“Mis hijos creen que su padre está en una escuela, no una prisión”

Daniel Joel Cárdenas y Marbelis Vazquéz. (Cortesía)

Marbelis Vázquez relata la detención de su esposo, Daniel Joel Cárdenas, sentenciado a 15 años de cárcel y cómo ha afectado a su familia

By Yoani Sánchez (14ymedio)

HAVANA TIMES – Antes de la pandemia, Marbelis Vázquez y Daniel Joel Cárdenas gestionaban La Guarapera Velázquez, un negocio privado con el que soñaban hacer el dinero necesario para emigrar. Pero en lugar de iniciar una nueva vida en otro país, el esposo está ahora en prisión por las protestas del 11 de julio pasado en Cárdenas (Matanzas).

El apellido de Joel Daniel, de 34 años, parecía predestinado a fundirse con el municipio donde vivía y no solo por ser exactamente iguales. Entre sus conocidos también lo apodan El Cárdenas y desde enero está sentenciado a 15 años de prisión por manifestarse en las calles de su ciudad donde se produjo una de las protestas más intensas de esa jornada.

Aquel domingo amaneció apacible y la familia tenía planes de ir a la playa. La tarde sería de arena y olas pero se trastocó en gritos y operativos policiales. Primero, Cárdenas y Vázquez supieron que en la céntrica calle Real la gente protestaba siguiendo la chispa de indignación que había prendido ese mismo día en San Antonio de los Baños (Artemisa).

Después, los gritos llegaron más cerca de su vivienda, cuando decenas de vecinos asaltaron la tienda de un servicentro. La crisis económica, la falta de libertades y los rigores de la pandemia llevaron a los cardenenses al límite. El grito más repetido en los alrededores de aquella gasolinera era “¡hambre!”, un rugido que se mezcló con el sonido de los cristales rotos.

Cercana al balneario de Varadero, Cárdenas es considerada por las autoridades una zona con altos ingresos y los únicos comercios abastecidos son en moneda libremente convertible (MLC). También tiene tradición de ser “un pueblo gusano”, donde muchos no simpatizan con el sistema. No en balde de ahí salieron algunas de las imágenes más simbólicas de aquel 11J.

Cuando supo de las protestas, la pareja sopesó qué hacer. En pocas semanas su sueño de emigrar podría materializarse, pero decidieron salir y acercarse al servicentro. Allí, Cárdenas se encontró con varios amigos que venían de la protesta en la calle Real, también empezaban a llegar las primeras patrullas policiales y llovían las piedras contra las vidrieras del local.

La gente cogió lo que pudo, pero los alimentos se caían muchas veces de sus manos, según recuerda ahora Vázquez. El esposo intentó cargar con unos pomos de mayonesa que alguien había soltado fuera del local pero finalmente los regaló a un amigo, cuenta la mujer. Agrega que en el video mostrado por los medios oficiales se le ve lanzar una piedra, pero sobre un vidrio ya roto.

El cerco policial siguió aumentado y Vázquez asegura que Cárdenas regresó a su casa. La familia se preparó y salió para la playa. Ya no era el plan inicial de nadar y jugar en la arena sino comprobar si, tras las protestas populares, llegaban embarcaciones desde Florida a recoger a los parientes. Pero ninguna lancha arribó y la “orden de combate” dada por Miguel Díaz-Canel ya había desatado la represión por toda la Isla.

Pasaron dos días. Eran cerca de las once de la mañana del 13 de julio y Cárdenas estaba en la sala junto a sus hijos gemelos. El chirrido de gomas de un camión cargado de uniformados lo sobresaltó. Luego llegó el caos: gritos, perros ladrando, empujones y disparos. La escena fue captada por el teléfono móvil de Vázquez, que dejó también el testimonio del charco de sangre de su esposo sobre el suelo.

