Tipos de cambio que bajan y precios internos que suben

Foto DPA / Europa Press

Uno de los problemas más graves de la economía cubana es que no existe esa capacidad de sustitución de importaciones

Por Mauricio de Miranda (La Joven Cuba)

HAVANA TIMES – En los últimos días se observa un fenómeno muy interesante e inexplicable para muchas personas. Después de una acelerada subida del dólar estadounidense (USD) en el mercado informal cubano —lo cual arreció poco después de iniciada la venta oficial restringida de esa divisa a un precio cinco veces superior al oficial—, la misma llegaría a un tope de 200 pesos cubanos (CUP) por USD para comenzar un no menos precipitado proceso de descenso. que ha llegado hasta 165 CUP en el caso del USD en efectivo y del euro (EUR) y a 166,5 en el caso del dólar en depósitos bancarios (MLC).

Sin embargo, a pesar de que cuando el USD subía, también se incrementaban los precios de la mayor parte de los bienes de consumo, especialmente los alimentos; en las condiciones actuales de descenso de su valor, no solo no baja el precio de los bienes de consumo, sino que, en muchos casos, continúa subiendo.

Relación entre los tipos de cambio y los precios domésticos

El tipo de cambio no es otra cosa que la relación de intercambio existente entre dos monedas, o lo que es lo mismo, el precio de la moneda de un país expresado en unidades de la moneda de otro país. Esto permite establecer los precios relativos de los bienes y servicios producidos en un país y comparados con los de otros países.

De esta forma se conecta la economía nacional con la mundial, no solo a través de los mercados de divisas, sino también a través del comercio internacional, los mercados financieros y las inversiones extranjeras. Precisamente debido a ello resulta imprescindible que el tipo de cambio esté económicamente fundamentado, es decir, que refleje las condiciones a través de las cuales pueden expresarse los precios relativos de forma adecuada.

La relación entre los tipos de cambio y los precios domésticos se produce, normalmente, a través del comercio internacional. Por esa razón, cuando la moneda nacional se deprecia encarecen los precios de los bienes y servicios importados, así como las materias primas, insumos y maquinarias que resulta necesario importar para realizar producciones nacionales. En tal sentido, ese incremento en el valor de los insumos se traslada al costo de producción y finalmente al bien que se fabrique con ellos.

En una economía con capacidad de sustituir importaciones con producción nacional, la depreciación de la moneda doméstica puede ser un estímulo para que los productores nacionales puedan vender sus productos si logran que sean más baratos que los de la competencia extranjera, aunque también deberían lograr niveles de calidad que satisfagan la demanda.

No obstante, uno de los problemas más graves de la economía cubana es que no existe esa capacidad de sustitución de importaciones, especialmente en la mayor parte de las ramas industriales, donde —según el más reciente Anuario Estadístico, publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI)—, el volumen físico de la producción fue el 54,8% del nivel alcanzado en 1989.

La utilización de insumos importados se requiere asimismo para la agricultura, que demanda fertilizantes, tractores, semillas mejoradas, combustibles, sistemas de riego, por solo mencionar algunas necesidades.

La utilización de insumos importados se requiere asimismo para la agricultura. (Foto: ACN)

La grave crisis que afecta a los sectores productivos nacionales ha obligado a incrementar las importaciones de alimentos y bienes industriales básicos, aunque la difícil situación crediticia que afronta el país —agravada por los impagos de deuda y las restricciones financieras impuestas por las sanciones económicas de Estados Unidos—, restringen la capacidad del Estado para asegurar estas compras externas, las cuales se limitan cada vez más a la captación de ingresos en divisas por exportaciones.

Por su parte, la exportación de bienes se ha desplomado en Cuba, como consecuencia de la ruina de la industria azucarera y la decadencia o estancamiento de otros de los pocos sectores exportables. De acuerdo con las cifras de la ONEI, la exportación de mercancías en 2011 alcanzó los 5.870 millones de USD, pero para 2021 una década más tarde, solo fue de 1.966 millones, una contracción del 66,5%.

