Cervezas pocas y caras en Cuba: la culpa no es de los cuentapropistas

por Amaury Valdivia  (El Toque)

Foto: Kyn Torres

HAVANA TIMES – Cuando a finales de junio de 2019 el presidente Miguel Díaz-Canel anunció el inesperado incremento de los salarios al sector presupuestado a partir de Agosto, numerosos especialistas alertaron sobre los peligros que podría implicar una medida así, tomada en medio de la más difícil coyuntura económica que haya atravesado Cuba en lo que va de siglo.

La demanda, reconocieron ministros y alertaron expertos, se incrementará como consecuencia del mayor volumen de efectivo en manos de la población. De acuerdo a sus declaraciones, la fórmula de las autoridades para contener la inflación no pasa por ampliar las ofertas, en primer lugar, sino por un camino jalonado de “controles populares” y llamados a la responsabilidad, para entre todos, “pensar Cuba”.

Como cabía esperar, muy pronto se comienzan a disipar las ensoñaciones y la realidad devuelve al mundo de los precios impagables, las colas y los desabastecimientos.

Aunque, al parecer, para la autora Tay Beatriz Toscano del periódico 5 de Septiembre de Cienfuegos, todavía hay tiempo de contener la subida de precios, sobre todo si se le pone nombre a las ‘causas’ y los ‘culpables’ de nuestras desgracias. Para hacerlo, tomó como botón de muestra un producto tan solicitado como la cerveza. Y ya desde el título de su artículo, Bucanero y Cristal a altos precios en los privados, pero perdidas de las tiendas estatales, tenemos contra quién enfocar la ira provocada por tantas estrecheces: son ‘ellos’, los privados, los culpables de todo.

De bares y cantinas

En la ciudad de Santa Clara es difícil encontrar un establecimiento gastronómico, estatal o privado, donde la cerveza nacional cueste 1 CUC. Solo en las tiendas en pesos convertibles es posible comprarla a ese precio, pero en la mayoría está prohibido consumirlas dentro.

“Antes solía ir con mi novia al bar El Sótano, del hotel Santa Clara Libre, a tomar cerveza Cristal o Bucanero. Cuando aquello las vendían a 1 CUC, pero luego de una restauración que le hicieron al local, subieron 25 centavos a cada una; así, sin más explicaciones”, cuenta Juan Carlos Puentes, ingeniero industrial. “Lo mismo ha pasado en las cafeterías Europa y Park View, y en establecimientos como La Bodeguita del Medio y el Hotel Central, donde los precios pueden llegar hasta los 2 CUC”.

A pocas cuadras, en bares privados, las cervezas nacionales cuestan de 35 a 50 CUP (1.40-2.00 CUC). La barrera de los 30 CUP (1.20 CUC) quedó rota hace meses, por las mismas fechas en que la rebasaban los centros estatales.

Para Orlando García, trabajador por cuenta propia, todo pasa por el desabastecimiento y la estructura de distribución establecida en Cuba. “¿Acaso tenemos un mercado mayorista para la venta a los privados? Ni existe, ni parece que vaya a existir en el futuro cercano”. En cuanto a la cerveza, reconoce que es un “negocio rentable, con márgenes para la ganancia”, pero, se pregunta, “¿por qué no han buscado inversores para ampliar la capacidad de las fábricas?”.

‘Rigo’, también cuentapropista, reclama para hablar un anonimato lógico en sus condiciones: pese al discurso oficial, muchos en el sector se sienten ‘en la mira’; en especial, los establecidos fuera de La Habana, más vulnerables ante los posibles excesos de las administraciones locales.

Confiesa que las cervezas cubanas que vende en su paladar de Las Tunas las adquiere a más de un 1 CUC por unidad. “Tengo un trato con los dependientes de la shopping. Antes, cada caja me salía en 30 CUC pero en las últimas semanas las subieron a 35, aprovechándose de la escasez y de la norma esa que pusieron, del máximo de las dos cajas por persona. Pagar a sobreprecio es la única forma con la que puedo garantizar el suministro. ¡Qué más quisiera yo que tener una tienda del Estado para poder comprarla legalmente!”.

Un debate suscitado sobre el tema en Twitter, motivó al cuentapropista Camilo Condis a poner, número sobre número, los costos de llevar una cerveza fría a la mesa del cliente. Además de los altos impuestos, en la suma deben encontrar cabida gastos como los de los pagos a los trabajadores (cuya tributación se elevó en diciembre) y los servicios de agua y electricidad.

“$1.00 de precio de compra; $0.25 de impuestos; $0.08 de transporte; $0.11 de salarios; $0.10 de gastos variados: total $1.54. Precio de venta: $2.00. Beneficios: $0.46 por cada cerveza”, argumentó en un trino.

Casi nueve años después de la reforma a las legislaciones sobre el trabajo por cuenta propia, el mercado mayorista sigue siendo un reclamo sin respuesta. Como en otros asuntos de igual prioridad para el emergente sector, la posición oficial es no tomar medidas precipitadas.

Cuentas que no dan

Para satisfacer su demanda de cervezas, Cuba depende principalmente de la producción nacional. Pero las importaciones han comenzado a ocupar un lugar creciente en la cobertura de la demanda, ante la baja capacidad de crecimiento de la industria local.

Las compras de cervezas en el extranjero totalizaron en 2017, 27.4 millones de dólares, según datos del Observatorio de Complejidad Económica, adscrito al Instituto de Tecnología de Massachusetts, en los Estados Unidos.

