en 2012, Mathew en 2016 e Irma en 2017.

“Nosotros nos acostamos con el temor de no amanecer. Yo perdí un niño (de una enfermedad terminal) y no quisiera perder a mi niña”, declaró a la AFP Elisa Bacyán, madre soltera e inquilina del llamado Edificio Cuba, en el centro histórico. El inmueble, de seis pisos construido en 1940, alberga a 92 familias.

Las intensas lluvias durante junio de este año provocaron que un bloque del techo cayera sobre la cama de Luvia Díaz, una trabajadora social de 50 años, quien reside en el último piso del Edificio Cuba junto a su pareja, tres hijas y un nieto. “Si mi hija hubiese estado durmiendo, hubiese sucedido una tragedia”, dijo a AFP.

Durante ese mes se contabilizaron al menos 290 derrumbes, entre parciales y totales, a raíz de la tormenta tropical Alex.

Según indicó el Estado Mayor de la Defensa Civil (DC), la provincia más afectada fue La Habana con reportes de 148 derrumbes (2 totales y 146 parciales); seguida por Artemisa donde 57 inmuebles se vieron afectados, Pinar del Río (53) y Mayabeque (32).

Foto: El Toque

Dos meses después, la situación empeoró con la llegada de Ian, que tocó suelo cubano a finales de septiembre y dejó a su paso por Pinar del Río 101 350 viviendas afectadas: de ellas, 10 474 derrumbes totales y 11 027 parciales. Mientras, en la capital los datos revelaron cerca de 38 derrumbes totales y 138 parciales.

Los resultados catastróficos del paso de huracanes, tormentas tropicales —con sus respectivas lluvias y penetraciones del mar— y otros fenómenos atmosféricos dejan en evidencia la precariedad de las estructuras en el país.

Inmuebles que previamente necesitaban ser demolidos o reconstruidos desde la base terminan en ruinas, sobre todo, en la capital.

No basta con las alternativas locales

La situación de la vivienda en Cuba es uno de los principales problemas sin solución desde mediados del siglo XX. La decadencia del fondo habitacional en varias provincias, el desabastecimiento irregular de materiales de la construcción, la excesiva burocracia en torno a la tramitación y legalización de terrenos y hogares, entre otras, han sido dificultades constantes durante varias décadas.

En diciembre de 2018, el Ministerio de la Construcción (Micons) calculaba que bastarían siete años para solucionar el déficit habitacional de Artemisa y Cienfuegos, ocho para Matanzas y Ciego de Ávila, y al menos una década para Camagüey, Villa Clara, La Habana y las cinco provincias orientales.

Si se quiere detener el deterioro del fondo habitacional cubano, en mantenimiento y conservación se requieren acciones individuales en más de 240 mil viviendas anuales.

Sin embargo, la crisis constante de materiales de la construcción atenta contra el propósito, sobre todo en quienes lo hacen por esfuerzo propio.

Meivis, una camagüeyana beneficiada en 2020 con un subsidio para reparar la casa donde convive con sus padres y dos hijos, apenas ha podido avanzar en los trabajos por falta de materiales, en lo fundamental de cemento y acero.

A la tienda en que le corresponde comprar, los materiales llegan de manera irregular y en cantidades que no cubren la demanda de los numerosos casos pendientes. La escasez también da pie al “invento”, comentó. “Por suerte, eliminaron la “ley” del vencimiento de los subsidios, porque con la falta de materiales hubiéramos sido unos cuantos los que habríamos perdido el dinero que nos pusieron”.

Decenas de miles de familias de todo el país se encuentran en circunstancias similares a la suya, según trascendió en un análisis parlamentario de este año.

Para Edel, un cuentapropista también camagüeyano especializado en la fabricación de baldosas y mesetas de cocina, “el problema parte de una realidad incuestionable: hay cosas que no pueden sustituirse en la construcción. Para hacer una zapata se necesitan áridos, cemento y acero; al igual que para fundir una meseta o una anilla. Lo mismo pasa con los bloques o los techos de placa, que ahora parecieran un lujo, pero en realidad son los únicos seguros en las condiciones del clima de Cuba”.

