Los niños fantasmas de las cárceles de América Latina

Por Zahrah

Rosa está presa junto con su hija en el penal de Santa Martha, Ciudad de México.  Foto: Oswaldo Ramírez / elpais.com

HAVANA TIMES – Las cárceles de Latinoamérica son conocidas por estar superpobladas, por ser lugares peligrosos donde los reclusos son vulnerables a los delitos que ellos mismos cometieron en el exterior.

En los últimos años se ha arrojado luz sobre el problema del encarcelamiento de las mujeres en esta región, ya que es una tendencia que va aumentando con rapidez, y los estudios que se enfocan en los problemas de género hacen énfasis en que la marginación económica, así como las duras políticas nacionales e internacionales con respecto a las drogas, son las principales razones para ello.

Sin embargo, aunque las mujeres pueden haber permanecido “invisibles”, tanto en los sistemas como en las estadísticas penitenciarias de América Latina, los pequeños que nacen y viven con sus madres encarceladas son niños fantasmas, perdidos en el fondo de una celda que nunca fue suyo desde el inicio.

La gran mayoría de las mujeres en las cárceles de América Latina cumplen condena por delitos no violentos relacionados con las drogas, y el 87 por ciento de esas féminas encarceladas son madres. Lo cual significa que cuando una mujer está sentenciada a prisión, puede que no solo esté dejando atrás sus niños mayores -sin afecto y cuidado materno, lo que puede dejar serias cicatrices emocionales y psicosociológicas-, sino que también puede estar dando a luz o criando un bebé/ niño tras las rejas junto con ella.

Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, publicado en el año 2018, aproximadamente el 10 por ciento de las reclusas en la región tienen a sus pequeños viviendo con ellas en centros correccionales. El estudio también reveló que la mayoría de estas mujeres eran madres adolescentes y solteras, lo que demuestra que la Guerra contra las Drogas impulsada por los Estados Unidos, así como las largas condenas en prisión por delitos no violentos relacionados con las drogas, están perjudicando a los más vulnerables de la sociedad. Los hijos de estas mujeres son el daño colateral, y los Gobiernos y los responsables políticos no los ven.

Sin embargo, algunas personas han aprovechado su sexto sentido, incluida Saskia Niño de Rivera, fundadora y directora de Reinserta, una organización mexicana que trabaja para ayudar a garantizar que los infantes que nacen y viven en prisión con sus madres puedan desarrollarse plenamente durante esos primeros años de crecimiento.

Según el sitio web de la organización, algunos de los problemas que podrían dificultar este proceso incluyen que los niños no tengan mucho contacto social con otros niños, ya que tienen que quedarse con sus madres, deben permanecer con sus progenitoras incluso cuando estas reciben visitas conyugales, presencian actos violentos, viven en un ambiente opresivo y tienen que lidiar con el trauma de dejar a sus mamás una vez que cumplen los tres años de vida.

Mientras tanto, las leyes progresistas en países como Brasil establecen que una mujer que está embarazada o tiene hijos, puede ser detenida bajo arresto domiciliario por cometer delitos no violentos, en lugar de cumplir con prisión preventiva. Sin embargo, los jueces son reacios a darles a las mujeres dichas condenas, debido a las actitudes conservadoras vigentes de que las que cometen delitos son “malas madres”.

Human Rights Watch informó que desde que se aprobó esa nueva ley en 2018, menos de un tercio de las mujeres elegibles para el arresto domiciliario habían sido liberadas de la prisión preventiva, y más de 6000 madres todavía estaban tras las rejas. Eso se traduce en que: más de 6000 niños se quedaron sin su cuidador principal, a pesar de que la ley fue aprobada y puesta en vigencia por la Corte Suprema de Brasil para garantizar y proteger el interés superior del niño y el derecho del niño a tener una familia.

Sin embargo, la afirmación de que estas mujeres son “malas madres” ha sido refutada por muchos estudios que señalan que la principal motivación de una mujer para cometer un delito es precisamente mantener económicamente a su familia.

Gretchen Cloutier discute la feminización de la pobreza en toda la región y cómo el trabajar como mulas -un empleo de muy bajo nivel- es una opción en la cual muchas mujeres se ven atrapadas por sus parejas masculinas o miembros de sus familias.

También se refiere al hecho de que muchas féminas desconocen las consecuencias legales de sus acciones y son engañadas para transportar grandes cantidades de producto. Tener una familia es la fuerza impulsora para que las mujeres latinoamericanas cometan dichos delitos, y no un elemento disuasorio como lo es para sus homólogos masculinos.

Pero una cosa queda clara: mientras los Gobiernos y los encargados de dirigir las políticas de los diferentes países latinos continúan insistiendo en establecer penas severas por el tráfico y la posesión de drogas a pequeña escala, por los cuales se acusa a la mayoría de las reclusas, miles de niños se quedan sin su único o principal cuidador, y otros se ven obligados a pasar sus primeros años en el seno de su madre en la celda de una prisión.

Ya ni siquiera se trata solamente de que los sistemas penitenciarios latinoamericanos tengan que defender los derechos humanos básicos de sus internas, sino que también deben ser capaces de garantizar los derechos de los niños. Sin embargo, en una región donde países como México y Colombia carecen, incluso, de instalaciones correccionales que sean exclusivas para mujeres, esto parece un sueño lejos de alcanzar.   

One thought on “Los niños fantasmas de las cárceles de América Latina

  • Es triste el arrastre de dolor y vicisitudes que arrastra un hijo de una reclusa, ya sea que quede fuera en manos de otras personas o que esté en prisión junto a su madre. También es cierto que en gran medida esas madres tienen trastornos sico-conductuales que los hacen padecer. Es un asunto difícil y delicado, no se sabe cómo se queda mejor y se hace más justicia. Muy complejo.

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