No hay respuestas fáciles para la cultura

Fernando Ravsberg*

La cultura es cara y es imposible hacer “rentable” la escuela de ballet manteniéndola gratuita y abierta a todos los sectores sociales. Foto: Raquel Pérez

HAVANA TIMES — Nadie discute ya en Cuba la necesidad de hacer reformas que le den a la nación una economía auto sustentable. Hoy los cubanos usan palabras como mercado, eficiencia, rentabilidad, costos y beneficios u oferta y demanda sin temor a ser tachados de sacrílegos.

Sin embargo, lo que resulta evidente para la economía no lo es tanto para la cultura, por lo menos eso se desprende de las preocupaciones expresadas por destacados intelectuales cubanos en un artículo aparecido en el periódico Juventud Rebelde.

El tema central es hasta qué punto la cultura podría autofinanciarse. Inician preguntándose si “¿puede ser rentable una función de una orquesta de guitarras? ¿O generar utilidades un libro de poemas de un autor joven, talentoso pero desconocido?”.

Para Abel Prieto, asesor del Presidente, lo que sobra es la burocracia cultural, por lo que no se debe  disminuir el número de creadores pero “hay que reubicar a una gran masa de personas en el sector administrativo que no son esenciales y, en ocasiones, entorpecen”.

Por el mismo rumbo va Francisco Alonso, director de la compañía de teatro lírico Ernesto Lecuona, “soñamos con convertirnos en un conjunto que auto gestiona sus procesos, (…) pasos que a veces se tornan engorrosos con las relaciones actuales dentro de las instituciones”.

El problema es que empresas burocráticas fueron convertidas “por decreto” en representantes de los artistas. Se llevan una parte de sus ganancias sin hacer casi ninguna labor de promoción y estableciendo normativas que solo sirven para dificultar el trabajo.

Alonso reclama que en el futuro “cada grupo debe ser capaz de promoverse, comercializarse y gestionarse los aspectos económicos; a nadie le puede interesar más darse a conocer, buscar propuestas de trabajo y articular sus cuentas en función de ello que a nosotros mismos”.

Mientras Heriberto Acanda, director de la galería Arturo Regueiro, también reclama flexibilizar los mecanismos económicos. Se queja de que “expongo una pieza de un artista, la promociono y hasta la comercializo, pero no tengo un estatus legal para cobrar un porciento por ello”.

Varios de los entrevistados están de acuerdo en que se debe ser menos elitista. Digna Guerra, directora del Coro Nacional, propone una mayor mezcla y diversidad, “debemos partir del gusto del pueblo, para traerlo poquito a poco a este otro ámbito sonoro”.

El gran reto de la cultura cubana es racionalizar los gastos sin entregarse a los vaivenes de la oferta y la demanda. Foto: Raquel Pérez

Por ese mismo rumbo se adentra el crítico teatral José Alberto Lezcano, quien recalca que ya “no se pueden mantener los ensayos de una pieza durante ocho meses o un año, (…) y que después, cuando se estrene, solo vayan a verla diez personas”.

Sin embargo, Ambrosio Fornet, Premio Nacional de Literatura, alerta sobre las “respuestas fáciles a preguntas difíciles, como por ejemplo ¿para qué sirve la llamada alta cultura; es decir, qué utilidad tiene un libro de poemas, un concierto de la Sinfónica, una función de ballet?”.

Agrega que “la única riqueza renovable y por tanto inagotable que tenemos no puede ser solo sometida a las leyes de la oferta y la demanda. Hay que darle al mercado lo que es del mercado… y ni un milímetro más”.

Abel Prieto responde que se subvencionará todo lo que sea útil por su aporte cultural aunque no haya gran demanda porque “hay que estar muy vigilantes en términos cualitativos; no podemos equivocarnos. Los errores en la cultura no se ven a corto plazo, pero se pagan siempre”.

Desde el gobierno el Vicepresidente Miguel Díaz Canel propone “cambiar la mentalidad en cuanto a los procesos culturales (…) repensar cómo aliviar la carga presupuestaria estatal en centros que pueden convertirse en empresas o entidades que ingresen determinado capital”.

Con un sentido muy pragmático agrega que se podrían “asumir formas dinámicas y sustentables sin caer en el mal gusto. Una institución que tenga un trabajo sostenido y que ingrese de forma sistemática puede incidir más y mejor, sin esperar nada de nadie”.

Pero para que eso sea posible es necesario un cambio en la superestructura ideológica del país, hace solo unos meses se ordenó cerrar el local de la Opera de La Calle, porque el grupo lírico financiaba su actividad cultural con los beneficios de un restaurante privado.

Todos parecen coincidir en que la cultura nunca será capaz de autofinanciarse pero creen que se pueden racionalizar los gastos, acercándose a los gustos estéticos de la población, reduciendo la burocracia, potenciando la autogestión y eliminando las instituciones parasitas.
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(*) Publicado originalmente por BBC Mundo.


One thought on “No hay respuestas fáciles para la cultura

  • el 12 marzo, 2013 a las 10:56 pm
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    Mientras sigan ideologizando lo que por fuerza debería someterse a otro ámbitos, como ocurrió con el bien señalado caso de la Opera La Calle, no saldremos del atolladero. A ver si en este quinquenio tan anunciado se acaban de percatar del asunto, no sea que lo comperendan cuando los hoy jóvenes de Buena Fe ya se hayan convertido en los abuelitos del Buena Fe Social Club…

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