El decrecimiento de los ingresos en divisas ha afectado también al sector de los servicios, que en la actualidad es el predominante en nuestra inserción internacional. La exportación de servicios, incluidos el turismo y los servicios profesionales, pasó de 11.449 a 6.053 millones de USD, si consideramos como factor de conversión de los datos en CUP, la tasa de cambio oficial de 24 CUP por dólar estadounidense. Esto representa una contracción del 47,1%.

Estas restricciones de divisas conducen a la necesidad de reducir las importaciones de bienes que, para los años que hemos tomado como ejemplo, se contrajeron de 13.952 a 8.431 millones de USD, una disminución del 39,6%.

La contracción de las importaciones de bienes básicos, sea de consumo, intermedios y de capital, unida a la caída de la producción doméstica, crea un déficit de oferta que, en condiciones normales, se traduce en un incremento de los precios.

Incremento de precios a pesar de la caída de la tasa de cambio

La caída de la tasa de cambio que se observa en los últimos días, está reflejando en el corto plazo el momento en el cual los precios suben tanto que los compradores no pueden, o no están dispuestos a pagar ese precio por lo que están comprando, en este caso, las divisas. Sin embargo, no creo que sea una tendencia sostenida en el tiempo, porque el deterioro de la capacidad adquisitiva de la moneda nacional tiene causas estructurales más profundas y relacionadas esencialmente con el deficiente patrón de inserción del país en los mercados internacionales.

Por otra parte, en un mercado en el que predomina la escasez, como el caso del cubano, es muy poco probable que productos importados a una tasa de cambio más alta corrijan su precio cuando la tasa de cambio está más baja, porque es muy probable que permanezcan stocks de productos comprados en el exterior con una divisa más cara. La corrección de ese tipo de fenómenos suele ocurrir con cierto retraso.

En la inflación que se observa en Cuba no influye solamente la depreciación del peso cubano, aunque en el caso de muchos bienes que se comercializan en los mercados informales de origen importado, sí existe una relación directa entre el precio de la divisa y el monto al que se vende el producto en el mercado doméstico.

Entre los demás factores que explican el fenómeno inflacionario están: la escasez de oferta de bienes de primera necesidad, la excesiva emisión monetaria producida por los incrementos de salarios y pensiones como parte de la evidentemente fracasada reforma monetaria y cambiaria de 2021, así como la financiación monetaria de los déficits presupuestales. El sector productivo no tenía una respuesta ante semejante aumento de salarios y pensiones que, dicho sea de paso, sigue estando lejos de asegurar la satisfacción de las necesidades de vida de la población.

De acuerdo con los datos de la ONEI, la producción industrial de 2021 ha sido inferior a la de 2019 en la elaboración de alimentos, bebidas, tabaco, textiles, prendas de vestir, artículos de cuero, madera y sus productos, papel y sus productos, grabaciones e impresiones, fertilizantes, productos químicos, caucho, minerales no metálicos, materiales de construcción, maquinarias, equipos y materiales eléctricos, aparatos de radio, televisión y comunicación, instrumentos médicos, ópticos y de precisión y fabricación de muebles.

Solo se ha incrementado ligeramente la fabricación de productos metálicos, aunque continúa estando al 17,7% de lo que se producía en 1989. El Anuario no muestra información actualizada para los productos del petróleo y de las industrias farmacéutica y azucarera. Sin embargo, de acuerdo con la información de diversos medios de prensa, la zafra azucarera de 2020-21 solo consiguió un 66% de la producción prevista de 1,2 millones de toneladas (es decir, 792.000), mientras que la de la campaña 2021-22 se calcula en 431.000 toneladas, lo cual coloca la producción actual en niveles del siglo XIX.