Aquellos minutos que parecieron una eternidad han sido narrados de formas diametralmente diferentes. En la versión de la mujer, los uniformados de tropas especiales dispararon a su esposo, que sufrió una herida de bala en la cabeza. El proyectil no penetró en el cráneo sino que se desplazó por la parte trasera del cuero cabelludo en la zona izquierda dejando un surco oscuro.

En el video que grabó Vázquez y difundió en las redes sociales se escuchan disparos y se ve a uno de los militares, que se había colado en la casa a través del patio, empuñando un arma corta y entrando a la sala donde está la mujer con uno de sus hijos en brazos.

El hombre también recibió golpes en el tórax y la espalda. La puerta de la casa quedó seriamente dañada por la irrupción violenta de los avispas negras. “No tuvieron piedad de mi esposo ni de mis hijos”, apunta Vázquez. “Aún cierro los ojos y recuerdo ese momento. Mis niños llevan consigo un trauma que jamás olvidarán”, reflexiona.

En la versión que difundió el noticiero oficial, la historia no incluye disparos, sino que se ve durante unos breves segundos a Cárdenas caminar por lo que parece un centro de detención y luego, ya sentado en una silla, frente a la cámara afirma que es el viernes 16 de julio. Con esas imágenes el oficialismo buscaba desmentir la supuesta herida de bala.

Sin embargo, Vázquez responde que durante la grabación su esposo mostró sus moretones en el pecho, que no fueron incluidos en el reporte, y tampoco le tomaron imágenes de la herida en el cuero cabelludo que, detalla la esposa, nunca recibió sutura y mide unos 12 centímetros. Los daños físicos irían también acompañados de una ofensiva contra la reputación de Cárdenas.

“El juicio contra él parecía que era el de un criminal peligroso”, apunta la mujer. Durante los tres días de diciembre pasado que duró la vista oral, el acusado fue trasladado esposado de manos y pies. “Todo un circo montado con testigos falsos”, lamenta. La sentencia demoledora: 15 años tras las rejas por sabotaje, desórdenes públicos y propagación de epidemias.

Las autoridades intentaron armar un caso contra Cárdenas por presuntamente haberle pagado a unos menores de edad para participar en las protestas. Los adolescentes, vecinos que compartían con el hombre el gusto por la cría de palomas, fueron arrestados y presionados, pero se negaron a declarar contra él. Ahora, siguen presos y sus familiares evitan denunciar por temor a represalias.

“La situación actual de mi esposo es desgarradora”. Cárdenas está en la prisión de máxima seguridad de Agüica, en Colón. “En cada visita hay siempre un nuevo reglamento o algún cambio imprevisto. No le dan al preso la oportunidad de comunicarse con los parientes porque según los guardias los teléfonos están rotos. Hasta perros pastores tienen dentro del área de visita, sembrando el terror”.

“Teníamos una vida muy linda y nos dedicábamos a la crianza de nuestros hijos”. En la casa hay un palomar, pues el hombre estaba asociado a una federación colombófila. “Mi marido no es un ladrón ni delincuente como ellos expresaron en el juicio, luchábamos mucho para poner un plato en la mesa para nuestros hijos”.

Cárdenas “le daba la comida a los niños y los bañaba para que yo descansara, porque tener gemelos es agotador. Ahora tengo que enfrentarme sola al cuidado de mis hijos”. Vázquez confiesa: “Cuando lo visitamos en la cárcel les digo que él está allí estudiando. Ellos creen que su padre está en una escuela, no en la prisión”.

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One thought on ““Mis hijos creen que su padre está en una escuela, no una prisión”

  • Por mucho que le hayan tratado de inculpar, no es suficiente para justificar esa condena. El gobierno quiere dar un escarmiento y lo están logrando porque miles se van cada mes del país ante la impotencia de cambiar las cosas. Lo jodido es que jueces y militares, que viven muy mal, apoyan al sistema, y cientos de miles se prestan a desfilar el 1ro de mayo. Cuando todo el mundo se quedé en su casa el 1ro de mayo, se cae el sistema, pero la gente no quiere tumbarlo, pueden pero no quieren.

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