Cuatro plantas cerveceras funcionan en la Isla. Entre ellas, solo la fábrica de Holguín cuenta con la tecnología y las materias primas requeridas para elaborar las marcas Bucanero y Cristal. El resto de la producción es comercializada bajo otros sellos, con una sustancial diferencia respecto a las primeras en cuanto a precio y calidad.

Cualquiera sea el caso, el volumen de entregas ha estado siempre por debajo de la demanda nacional. Las fábricas cubanas producen volúmenes que varían entre los 2.3 millones de hectolitros registrados en 2002 y los 2.6 millones de 2016 (el último año del que se encuentran publicados resúmenes oficiales).

En el mismo período las necesidades del mercado interno se vieron multiplicadas por el crecimiento del turismo y las visitas de cubanos residentes en el exterior. La llamada industria del ocio, por ejemplo, pasó de 1.6 millones de visitantes extranjeros (en 2002) a superar por primera vez la barrera de los cuatro millones, catorce años después (y completar los 4.8 millones, en 2018).

Aunque nada se habla hoy del asunto, tres años atrás, en abril de 2016, el Ministerio de la Industria Alimentaria (Minal) y la empresa mixta Bucanero S.A. compartían la convicción de que era “necesario construir una nueva planta para cubrir estas necesidades de la economía”. Ya en marzo de 2017, el Minal anunciaba su intención de “concretar dos proyectos con participación extranjera para la producción de cervezas y confituras, ubicados en la Zona Especial de Desarrollo Mariel”. La nueva industria de bebidas funcionaría bajo la marca Cristal, anticipó la actual titular de Comercio Interior, Betsy Díaz, quien por entonces se desempeñaba como viceministra.

Pese al tiempo transcurrido, no se ha vuelto a oír hablar del asunto, ni de mejoras sustanciales en la planta fabril existente. Sí se ha apostado, en cambio, por establecer controles y racionamientos a la demanda.

La maravillosa ‘virtud’ de confundir deseos con realidad

A finales de 2018, el Ministerio de Finanzas y Precios planificó que, durante el siguiente año, los ingresos del Estado superarían los 60 mil millones de pesos (tanto en CUP como en CUC). Alcanzar tal cifra implicaría crecer un 4 por ciento con respecto a 2018.

Los ingresos del Estado se derivan de las ventas comerciales y gastronómicas, de producciones como las industriales y agrícolas, y de un largo etcétera de otras actividades que comenzaron 2019 con perspectivas poco promisorias.

Incluso para el producto interno bruto del actual ejercicio fiscal se anticipaba una evolución más discreta que la pretendida en cuanto a las entradas a las arcas públicas (en enero se auguraba un incremento del uno por ciento, que el pobre desempeño del primer cuatrimestre ha obligado a revisar a la baja).

Para abril ya era evidente la insostenibilidad de aquellos cálculos. Mediado el mes, la titular de Finanzas y Precios, Meisi Bolaños, reconocía ante la Asamblea Nacional que el “plan de la economía es tenso y su ejecución está siendo tensa”. La funcionaria achacaba los problemas a los “incumplimiento en la circulación minorista”, y proponía dos posibles soluciones: “aprovechar los inventarios existentes” e “identificar reservas de eficiencia (…) Tenemos que ser más racionales en los gastos”, concluía.

En otras palabras, la alternativa ante la falta de pollo, aceite y otros bienes esenciales estaría en rescatar de los almacenes cuanto artículo de ‘lento movimiento’ se tuviera a mano, intentar vendérselo a la gente, y de paso, recortar presupuestos.

No son casualidad las similitudes —en cuanto al esquema de razonamiento— con el comentario sobre la cerveza publicado por el periódico Cinco de Septiembre. Siguiendo la lógica de ambos, los 7 700 millones de CUP adicionales que se pagarán a la población en lo que resta de año, deberán ser gastados “con responsabilidad”. Al parecer poco importan las leyes del mercado, a pesar de que son estas –precisamente– las que rigen la mayor parte de la actividad comercial en el país.

 “Cuando se adopta una noción estrecha –agitada como slogan político– respecto a que ‘bajo ninguna circunstancia se permitirá la subida estrepitosa de los precios’ lo que viene detrás no puede conducir a un buen camino”, alertó hace pocos días el economista Pedro Monreal, en su blog El Estado como tal. “Para decirlo más claramente, lo que viene detrás es un voluntarismo económico que desconecta el mecanismo de balance entre oferta y demanda (…) Ya el país atravesó ese desierto y si de algo sirve la historia nacional es que le fue muy mal”.

Para el también estudioso de Ciencias Económicas y profesor universitario Ricardo Torres, el asunto es tan simple que puede resumirse en una pregunta: ¿Por qué no producen más las plantas? “Cada vez que señalamos el fenómeno y no sus causas, estamos haciendo más hondo el profundo abismo en el que ya nos encontramos”, tuiteó. “¿No hay cervezas en las tiendas? ¡Produzcamos más! Es poco serio buscar enemigos para legitimarse”.

Tan simple como eso.



Un comentario sobre “Cervezas pocas y caras en Cuba: la culpa no es de los cuentapropistas

  • Es más fácil importar, pues paga “liborio”, aunque implique mayor deuda para la economía nuestra. Si se produjera más no habría que invertir en importaciones que a la larga son perjudiciales. Además, casi toda la cerveza importada no posee la calidad de la cristal y la bucanero, superiores en sabor. Los que tienen un negocio en el séctor privado compran toda la que puedan para luego revenderla en sus establecimientos, por eso se pierde en las tiendas, y ellos siempre tienen para sus clientes. Aparte del tema que no tenemos un mercado mayorista para los dueños de los negocios compren la cantidad que necesiten.

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