Operación Peter Pan, el libro

peter panIrina Echarry

HAVANA TIMES — La Casa de las Américas comenzó las actividades del año 2014 con un tema que despierta pasiones, se trata del libro Operación Peter Pan, cerrando el círculo en Cuba, de Estela y Ernesto Bravo.

El viernes 10 de enero, en una extensa presentación, Eusebio Leal recordó los sucesos acaecidos en los primeros años de la década del 60 y ubicó al público en el contexto que favoreció uno de los episodios más tristes de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

El libro, basado en el documental homónimo, recoge testimonios de protagonistas, testigos o participantes en la organización de la famosa operación.

Estela Bravo
Estela Bravo

Según Leal en ese tiempo circulaban entre la gente muchas bolas y noticias de distintas naturalezas. Una de las más fuertes y terribles fue la que motivó la Operación Peter Pan: la supuesta supresión de la patria potestad a los padres cubanos.

Y para que no se viera como un simple rumor, publicaron “un modelo o un proyecto de ley apócrifo en el cual, bajo la suscripción del gobierno, aparecería muy pronto en la prensa las noticas de que comenzaba aquel expolio”.

Alex López
Alex López

Muchos padres influenciados por la propaganda creían que el nuevo gobierno caería muy pronto, por lo que de manera provisional lo más conveniente era alejar a los hijos hacia un lugar seguro. El pánico era parte de ese plan oscuro ideado por el departamento de estado, la CIA.

Más de 14 mil niños volaron hasta EE.UU amparados por la iglesia católica. Algunos tuvieron suerte y fueron acogidos por familias amorosas; otros sufrieron incontables abusos en orfanatos, o estuvieron en la difícil situación de asimilarse a familias que los habían recibido en carácter provisorio, pensando que muy pronto podrían entregarlos a sus verdaderos progenitores.

El 3 de enero de 1961 se suspendieron los vuelos de Estados Unidos hacia Cuba y el encierro pasó a ser absoluto. Miles de padres y madres quedaron atrapados en la imposibilidad de viajar, algunos nunca lo hicieron, otros demoraron años.

Alvaro Fernández
Alvaro Fernández

Una historia emotiva que, fragmentada y narrada por sus protagonistas -las propias víctimas, cobra mucha fuerza.

Por eso fueron tan bien recibidas, en la presentación del libro, las palabras de Alex López, matancero que viajó con 13 años: “mis padres aterrorizados me pusieron en un avión hacia Estados Unidos para salvarme del comunismo y del pánico sembrado. Viví entre niños despreciados, abusados y abandonados”.

Alex fue enviado a un campamento con otros muchos niños y, después de protestar por los abusos sexuales cometidos por el sacerdocio, una trabajadora social prometió mandarlo a una beca en Ohio, pero resultó que fue internado en un orfelinato para silenciarlo.

peterpan-publicoPor suerte una familia norteamericana se apiadó de él y al cabo de cuatro años se reunió con sus padres, quienes ya eran, luego de vivir con gran intensidad durante el tiempo de separación, casi extraños.

Silvia Wilhem también contó su parte, abogando por el mejoramiento en las relaciones de los dos países, y dejó claro que lo mejor es establecer puentes: “los puentes son la solución, la solución de un entendimiento, de un respeto entre los que nos fuimos (o los que nos fueron, porque yo tenía 12 años) y los que se quedaron; y entre los ciudadanos de los Estados Unidos y los ciudadanos cubanos.”

Álvaro Fernández resaltó la importancia del trabajo de investigación sobre el tema para evitar a toda costa que algo semejante vuelva a ocurrir.

Narró la implicación de su padre con la operación Peter Pan: “fue una de las personas que redactó la ley -que no era ley- de la patria potestad que propició la salida de los niños. Mi padre tuvo mucho que ver con la CIA, tenía un puesto muy importante al principio del revolución”. Y luego recalcó: “es otra mancha negra de la historia de la humanidad. Con los niños no se juega, los niños son sagrados”.

A partir de esta semana estará a la venta el libro en la propia Casa de la Américas.

16 thoughts on “Operación Peter Pan, el libro

  • el 24 enero, 2014 a las 10:17 am
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    Bueno, partamos de que yo no te he echado culpa alguna. Cada cual sabe lo suyo. Pero, por favor, léeme bien, porque lo que quiero decir es que en distintas épocas y en el lugar que nos haya tocado vivir, somos muchos los que hemos compartido una realidad histórica. Cuando yo estuve en Africa, por ponerte un ejemplo, estuve rodeado de al menos otros 15 mil cubanos. Creo que con esa cifra, puedo hablar en plural sobre esa experiencia. Quizás tú puedas decir lo mismo del más de millón y medio de naturales de la Isla que hoy habitan el Norte. ¿Captaste?