Edel era uno de los cientos de “productores asociados” que, bajo la coordinación de los gobiernos municipales y provinciales, recibían insumos a precios preferenciales y luego vendían los artículos que elaboraban a través de las tiendas de materiales del Ministerio de Comercio Interior. Fue un modelo se mantuvo mientras el Estado suministró las materias primas industriales.

“Nosotros podemos producir la gravilla, la arena… no el cemento”, comenta Edel, quien formalmente nunca abandonó el programa, movido por la esperanza de que “las cosas mejoren”.

Cal, áridos, ladrillos, tuberías de barro y plástico, y puertas y ventanas de madera son los principales elementos que aportan los emprendimientos locales sin depender de materiales no producidos en los municipios. Cualquier otra elaboración implica el uso de materias primas “importadas”, procedentes de las grandes industrias.

Facilidades temporales ¿eternas?

Horas antes del paso del huracán Ian por Pinar del Río, las autoridades del territorio recorrían las zonas donde las personas viven en “facilidades temporales” levantadas tras el paso de ciclones anteriores. Les pedían que se autoevacuaran en las casas de vecinos, amigos o familiares.

Una “facilidad temporal” es un término usado para identificar aquellas construcciones que tienen las condiciones básicas para no dormir a la intemperie, y que son construidas con carácter provisional.

Sin embargo, tras varios años del paso de un ciclón, no pocos cubanos todavía viven en estas “casas” que han podido construir con madera u otros materiales de la construcción menos resistentes a los vientos. Incluso, en ejemplos más críticos, con los propios escombros que han quedado tras el derrumbe de sus viviendas.

En muchos casos las facilidades temporales se han vuelto definitivas y miles de personas esperan todavía la solución a su problema de vivienda.

Hasta 2021 quedaban pendientes en Cuba 60 975 derrumbes totales causados por huracanes: antes del Sandy 24 891, del Sandy (2012), 13 960; del Mathew (2016), 7 311; e Irma (2017), 15 083.

La situación se ha visto agravada tras el paso del ciclón Ian por el occidente del país, que dejó varias edificaciones afectadas, sobre todo en los municipios Pinar del Río, Consolación del Sur, San Juan y Martínez y San Luis.

Según un reporte de prensa, existen en Vueltabajo varias familias “que llevan hasta cinco ciclones en facilidades temporales y no acaban de tener una vivienda fuerte. Esas facilidades temporales son las primeras que luego se caen con los vientos”.

Pero el problema no se ha acumulado solo en el occidente del país. En Punta Alegre, poblado del municipio avileño Chambas, la “casa” que levantó Ángel “con cuatro palos” tras el paso del huracán Irma en 2017 sigue siendo el único hogar que tiene.

La suya es uno de los 2 592 derrumbes totales pendientes en la provincia central hasta 2019. “A esta altura —cuenta— ya ni siquiera tengo esperanzas de que mi situación vaya a cambiar”.

En el caso de Pinar del Río, Andrés Martín Carmona, director provincial de la Vivienda, reconoció que, de las más de cinco mil facilidades temporales en las que viven varias familias desde hace 20 años, unas 3 200 sufrieron algún tipo de afectación.

“En Pinar del Río entran rastras con tejas y son para los almacenes de Tabacuba, no para las casas”, criticó en su muro Yoelkis Torres Tápanes, a poco más de diez días del paso del huracán.

El Ministerio de Finanzas y Precios dispuso cobrar al 50 % de su precio los materiales asignados para la reconstrucción de las casas pinareñas afectadas por Ian. Sin embargo, uno de los principales problemas ha sido que solo la mitad de los damnificados han accedido a ellos.

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“Quien lo perdió todo no puede ni pagar los materiales a mitad de precio”, comenta Ernesto Calviño, quien en par de ocasiones ha ido a entregar donaciones.

“Muchos de los que perdieron sus casas son personas mayores o de bajos ingresos. Ni siquiera pueden pedir un crédito al banco”, lamenta.

Aunque la “convocatoria” de las autoridades es que amigos, familiares y compañeros de trabajo colaboren con la reparación de las casas, no basta con arenga.

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[1] Cifras provenientes de la actualización del Censo de Población y Viviendas de 2012 y la evolución del fondo con cierre junio de 2017.

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