Carga de cuidados y desempleo aumentan para cubanas

Aunque no existen cifras recientes, expertas advierten de que la crisis estructural y las crecientes dificultades para el sostenimiento de los hogares en Cuba dificultan a muchas mujeres la posibilidad de encontrar trabajo remunerado.

Por Werner Holt

HAVANA TIMES – Karelia Borrego (45 años, nacida y residente en La Habana) es licenciada en medicina y tiene nivel intermedio de chino mandarín pero está desempleada desde hace 10 años, durante los cuales solo ha tenido acceso a trabajos de corta duración “por la izquierda”.

Su vida se resume en lavar, planchar (la tarea del hogar que más aborrece), cocinar, limpiar, hacer mandados, atender a los hijos (dos adolescentes y uno de tres años) y salir a buscar empleo siempre que puede.

Karelia no es la única mujer cubana que dedica una parte muy importante de su tiempo al trabajo no remunerado (labores en el hogar y de cuidados). La Encuesta Nacional de Género en Cuba realizada en 2016 reveló que las cubanas dedican a las tareas del hogar 14 horas más a la semana que los hombres. Esta división se intensifica en la población no ocupada: las cubanas desempleadas destinan alrededor de 18 horas semanales más a este tipo de trabajo que los hombres en igual situación.

Según Elaine Acosta, socióloga, directora ejecutiva de Cuido60 (Observatorio sobre Envejecimiento, Cuidados y Derechos) e investigadora visitante en el Cuban Research Institute de Florida International University, ese dato está desactualizado. “Se estima que con el paso de la pandemia esta dedicación de horas haya aumentado de manera notable, con aún una mayor carga de trabajo no remunerado para las mujeres”, afirma.

Acosta comenta que la mayor dedicación al trabajo no remunerado y en particular a las labores de cuidados está muy relacionada con la menor participación laboral femenina y con las altas tasas de desempleo entre las mujeres.

El estudio más reciente sobre desarrollo humano en Cuba, publicado en 2019, alerta sobre la brecha de género en el acceso al mercado laboral:

En 2016, la Tasa de Actividad Económica (TAE) masculina era de un 78,2% y la femenina un 50,9%. Es decir, las cubanas estaban notablemente menos representadas dentro de la actividad económica del país. En 2019, la TAE femenina mostró una leve recuperación (53,3%), aunque las diferencias con respecto a los hombres siguieron siendo marcadas. Del total de personas ocupadas, tan solo el 39% eran mujeres.

Además, se sospecha que la brecha ha podido aumentar tras año y medio de pandemia y confinamiento, pues han sido ellas quienes más se han quedado en casa a cargo de hijos/as, personas enfermas, y adultos/as mayores.

Karelia dedica todo el tiempo que puede a salir a buscar empleo. Aunque las escasas ofertas que ha encontrado han sido en el sector informal y de muy corta duración (trabajos de dos días a una semana), sigue buscando empleo “de lo que sea”.

“El coste de salir a buscar empleo es muy alto teniendo en cuenta que las mujeres siguen a cargo de los cuidados para la población infantil y para las personas mayores, que es una población significativamente en aumento en los próximos años, y cada vez es más baja la disponibilidad de los servicios de cuidados”, señala Acosta, quien advierte además de los costes de transporte. “Muchas mujeres han optado por entrar en el mercado de las actividades por cuenta propia, pero este es un sector bastante desprotegido en términos legales”, advierte.

La investigadora feminista Ailynn Torres advierte igualmente, en un artículo reciente, de un posible aumento del desempleo real con más afectación para las mujeres debido al deterioro en general de las políticas sociales y deterioro del salario real, disminución del empleo estatal y crecimiento insuficiente del trabajo por cuenta propia.

El padre de sus hijos tiene un trabajo formal, pero sólo gana 3100 CUP, lo equivalente a unos 30 USD al mes, que apenas alcanza para cubrir la canasta básica. Esto hace que Karelia cargue también con el peso económico del hogar a través de los pequeños empleos que puede conseguir. Según dice, los alimentos cada día son más caros y le cuesta mucho que alcance el dinero.

Acosta dice que el alza significativa en el coste de la vida para las familias cubanas ha sido especialmente dura para las amas de casa. “Es una crisis sistémica en todos los órdenes de la vida, pero que ha afectado en las condiciones de vida de las mujeres, particularmente en los hogares con jefatura femenina, las familias extensas con personas mayores dependientes, etc.”, apunta.

El aumento de las colas y de los tiempos que las mujeres emplean para conseguir los alimentos del hogar y para gestionar la alimentación, así como para encontrar medicinas, se han vuelto más difíciles, según Acosta. “La crisis alimentaria que sufre hoy la sociedad cubana es significativa y se ha equiparado a los tiempos más difíciles del llamado período especial a principios de los 90”, señala.

El entorno cubano ofrece a las mujeres pocas opciones para generar otro tipo de ingresos y vías alternativas de supervivencia, lo que ha contribuido a empeorar la gran crisis migratoria.

Por otra parte, “la deficiencia de las tecnologías de uso en el hogar como la falta de disponibilidad de agua, los cortes sostenidos de electricidad, etc., todo esto dificulta y empeora la gestión cotidiana de la supervivencia para las mujeres” añade la experta.

Este es el caso de Karelia, quien tiene el grifo de la cocina estropeado y debe cargar el agua con un cubo para poder cocinar y fregar.

Más allá del aspecto económico, Acosta advierte que la crisis actual también tiene un coste psicológico para las mujeres cubanas.

Karelia, por ejemplo, comenta que a veces se deprime al ver que no puede darle el sustento necesario a sus hijos, a pesar de estar en plena capacidad y disposición para trabajar. “Siento que la vida se me escurre en un bucle de trabajo en el hogar y cuidados a mi familia”, comenta.

Lea más desde Cuba aquí en Havana Times



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.