  • el 23 enero, 2014 a las 11:36 am
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    Isidro.
    No te enmiendo niguna plana, pero si te aclaro que yo, por ejempl;o, no tengo ninguna “historia”; ni fui participe de nada por lo que tenga que avergonzarme o arrepentirme, o rectificar hoy. Yo nunca tuve otro carnet que el de identidad; ni me fui para ningun lado a hacer nada, salvo para EEUU, cuando deje Cuba; ni me siento responsable de ninguna de las barbaridades, ni de los disparates que se han hecho en Cuba; ni paricipe en ningun “oceano de ideas”, ni siquiera en un charquito de ideas.

    No todos tenemos el mismo pasado. Eso es lo que quiero decir.

  • el 22 enero, 2014 a las 10:29 pm
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    Jorgealejandro:

    No entiendo tu afán de enmendarme la plana. Te aseuguro que hubo muchos otros cubanos con los que compartí mis años de niñez y juventud en condiciones similares en Cuba. Toda una generación, de hecho. Como supongo que ustedes, los que se fueron a EEUU, por la razón que sea, tengan más de una experiencia en común. En todo caso, permíteme que te devuelva la pelota, porque ya una vez me advertiste “no creas que somos tontos”, usando una tercera persona en plural. Y no fue la única ocasión. Ha incurrido en esa práctica consuetudinariamente. Quizás por una mera cuestión de justicia y equilibrio, deberías aceptar que otros hagamos uso del mismo recurso. ¿O ya puedes monopolizar la verdad?

  • el 21 enero, 2014 a las 10:33 pm
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    hay algo que no se menciona aqui, los que se quedaron y no hijos de la burguesia precisamente, hasta la edad de 27 años, en 1963 tuvieron que inscribirse en el SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO, con 18 años me mandaron para una instalacion militar a cientos de kilometros de mis padres, los cuales por la distancia no podian visitarme, si se portabas bien, cada 4 meses te daban 5 dias de pase, un dia para la ida otro para el retorno, a mi padre le fue muy dificil asimilar, que de la noche a la mañana yo abandonara mi hogar por 3 años, y que con las armas en la mano y dentro de una trinchera, formara el primer escalon ante la invasion yanqui que era inminente, recuerdo al Sargento Bustamante, con su trato cruel a los reclutas, como se burlaba de nuestra incapacidad real o fingida de asimilar las enseñanzas militares, que no eran de su preocupacion, pues nos decia: SI NO SIRVEN PARA MATAR, SIRVEN PARA QUE LOS MATEN. Como añoraban aquellos padres, poder buscarnos una salida que nos salvara de aquel infierno, de aquella separacion, de aquel adoctrinamiento al cual eramos sometidos, ni me imaginaba que cerca de 10 000 lo habian logrado.

  • el 21 enero, 2014 a las 8:41 pm
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    Jorgealejandro, Aparentemente fueron desgraciadamente unos cuantos poquiticos los que la perdieron.

  • el 21 enero, 2014 a las 7:12 pm
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    Mucho de lo que se dijo que haría el gobierno cubano con los niños, privando de la patria potestad a los padres, ya lo habían hecho los sovbiéticos en varios países de Europa del Este. Yo recuerdo haber leído un artículo al respecto en unas “Selecciones” de los años 50.

    Pero, yendo al grano: El llevarse obligados , por ejemplo,a todos los jóvenes habaneros a las becas en el campo ¿No fue pasarse por el forro la patria potestad?

  • el 21 enero, 2014 a las 7:05 pm
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    isidro.

    En todo caso, habla por ti, que no todos tenemos esas “historias” a las que te refieres. Si tú las tienes, eso es problema tuyo, poero no metas a todo el mundo en el mismo saco.