En el sector agropecuario, la producción de papa, boniato, malanga, plátanos, tomate, cebolla, pimiento, arroz, maíz, frijoles, tabaco, cítricos, frutas y cacao resulta inferior en 2021 respecto a los niveles ya reducidos de 2019. Continúan decayendo la cabaña ganadera y la cantidad de aves de corral, la producción de carne de res y de cerdo, la leche de vaca y de huevos y se mantiene en niveles bajos y estancados el peso en pie del sacrificio de aves.

El balance fiscal ha pasado de un superávit de 0,9% del PIB en 2011 a un déficit de -6,2% en 2019, y a -11,7% en 2021. Ello es muestra de un grave desequilibrio financiero interno que está siendo financiado con emisión monetaria, lo cual es causa directa de la pérdida de capacidad adquisitiva de la moneda nacional. La oferta monetaria creció de 65.028 millones de pesos en 2019 a 190.917 millones en 2021 y el balance monetario ha pasado de -5.267 millones de pesos a -26.780 millones en el mismo período de tiempo.

Los factores monetarios y fiscales, unidos a la escasez de oferta, están contribuyendo al mantenimiento de altos niveles de precios a pesar de la reducción observada en los últimos días en los tipos de cambio. Sin embargo, a estos es necesario añadir, además, los factores incertidumbre y expectativas.

Los factores monetarios y fiscales, unidos a la escasez de oferta, están contribuyendo al mantenimiento de altos niveles de precios a pesar de la reducción observada en los últimos días en los tipos de cambio. (Foto: Karelia Álvarez Rosell)

La incertidumbre y las expectativas

Uno de los aportes de la escuela neoclásica de pensamiento económico —a la cual no adscribo, pero reconozco la validez de una serie de sus postulados— destaca la importancia de los factores psicológicos y las expectativas en el funcionamiento de los mercados. Esto es algo que confirma la experiencia histórica y se observa con mayor evidencia en las crisis económicas y financieras.

En estos momentos, Cuba no solo enfrenta una grave crisis económica sino también de confianza y de expectativas. El indicador más visible es la estampida migratoria, que además de desangrar al país desde el punto de vista demográfico, está deprimiendo significativamente los precios de viviendas y otros bienes, debido a que quienes tienen propiedades y desean emigrar están viéndose obligados a venderlas a precios mucho más bajos que hace dos o tres años.

El gobierno cubano ha fallado en sus políticas económicas. Falló al establecer el mercado en monedas libremente convertibles, en el diseño e implantación de la llamada «Tarea Ordenamiento», en la adopción de un decreto-ley sobre pequeñas y medianas empresas excesivamente restrictivo, así como en la reciente decisión de crear un mercado formal de divisas sin la capacidad para sostenerlo, lo que introduce tipos de cambio múltiples que generan nuevas distorsiones.

A pesar de la evidencia no ha tenido voluntad de enmienda. Lo peor es que no parece dispuesto a adoptar las transformaciones radicales que requiere la economía, ni los cambios institucionales para asegurar la sostenibilidad de dichas transformaciones, y da la sensación de no saber qué más puede hacer, además de lanzar consignas y hacer llamados a la «resistencia creativa».

Esto ha conducido a reforzar —en una parte considerable de la población— la sensación de desesperanza respecto al futuro del país, mientras aumentan la pobreza y la desigualdad social.

En estas circunstancias es imposible que los mercados puedan funcionar adecuadamente. En realidad, las condiciones no están dadas para que se fortalezca el peso cubano. Estamos ante un momento específico de volatilidad determinado por esos factores subjetivos, además de otros objetivos que gravitan sobre la capacidad adquisitiva de la moneda nacional.

Por esto, la solución está en el abandono de las prácticas de control y centralización que siguen ahogando el emprendimiento, de los monopolios del comercio exterior y del sector financiero y bancario; en la apertura de la economía, la adopción de medidas de estabilización macroeconómica que posibiliten superar los actuales desequilibrios; y todo ello en un ambiente político que favorezca transformaciones democráticas que permitan el empoderamiento de los ciudadanos respecto a su destino para que Cuba pueda volver a ser un país vivible.

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