Un domingo cualquiera en La Habana

Fernando Ravsberg

Jardines de La Tropical. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 8 abril — Este domingo di un paseo por la ciudad. El parque Lenin y las Escaleras de Jaruco estaban repletos de gente, en los kioscos se asaba carne y pescados (todo en moneda nacional), la música sonaba por todos lados, se bebía ron y cerveza y los niños montaban a caballo.

Otros cubanos aprovecharon el fin de semana para vivir sus verdaderas pasiones, irse a bailar, a la playa, a explorar cuevas, bucear en los arrecifes, pescar en la costa, jugar béisbol, correr carreras de autos u organizar peleas de gallos.

Las discotecas están repletas de jóvenes, pero estos no son los únicos que bailan. Se han abierto por toda la ciudad “discotembas”, lugares a los que acuden las personas de entre 30 y 50 anos a moverse al ritmo de la música “de nuestros tiempos”.

Pero donde se baila “de verdad” es en el Salón Rosado de la Tropical. Los domingos, después del mediodía, se juntan los abuelos -algunos con traje, sombrero y zapatos de dos tonos- para echarse sus pasillos acompañando un buen son.

Es que en Cuba la música lo es todo….

El concierto de los portorriqueños de Calle 13 fue capaz de convocar 100 veces más cubanos que la suma de todos los que participaron en los 7 días de marchas de las Damas de Blanco y contramarchas del gobierno.

La pelota es la otra gran pasión nacional, una final de béisbol puede paralizar el país, como lo hizo la de Villa Clara e Industriales. Al día siguiente miles de personas fueron autorizadas a dejar sus centros de trabajo para vitorear al equipo capitalino en las calles.

Pero más allá de la pelota de los “grandes equipos”, en todas las canchas que encontramos a nuestro paso y casi en cada terreno baldío vimos gente jugando. Sin lugar a dudas ningún otro deporte despierta entre los cubanos ese fervor.

Otros se dedican al buceo y se dividen en dos grupos, los que usan tanques y los que bajan a pulmón. Por lo general los primeros solo buscan contemplar las profundidades mientras que los otros son los pescadores submarinos.

Lo peligroso de este deporte ha generado una gran solidaridad de grupo, cualquier buzo que se cruce con otro debajo del agua tratará de ayudarlo si lo ve en problemas y en tierra firme entablan conversaciones aunque nunca se hayan visto antes.

Los amantes de la espeleología viven para explorar cuevas, viajan en lo que sea, automóviles americanos viejos, buses, trenes y hasta en autostop. Llevan una mochila, unas pocas latas de comida en conserva y el equipo básico (cascos, linternas, etc.).

En las zonas donde están las cuevas conocen a todos los campesinos. En una ocasión en que acompañé a un grupo de espeleólogos, pasamos un par de horas saludando a “los amigos” antes de poder empezar a recorrer las cavernas.

Este fin de semana también hubo carreras ilegales de automóviles y motos que se organizan incluso en medio de la ciudad. Los participantes pasaron la semana entera “arreglando” los motores para lograr velocidades insólitas en un Lada ruso o en una moto checa.

Mientras en los montes, los campesinos arman vallas para las peleas de gallos y en ellas se apuestan miles de pesos, automóviles y hasta casas. Alrededor un grupo controla que no aparezca la policía y basta un silbido para que se produzca la desbandada.

A pesar de que por estos días los frentes fríos no dejan de azotar a la isla, las playas ya tienen público y el malecón se puebla de pacientes pescadores por el día y ardientes parejas que se besan frente al mar apenas empieza a caer el sol sobre horizonte.

Regresando a casa, me entero de que mis vecinos están bebiendo… en la funeraria. Uno de los grandes tomadores del barrio murió del corazón, los amigos le metieron en el ataúd una botella de ron y estuvieron brindando toda la tarde a su salud.

El lunes, sin embargo, los titulares no mencionan nada de esto. Toda Cuba se reduce a los disidentes en huelga de hambre y al congreso de los jóvenes comunistas. Millones de cubanos y sus vidas quedan ocultos tras las “noticias políticas” de un domingo cualquiera.

Publicado con la autorización de BBC Mundo

Un comentario sobre “Un domingo cualquiera en La Habana

  • me duele aceptarlo, pero es la triste verdad: toda esa vida variada y rica que tiene la poblacion cubana, apesar de los grandes problemas, no es reflejada en los medios. Lo que más interesa al ser humano, el dia a dia, la escacez de agua, el asesinato de algún vecino, un paseo por el zoológico o cualquier manifestacion de vida quedaran para siempre olvidadas. Le toca a Havana times seguir reflejando esa parte de nuestra existencia que no se puede leer o ver en ningun otro medio nacional

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Iglesia de Miramar, La Habana, Cuba.  Por Renwin Jacob (Trinidad y Tobago).  Cámera: Canon EOS 60D

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