  • el 21 enero, 2014 a las 10:13 am
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    Es innegable que por los años de 1960 y 1961 se corriera por toda Cuba el rumor de la Ley de la Patria Potestad ni que fuera a través de la estación de la CIA Radio Swan, ubicada en la costa de Honduras, que se trasmitiera el rumor por primera vez en 1960. Como se conoce, la estación la empleó la CIA para que grupos anticastristas en Miami hicieran llegar al pueblo cubano información que le era vedada por los medios de comunicación de la isla, los cuales se hallaban ya en manos del gobierno. Como también se sabe, esos grupos lamentablemente trasmitieron muchos rumores infundados, entre ellos dicho rumor, lo cual conllevó a que la CIA, -al ver que el público en la isla apenas ya prestaba atención a sus partes-, suspendiera sus trasmisiones de información y propaganda anticastrista y la utilizara para comunicar en código o clave información a los alzados en la montañas del Escambray hasta después de 1965, inclusive las horas de la noche cuando aviones dejarían caer pertrechos y armas en ciertos puntos estratégicos. En todo caso, aún cuando ha admitido abiertamente en numerosas ocasiones que hizo todo cuanto le fue lo posible por desestabilizar al gobierno castrista en la década de los años sesenta, la CIA ha negado en más de una ocasión que tuviera como política promover o alentar el éxodo de los niños Pedro Pan. Por otra parte, lo que sí se puede negar con toda seguridad es que el rumor de la Ley de la Patria Potestad fuera exclusivamente el motivo principal que causó que la mayoría de los padres cubanos eligieran separarse de sus hijos. Si se toma en cuenta todo lo que en ese período ocurría en Cuba como resultado de la transformación radical de las estructuras socioculturales, económicas y políticas y el papel transcendental que el gobierno asignó a la niñez desde un principio en dicha transformación a corto y largo plazo, es indudable que el rumor de la Patria Potestad fue uno sólo entre los muchos factores que los padres cubanos tomaron en cuenta al tomar la dura y triste decisión de separarse de sus hijos; separación que por cierto todos estimaban sería muy corta, ya que aún después del fracaso de la invasión Bahía de Cochinos todavía se confiaba en que los norteamericanos derrocarían al gobierno. Añádasele el tenebroso descalabro de las instituciones juridicas que resultó del baño de sangre, las detenciones arbitrarias y sin garantías y las confiscaciones de propiedades de los primeros años de la revolución. Después de todo, la gran parte de los niños Pedro Pan provenían de la burguesía, la clase más afectada por los cambios efectuados por las políticas del nuevo gobierno revolucionario. Además, la mayor parte de los niños Pedro Pan estaban matriculados en colegios católicos, los cuales fueron intervenidos por el gobierno al desatarse la guerra ideológica entre el gobierno y la Iglesia y como resultado de la reforma de la educación de 1961. En un discurso en septiembre de 1961, Fidel Castro acusó a la Iglesia de promover y difundir el rumor de la Patria Potestad y seguidamente ordenó la expulsión de estos del país. Por ejemplo, soy Pedro Pan y en mi caso el rumor no jugó ningún papel, a pesar de que mis padres tenían conocimiento de este. Partí de Cuba casi al final del programa en agosto de 1962. Para entonces varios miembros de mi familia habían sido encarcelados y cumplían largas sentencias por actividades contrarrevolucionarias en el oriente del país. Cabe decir que desde un principio mi familia se declaró anticomunista y mis padres nos sacaron a mi hermana y a mí del colegio para evitar se nos adoctrinara. De hecho, el mismo día que salí de Cuba, mi padre se vio obligado a asilarse en la embajada de Uruguay, debido a que durante un proceso judicial los tribunales revolucionarios de Santiago de Cuba habían emitido órdenes de detención. Mi padre, que en paz descanse, estaba involucrado con el Movimiento Rescate Revolucionario. En fin, sin restarle la importancia que el rumor pudo haber desempeñado en la decisión de algunos padres, estoy convencido que para el mayor número de los niños Pedro Pan otros factores de mayor importancia jugaron un papel primordial en la toma de decisión de los padres. Generalmente, estos factores son omitidos por los detractores de la operación, los cuales, como Estela Bravo, Álvaro Fernández (cuyo padre él alega fue agente de la CIA, pero que por otro parte no menciona fuera de los seleccionados por el gobierno para el diálogo que se llevó a cabo 1979 y quien aprovechó la oportunidad en esa ocasión para fotografiarse junto al Máximo Líder, con quien él aparentemente ya se había reconciliado) y otros, insisten en culpar a la CIA, sin preguntarse en ningún momento cuál fue el papel del gobierno cubano en la operación, porque a fin de cuentas esos 15,000 niños salieron del país con todos los papeles en orden, a plena luz del día, del mayor aeropuerto del país y supervisados por los agentes de aduanas y funcionarios del servicio de inteligencia de la Fuerzas Armadas Revolucionarias. Por último, el 98% de los niños Pedro Pan se reunieron con sus padres en los Estados Unidos. A través del programa de reunificación familiar, los niños pudieron reclamar a sus padres. El “Memorando” negociado entre los gobiernos de Washington y La Habana para el establecimiento del Puente Aéreo que duró de 1965 a 1973 dio prioridad en la salida a los padres y hermanos de los niños cubanos sin acompañantes en los Estados Unidos, entre ellos los niños Pedro Pan. Al contrario de Alex López y los otros participantes, dos de los cuales se recibieron con títulos universitarios de “Ph.D.” gracias a fondos para estudiantes cubanos refugiados suministrados por el gobierno norteamericano, no tengo quejas. Al contrario, les estoy muy agradecido a mis padres, la iglesia católica y el gobierno norteamericano. Que conste que pasé 8 meses en instalaciones de bienestar católico en el sur de la Florida, donde recibí el mejor trato, cuidado y respeto hasta que volví a reunirme con mi padre, a quien le concedieron salvo conducto para salir de cuba al año siguiente, en 1963. Ahora, eso sí, es innegable que eché mucho de menos a mis padres, parientes y amistades los primeros años. Fueron años muy tristes, sin lugar a dudas. Pero para mí personalmente todo el sacrificio valió la pena, porque a fin de cuentas he logrado en los Estados Unidos una vida profesional de mucho éxito, rodeado del amor de una extensa familia, viviendo desahogadamente de mi trabajo y sobre todo respirando aires de libertad. A Dios doy gracias.

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