Fábricas cubanas de latas, otras víctimas de las reformas

Las Lomas fabricó 184.000 cajas de las 4.500.000 previstas para 2021 y este año se prevé similar situación

Por 14ymedio

HAVANA TIMES – Desde principios de enero, la prensa oficial ha dado cuenta de la falta de latas y envases para refrescos en Los Portales, la principal empresa de la Isla, asociada con Nestlé. La fábrica, que renovó en 2018 su maquinaria tras la inversión suiza, pasó de los 278 millones de unidades ese año a tan solo 86 millones en 2021. Pero no es la única que vive un momento desastroso. Las Lomas fabricó 184.000 cajas de las 4.500.000 previstas para 2021 y este año se prevé similar situación.

Edelvy Valdivia Gonz, director adjunto de la empresa, ha hablado con Cubadebate, que hace apenas dos semanas volvió a repasar los malos datos de Los Portales, ofrecidos en enero, para advertir que 2022 se presenta sin cambios. Este jueves se ocupa de Las Lomas, que produce los refrescos Fiesta y Dely y que, junto con Los Portales y Ember, es una de las tres principales proveedoras de envases en la Isla.

La falta de liquidez y los altos costos para importar latas están entre las causas citadas por el funcionario para justificar la debacle. “El recrudecimiento del bloqueo, la contracción de los mercados, la escasez de aluminio y el incremento de sus precios en el mercado internacional han imposibilitado tener las divisas necesarias para incrementar los niveles de producción que se habían planificado”, indica Valdivia.

Aunque, siguiendo el discurso oficial, pone por delante las sanciones de EE UU y la pandemia, con la desaparición del turismo como consecuencia, el funcionario no se priva de señalar la Tarea Ordenamiento como una de las grandes distorsiones netamente nacional que estrangula la Isla. El proceso provocó “un marcado incremento de los costos, ya que la producción de refresco tiene un alto por ciento de insumos importados y sus precios se multiplicaron por 24”, comenta.

Valdivia Gonz encuentra más motivos internos a los que culpar: la interrupción de los mecanismos de pago con respaldo de liquidez. La medida, que formó parte de una resolución del Ministerio de Economía, estaba destinada a dar garantías del pago a las empresas, pero la falta de solvencia provocó su suspensión.

“Aunque la empresa partió casi de cero, logró empezar a producir y vender un nivel no muy grande de productos en los mejores mercados y cobrar con respaldo de carta de liquidez para comenzar a mantener un ciclo productivo. Pero luego, por falta de liquidez debido a la crisis y la pandemia, se interrumpió”.

Las Lomas produce únicamente refrescos enlatados, cuyo panorama a nivel internacional ya es malo por lo elevado de los precios del aluminio. “Por otro lado, las navieras, debido al bloqueo, se limitan para desembarcar por puertos cubanos, lo que nos obliga a contratar a varias para importar las materias primas. A esto se unen la limitación de adquisición de piezas de repuesto para los mantenimientos programados y las roturas que se han producido”, continúa.

La empresa ha intentado, cuenta el directivo, ampliar su mercado a través de la venta online, que le proporciona las divisas necesarias para seguir comprando materia prima. Además, ha empezado a vender a granel los refrescos carbonatados en pesos cubanos, un producto que, según Valdivia Gonz ha tenido buena aceptación.

Las Lomas está buscando más soluciones, como la adquisición de una línea de llenado de refrescos dispensados o las producciones en otros sistemas, como las bolsitas de nailon.

Sin embargo, el refresco a granel se presta más a las adulteraciones, una manipulación que merma su calidad y provoca muchas veces el rechazo de los consumidores. Almacenados en camiones cisternas o en los llamados termos que también se trasladan sobre vehículos, este tipo de bebida dispensada ha sido tradicionalmente el blanco preferido para el desvío de recursos.

La higiene es otro de los puntos flacos de la venta a granel. Los clientes muchas veces se quejan de la falta de limpieza de los tanques, los manejos sin tener en cuenta las normas higiénicas con los consiguientes problemas gastrointestinales. Esa forma de venta obliga también a que el comprador lleve su envase por lo que funciona en barrios o alrededor de las viviendas pero menos en lugares recreativos donde muchos no llevan un pomo o un vaso propio.

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