Magalys Rodríguez: “La paz de contribuir con alimentos sanos”

“You need to know about agroecology in order to have a resilient farm,” Magalys Rodriguez says.  Photo: Courtesy of the interviewee.

Por IPS-Cuba

HAVANA TIMES – Magalys Rodríguez es productora desde hace una década. Su finca, El Guayacán, está entre las certificadas como agroecológicas en la provincia de Guantánamo.

Ahora transmite su experiencia a otras personas desde su rol de promotora del movimiento campesino a campesino (MaCaC), en ese territorio del oriente cubano.

IPS CUBA: ¿Cuándo y cómo comenzó a interesarse por la agroecología?   

MAGALYS RODÍGUEZ: Mi interés por la agroecología empieza en 1992, cuando  fui a vivir a una comunidad rural enclavada en la reserva ecológica Hatibonico, que está ubicada en el municipio Caimanera, al sur de la provincia de Guantánamo.

Allí trabajaba en tareas administrativas en la delegación del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, que tenía un programa de educación y conservación ambiental. En las clases que daban, hacían mucho énfasis en la conservación del suelo, como un recurso importante para la alimentación.

Luego, en 2011, me entregaron una finca de 2,10 hectáreas y ahí comencé a aplicar  prácticas agroecológicas, como usar los desechos de cosecha para hacer materia orgánica.

Ahora me entregaron otras tierras de 9,03 hectáreas que estamos limpiando. Ya tenemos una parte sembrada con plátano, que se da mejor, pero intercalamos con calabaza, algún melón, y así vamos aprovechando cada espacio.

¿Cómo ha sido su experiencia en el movimiento agroecológico cubano, en especial como mujer dentro de ese proceso?

MR: He tenido muy buenas experiencias desde el punto de vista productivo con la agroecología. Además, a nivel personal, me ha servido para empoderarme como mujer.

Al tener más solvencia económica, soy más independiente. También aprendí a tomar mis propias decisiones y a ocupar un lugar dentro de la cooperativa. Ahí puedo exponer mis criterios, experiencias y ser escuchada. Pude representar a la cooperativa en dos encuentros internacionales de agroecología, en los que aprendí de muchas mujeres de otros lugares del mundo y de Cuba.

Para mí, esta es la única forma de tener una alimentación sana y de calidad, sin el uso de químicos que solo envenenan la salud y el medio ambiente.

Conviertan su finca en un laboratorio, porque para saber si algo funciona hay que experimentar”.

Mi finca está categorizada como agroecológica por el movimiento de campesino a campesino, y soy una de sus promotoras en la provincia Guantánamo. Somos varias  mujeres, aunque no somos mayoría todavía.

Siento que he sido escuchada. El MaCaC sirve para eso, para que una exponga sus experiencias a otros campesinos, porque el lenguaje es diferente. No es lo mismo que venga un profesor universitario y le diga al campesino cómo se siembra, a que lo oiga del propio productor que ya lo hizo en su finca.

Por ejemplo, yo cuando siembro plátano le pongo materia orgánica en el fondo. Prefiero regar de noche porque así cuando lleguen las horas de sol ya la planta absorbió toda la humedad y no se reseca. A un campesino lo escuchan más y se sienten más cómodos.

¿Qué consejos y sugerencias puede brindarles a las personas para que se motiven a iniciar la transición agroecológica en Cuba? 

MR: Mi consejo es que se incorporen al movimiento y sobre todo que conviertan su finca en un laboratorio, porque para saber si algo funciona hay que experimentar.

También resulta más económico. A veces es más trabajoso porque las labores son manuales generalmente, pero da buenos resultados. Te da esa paz de saber que estás comiendo productos sanos, que con tus manos estas contribuyendo a la alimentación de tu familia.

Además, les recomendaría que incorporen a los hijos y los nietos en las labores, para que desde temprano sientan amor por la tierra, por el trabajo que hacen, que es sano y tiene muchas bondades.

En mi finca trabajan mi esposo, mi cuñada, mi hermano, mi yerno… y los nietos cuando vienen. Aunque yo soy la titular, toda la familia participa. Así todos aprenden y aportan. También las ganancias económicas se quedan en familia.

¿Cuáles son los principales obstáculos que identifica para el avance de la agroecología en Cuba?

MR: Creo que el principal obstáculo está en el cambio de mentalidad de algunos dirigentes y funcionarios. Por ejemplo, hoy un producto ecológico no se distingue del resto. En ningún lugar de ventas señalan la diferencia y a veces las personas del pueblo ni siquiera saben qué es un producto ecológico.

Pienso que ahí hay una debilidad, incluso para divulgar la importancia de las producciones agroecológicas y de la alimentación sana.

Además creo que cuando se hacen proyectos e investigaciones en las universidades, esos conocimientos tienen que llegar a las fincas. Ellos intercambian con los productores, pero no es lo mismo explicar desde un aula o un local que enseñar en la práctica.

También en ocasiones, cuando se realizan proyectos que traen insumos en las cooperativas, y la mayoría de los productores son hombres, no se tiene tan presente a la mujer, no se miran sus potencialidades.

Por otra parte, cuando se analizan los resultados a veces se ve a quien más entrega pero no al más eficiente. El más eficiente es quien más da acorde a la cantidad de tierras que tiene y hay que valorar además la calidad de los productos.

¿Cómo se puede impulsar la participación femenina dentro del movimiento agroecológico y en la producción?

MR: Se puede hacer a través de las brigadas FMC- ANAP (alianzas entre la Federación de Mujeres Cubanas y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños), que ya están creadas. Se está trabajando para motivar a las mujeres a participar en el movimiento. Aunque no somos mayoría, cada día se incorporan más.

En mi cooperativa, yo soy la presidenta de la brigada y no solamente vamos a atender la producción sino también los problemas sociales. Eso es importante. Tenemos un círculo de interés de agroecología en la escuela primaria que está cerca de la cooperativa y ahí también socializamos con las mujeres.

Lo que sucede es que el trabajo debe ser más sistemático y no solo realizarse desde la cooperativa. También aportan las universidades, la Asociación de Técnicos Agrícolas y Forestales y la Asociación Cubana de Producción Animal, pero debe ser más seguido.

Las mesas agroecológicas que se hacen cada tres meses, aunque ahora por la covid-19  no se han podido realizar, deben ser más participativas y buscar otras vías para motivar.

*Este trabajo integra la serie Cubanas y agroecología, un esfuerzo conjunto de la oenegé humanitaria Oxfam e IPS Cuba, sobre género y transición agroecológica en el país.

Lea más desde Cuba aquí en Havana Times.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *